En plena planificación de la campaña 2026/27, el negocio agrícola se enfrenta a un escenario ajustado. El impacto del conflicto en Medio Oriente elevó los costos clave de producción y obligó a recalcular toda la ecuación. Con fertilizantes que aumentaron entre 20% y 80% y subas de 10% a 12% en labores y fletes, los costos se reacomodaron y requieren producir más para cubrirlos. Hoy, por ejemplo, el maíz necesita cerca de 90,3 quintales por hectárea en campo alquilado solo para cubrir los costos, mientras que en trigo ese umbral se ubica en 47,8 quintales por hectárea [qq/ha] en la zona núcleo. A la vez, aunque en campo propio todavía hay márgenes positivos —como US$263/ha en trigo o US$614/ha en maíz—, cuando se incorpora el alquiler la situación cambia de manera marcada: el trigo pasa a un resultado de US$-31/ha, mientras que el maíz queda prácticamente en equilibrio, con un margen cercano a cero. En la Argentina el 70% de la agricultura se hace en tierras de terceros.
Este escenario surge de dos trabajos que analizan la campaña desde distintos enfoques: uno elaborado para la Sociedad Rural de Rosario por el ingeniero agrónomo Gustavo Recupero, y otro del INTA, a cargo de Marianela De Emilio, del Centro de Investigación en Economía y Prospectiva (CIEP). En ambos casos, el punto de partida es el mismo: los costos ya reflejan el impacto del contexto internacional.
En esa línea, Recupero explica que el aumento de costos se origina principalmente en los insumos y la energía. “En el caso de los fertilizantes oscilan desde un 20 a un 80% según su composición”, señala. A esto se suma que, “con respecto a los combustibles, se estima un aumento entre el 10 y 12 % en los costos de labores, fletes y cosecha”.
Los costos por hectárea se ubican en US$636 para trigo, US$923 para maíz y US$524 para soja. Dentro de esos valores, los fertilizantes tienen un peso decisivo en el informe de Recupero: representan US$288 por hectárea en trigo, US$343 en maíz y US$72 en soja. En términos relativos, “la incidencia de los mismos sobre los costos totales se ubica entre un 37 y 44%, mientras que en el caso del cultivo de soja es solo del 14%“.
Pero la presión no viene solo por el lado de los insumos. En el mismo esquema, las labores muestran incrementos “entre el 10 y 12% principalmente para siembra y fumigación”, mientras que “el sector del transporte también proporcionó un aumento del 13% a las tarifas en los fletes”.
Con este nuevo escenario de costos, también cambia el rinde que se necesita para no perder plata. En trigo, el costo de indiferencia es de 34 qq/ha en campo propio, pero si se agrega el proporcional del alquiler a los campos arrendados, el costo de indiferencia subiría a 47,8 qq/ha. En maíz, esa misma cuenta pasa de 59 qq/ha a 90,3 qq/ha en campo arrendado.
Ese salto en los rindes de indiferencia se traduce luego en márgenes muy distintos según el esquema productivo. En campo propio, el margen bruto se ubica en US$263/ha en trigo, US$614 en maíz y US$705 en soja. Sin embargo, cuando se incorpora el alquiler, la situación cambia de manera marcada. Mientras el trigo en campo propio tiene un margen bruto US$263/ha, para los campos en arrendamiento dan rojo, con un negativo US$-31/ ha.
Sobre el maíz, el trabajo indica que “se convierte en casi nulo para la situación de arrendamiento”. En el caso de la soja, en tanto, “sostiene un margen bruto positivo en campo arrendado, aunque de solo U$S117/ha con un retorno a la inversión de apenas el 8%“.
En este contexto, el problema ya empieza a condicionar decisiones productivas. Recupero advierte que “esta situación pone en jaque la inminente siembra de trigo y de no cambiar el panorama en los próximos meses condicionará también la siembra de maíz”.
En paralelo, el informe del INTA de Marianela De Emilio hace el mismo análisis con costos actualizados a principios de abril y cruzados con precios futuros a cosecha. En ese esquema, los costos totales se ubican en US$959 por hectárea en trigo y US$1674 en maíz, considerando insumos, labores, cosecha, comercialización y alquiler.
Con rindes proyectados como normales para la zona núcleo —45 qq/ha en trigo y 95 qq/ha en maíz— y precios a cosecha de US$21,75 y US$19,2 por quintal, respectivamente, los márgenes resultantes son positivos pero ajustados: US$20 por hectárea en trigo y US$150 en maíz.
En este contexto, advierte que “la suba de costos reduce los márgenes potenciales, sin embargo, variaciones similares de precios de granos empeoran o mejoran más significativamente los resultados”. Es decir, aunque los números no siempre entran en rojo, quedan muy expuestos a cualquier cambio en el mercado.
Frente a este escenario advierte que “comprar insumos a los precios actuales sin cubrir precios de venta de la próxima cosecha, podría ser una mala decisión ante bajas de precios en el futuro”.
A esto se suma la necesidad el financiamiento. El informe remarca que muchos productores deben encarar la campaña con crédito, en un escenario donde los costos ya están definidos, pero el resultado final sigue dependiendo del rendimiento y de los precios a cosecha.
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