Trabajé en Irán durante un tiempo, precisamente cinco años, llegué a Teherán el día que empezó la primera guerra del Golfo; allí redacté mis primeros informes diplomáticos sobre la política del país y de la región. Obviamente también trabajé extensamente sobre Israel, visité el país y asumí la revisión del posicionamiento sobre las resoluciones respecto a Israel en todo el sistema de las Naciones Unidas. El tema de Irán e Israel siempre será central para la región, los acercamientos y distanciamientos de los dos pueblos ha sido una constante, es imposible trabajar en el ámbito de la formulación de políticas, especialmente centradas en los aspectos teórico/prácticos de la seguridad sin tener en cuenta la evolución de esta relación. “La liberación de los esclavos judíos en Babilonia por el rey persa Ciro el Grande en el año 539 a. C. permitió a los judíos regresar a Jerusalén y apoyó la reconstrucción del Templo." El Mossad y la policía secreta del Sha, la SAVAK, mantuvieron una estrecha relación con intercambio de inteligencia y operaciones regionales conjuntas, especialmente durante la década de 1970.
Si uno buscara los primeros estudios diplomáticos sobre la justicia, tolerancia religiosa y Derechos Humanos sin duda tenemos que referirnos al cilindro de Ciro, documento elaborado precisamente después de la conquista de Babilonia. Y si uno buscara hoy las principales causas de error o fracaso en la implementación de gobernabilidad de una ideología, seguramente la primera referencia sería el fracaso de sus políticas de Derechos Humanos, en ese sentido podemos referir a los récords estalinistas de dictaduras de izquierda o de derecha, desde la propia URSS, o las dictaduras del cono sur en los 70 y 80, o la dictadura venezolana o las crisis de la perenne dictadura cubana.
Debería ser imposible abordar el tema de la seguridad internacional sin abordar el tema de los derechos humanos, cualquier visión política o diplomática debería residir en integrar los mismos en las políticas de seguridad y en la diplomacia. Los sistemas fallidos que hemos mencionado son absolutamente persistentes y recurrentes en sus errores, pero también en permear malas prácticas a otros países, especialmente porque compensan su falta de criterio en la gobernabilidad con una militancia ideológica que pega en el techo de lo absurdo.
“El régimen iraní es un prototipo clásico al respecto”, en su lógica de fracaso en generar riqueza para su pueblo a pesar de la riqueza de recursos, en la agresividad de su ideología y en la falla absoluta de sus políticas de Derechos Humanos, toda su acción política se basa en la irracionalidad del fanatismo y en la incapacidad de comprender la profundidad de los diferentes niveles de las características sociales, económicas, políticas y culturales de su pueblo. “La represión es la constante y el instrumento fundamental para permanecer en el poder.”
Si se creyera que la revolución islámica tuvo un mínimo de honestidad intelectual en un principio podría pensarse en lo paradójico que es que su eslogan inicial fuera “por la victoria de los oprimidos sobre los opresores” pero que luego no pudiera resistir la tentación “conveniente” para sostenerse en el poder de transformarse en sanguinarios opresores.
Las agendas internacionales, sin embargo, abordan esta cuestión desde diversos niveles, siendo uno de los principales la indulgencia con los violadores de Derechos Humanos para evitarse problemas. Esto se ha visto en diversas formas y graduaciones diferentes, desde apoyo directo a la institucionalidad de la dictadura como se ha criticado a la UE (su argumentación de diálogo para reformas, si es que en algún momento se implementó con esa lógica ha fracasado miserablemente) hasta procesos de apaciguamiento que han tenido costos durísimos para los pueblos en materia de Derechos Humanos, alcanza con contar cuántos presos políticos más, cuántos torturados más e incluso cuántos asesinados o muertos en las cárceles de los regímenes dictatoriales para ver objetivamente el fracaso de estas políticas de apaciguamiento. También tenemos que ser serios para dejar claro que varias democracias occidentales prefieren la amistad con regímenes autoritarios, especialmente porque estos regímenes autoritarios tienen mayor avidez de amigos con esas características dadas las condiciones de semi-aislamiento al respecto en las que viven. Y porque los negocios tienen otro sabor que es el de la corrupción.
El liderazgo político de la región tiende a escaparse de la región a la hora de defender los Derechos Humanos, les resulta más fácil (y más cómodo) referirse a la situación de Derechos Humanos en Gaza que, en Cuba o Venezuela, cuando las responsabilidades regionales son mucho más marcadas y mucho más necesarias, especialmente si se habla de los Derechos Humanos de una situación a miles de kilómetros y no respecto a una que ocurre al lado. Mi autoridad ética para hablar de Irán o de Gaza proviene de que no me he escondido cuando las crisis de la región.
“Una de las formas más grotescas de escapismo es obviar los temas dictatoriales de la región para hablar de Epstein, probablemente una de las personas más desagradables e influyentes que ha dado el hemisferio” pero que, no obstante, no alcanza para obviar las ejecuciones extrajudiciales cubanas, venezolanas o nicaragüenses. El problema de la credibilidad de un liderazgo regional implica asumir los problemas de la región, cuando se evitan los mismos y se pretende asumir los de otras regiones, la pérdida de credibilidad es tan importante como el escapismo en el que se cae. ‘Es resolviendo los problemas propios que se adquiere credibilidad, es resolviendo los problemas en la comunidad de estados a la que se pertenece que se crea credibilidad, pero evitando esos problemas simplemente queda en evidencia la propia incapacidad y la propia debilidad.’
Por ejemplo, la presencia de violaciones de Derechos Humanos en una frontera latinoamericana debería llevar a una acción diplomática contundente que constituye, por su propia naturaleza, un acto de defensa de un pueblo vecino, pero además simplemente en virtud del hecho de que se trata de proteger a la gente en el propio país. No obstante, ¿cómo podría una sociedad —o un grupo de personas— percibir la diplomacia —o incluso la ausencia de esta— como un acto de injerencia si se trata de la protección de DDHH?
Las obligaciones de seguridad de los Estados en la región pueden conceptualizarse de las siguientes maneras, a través del análisis político más tradicional que constituye mantener la casa en orden, y en ese contexto es imposible concebir que un país donde ocurren crímenes de lesa humanidad y violaciones sistemáticas de Derechos Humanos, donde ocurre terrorismo de Estado sea un país con la casa en orden, que un país donde ocurre una alteración del orden constitucional sea un país que tiene la casa en orden. “La seguridad para un país tiene que ver con los Derechos Humanos, con el crimen organizado, con enfrentarse a las organizaciones terroristas internacionales, con evitar programas nucleares que pueden afectar la seguridad global.”
Y luego está la dimensión política de la cuestión respecto a qué proceso pone en marcha el recurso para lograr un cambio de régimen. Esto tiene un principio, las violaciones de Derechos Humanos requieren que a quien habla, se le debe escuchar, no debe intentarse silenciarlo como se hace frecuentemente o atacarlo como se hace más frecuentemente todavía. Cuando se trata de enfrentar las violaciones de DDHH debemos decir que quien escucha es importante y la manera en que se desarrolla su defensa resulta sumamente relevante. Hay Estados que no tienen capacidad de acción y es inútil intentar inducirlas, hay otros que están determinados por la cobardía y es inútil confrontar esa cobardía que es más fuerte y potente que cualquier presión que puede ejercerse sobre ellos.
“El fin de la guerra de Irán con Israel se erigiría como el ejemplo más contundente de un éxito, pero eso no puede ser tan fácil", lo que ocurrió el 7 de octubre de 2023 demostró las vulnerabilidades de defensa y de seguridad de Israel. La lucha por su seguridad requiere que Irán pueda ser quizás gobernado por un mismo régimen, pero bajo otros parámetros de amistad regionales, tanto para Israel como para los demás países del Golfo. A mi juicio, este patrón define qué constituye un problema de seguridad y qué no. En otros niveles, esto implica sustraer ciertos asuntos del ámbito de la política ordinaria y conferirles una prioridad absoluta; es, en esencia, declarar que debemos actuar, pues si no hacemos nada para proteger aquello que tanto valoramos, corre el riesgo de desaparecer o de verse gravemente comprometido.
Este es, en mi opinión, el dilema principal de Israel que no puede colocarse en posición de correr riesgos o de desaparecer o de ser atacado de alguna manera grave; esto es, para mí, lo que diferencia a la diplomacia y a la política de seguridad de la política convencional, pues la seguridad de Israel depende de la incapacidad operativa de Hamas, Hutíes, Hezbollah y determinadas milicias chías regionales. La persistencia de los problemas no es sostenible y no es aceptable, alcanza con ver la situación de décadas entre Armenia y Azerbaiyán, cuando Armenia tuvo predominancia militar no resolvió definitivamente el conflicto, algo que sí hizo Azerbaiyán cuando logró revertir en su favor la superioridad militar: arrasó con todo, incluidos los mecanismos que había inventado la comunidad internacional. Israel tiene claro que su suerte será mucho peor que la de Armenia, si Hamas hubiera tenido el poder militar hubiera hecho en todo Israel lo que hizo en esos kilómetros que atacó el 7 de octubre.
El cambio de régimen ha sido equiparado a una guerra. Desde la perspectiva política —y a ojos de la mayoría de la gente (no de todos, pero sí de la mayoría de los occidentales)— el cambio de régimen puede constituir una dinámica de conflicto genuina y, con toda probabilidad, realmente puede ser que lo sea. Sin embargo, todo ello se desvanece a la hora de asumir los problemas que ello crea, y en la realidad vemos cómo Estados Unidos que ha ganado militarmente todas las guerras desde la Segunda Guerra Mundial, como bien señala Victor Davis Hanson, las perdió políticamente, salvo quizás la primera guerra del Golfo, simplemente porque no intentó cambio de régimen. Trump definitivamente no quiere perder políticamente las guerras que gana militarmente y, definitivamente, no tiene intención de asumir los problemas que adolecen los países que ameritan un cambio de régimen dadas sus crisis de Derechos Humanos, Humanitarias, económicas y sociales.
En Iraq, en Afganistán, al cabo de pocos años, todos los propósitos se esfumaron ante las incapacidades nacionales para asumir y resolver problemas. Asimismo, ocurrió en Vietnam por querer sostener un régimen insostenible. Se trata, por consiguiente, de un ejemplo sumamente interesante de lo que se denominaría un proceso de seguridad que se vuelve inalcanzable por incapacidades nacionales endógenas. Para la doctrina Donroe no tiene sentido asumir el mismo ni asumir cambios de régimen.
El método de la Doctrina Donroe es la creación de proceso en el que algo que se presenta como una guerra es posteriormente anulado, dado por concluido y aceptado como algo que ha dejado de ser una guerra. La política implica, naturalmente, presentar que mucho ha cambiado desde el fin de ese conflicto o de las acciones en marco de ese conflicto, pero esencialmente el cambio que se busca es solamente el de la lógica de la relación con los Estados Unidos.
El mismo régimen que era antagonista con los EUA pasa a negociar y a acercar posicionamientos económicos, comerciales, productivos e incluso políticos con los EUA. Si logra ese objetivo en Irán a la vez que la destrucción de la capacidad iraní de lograr armamento nuclear, habrá dado un paso fundamental de incorporar en el marco de acción americana en el Medio Oriente un asociado impensable. EUA sigue buscando en Irán su Delcy Rodríguez. No va a ser tan fácil. Ni tan confiable, o si quieren, aun menos confiable.
El régimen iraní está en pleno desarrollo de sus juegos, así como jugaron en su momento con el Presidente Obama y luego con la OIEA, se tienen confianza suficiente después de haber ganado diplomáticamente esos partidos en enredar suficientemente el juego y en ese proceso enredar también a la administración Trump. La historia muestra que Irán ha perdido muchas guerras, prácticamente todas, ya sea con Alejandro Magno, con los mogoles, los árabes los ocuparon 800 años, los afganos 14 años, los portugueses y los británicos y los rusos ocuparon parte del territorio durante mucho tiempo, Irak, mucho más pequeño y con menos población, también prevaleció militarmente. Es uno de los países que ha estado más tiempo ocupado en la historia. Es decir, militarmente se pueden comer una paliza como la de ahora, pero eso no quiere decir que este régimen no tenga a su disposición artilugios para ganar tiempo, para asegurar su supervivencia y para seguir adelante con su agenda que mantiene su vigencia y mantiene su peligro, para los Derechos Humanos internamente y para la estabilidad regional externamente.
La planificación de objetivos políticos en Occidente siempre concluyó por unanimidad que Irán era un objetivo estratégico evidente, respaldado por una justificación contundente ya que todos coincidieron en la necesidad de destruir el programa nuclear iraní en función de sus permanentes violaciones a los procesos acordados y, porque con bastante sano criterio, nadie quería que Irán tuviera algún día las capacidades para lanzar su primera bomba atómica, especialmente por esos antecedentes que tiene de volar embajadas, hospitales y todo tipo de instalaciones. Trump captó este mensaje y actuó, así, los bombardeos a instalaciones militares de los fanáticos y en lugares llamados Khamenei, lo cual fue descabezando permanentemente al régimen. Fue un error de Khameneí pensar que podía continuar con sus juegos por un rato antes que verdaderamente su seguridad estuviera en peligro. Pero bastó que Trump actuara para que el consenso existente sobre el peligro iraní desapareciera completamente.
En un mundo en desorden el Presidente Trump entiende que la ventaja la tiene quien tiene la iniciativa. Por eso, todo el juego político en este momento consiste en frenar las iniciativas de Trump, cueste lo que cueste. La política interna norteamericana es un campo fértil al respecto y los iraníes ya tienen experiencia en su utilización, basta recordar cómo la liberación de los rehenes de la Embajada americana en Teherán se hizo puntualmente, inmediatamente después de terminado el proceso electoral estadounidense, obviamente, si lo hubieran hecho antes, hubiera significado seguramente la reelección del Presidente Jimmy Carter. A este respecto, en el caso Irán impera un alto grado de incertidumbre y muchas cuestiones siguen siendo complejas, especialmente porque Irán quiere que sea así, es su manera de jugar a la diplomacia, enredándola lo más posible y que eso haga viable que determinados políticos con determinada seriedad puedan salir en defensa de un régimen autocrático, violador sistemático de los Derechos Humanos, patrocinador del terrorismo y con un programa nuclear belicista.
Es claro que si la presión de la agenda militar desaparece estimo que es prudente sospechar que los acuerdos que eventualmente se alcancen también desaparecen. Irán sabe que tiene que lograr llegar a ese momento, tiene cómo hacerlo porque, como señalaba en una columna anterior, su estructura política basada en una convicción fanática con capacidad de uso ilimitado de la violencia interna lo hace difícil de erradicar.
La administración Trump parece decirles a los iraníes que "lo único que queremos de ustedes es que sean razonables, incluso si para ello tenemos que recurrir a las amenazas más irracionales“. No hay un interés en cambio de régimen y el régimen iraní solo quiere sobrevivir; por lo tanto, estaría en buenas manos si no fuera por Netanyahu que los conoce lo suficiente como para no confiar mínimamente en ellos. Israel tiene derecho a sospechar, su seguridad nacional se juega mucho y no tiene margen de error. Por eso, ni bien comenzó el cese del fuego atacó a Hezbollah, porque si todos los proxis terroristas de Irán continúan operativos esto quiere decir que las amenazas a su seguridad continúan operativas.
Es que resulta muy difícil confiar en ellos por el solo hecho de alcanzar cualquier tipo de acuerdo (esto ya ocurrió en el pasado); y si alguien cree que dejarán su agenda por esa razón se está engañando groseramente.
En cualquier dinámica de conflicto los sentimientos y los pensamientos tienen que estar principalmente con la gente, con aquellos que no pueden volver a casa, ya sea porque son asesinados por un régimen autocrático en las calles o porque caen víctimas de una guerra. Ojalá siempre fuera posible para los oprimidos sacarse el yugo de los opresores.
La vida es injusta especialmente para quienes no pueden volver a casa. Y para quienes viven oprimidos.