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La empresa estadounidense Nano Nuclear Energy le presentó a la estatal Dioxitek una propuesta para desarrollar en conjunto una planta de producción de un compuesto para enriquecer uranio utilizando la infraestructura existente de la firma argentina en Formosa. El proyecto podría implicar una inversión cercana a los US$ 230 millones.
El proyecto, informado ante la Comisión de Valores de Estados Unidos, marca un paso más en un proceso que había comenzado en agosto pasado, cuando ambas empresas firmaron un memorando de entendimiento para evaluar capacidades técnicas y oportunidades de negocio en el ciclo del combustible nuclear. La planta produciría hexafluoruro de uranio, insumo clave para el enriquecimiento y uso posterior en reactores nucleares.
Dioxitek es la empresa estatal encargada de producir dióxido de uranio, el combustible que utilizan las centrales nucleares argentinas como Atucha I, Atucha II y Embalse.
En cuanto a Nano Energy, se trata de una empresa fundada en 2021 y enfocada en el desarrollo de microreactores y distintas etapas del ciclo del combustible, con base en Estados Unidos y acciones que cotizan en Nasdaq.
Fue creada por el empresario Jay Jiang Yu, quien es su principal accionista, y en los últimos meses sumó a su estructura de asesores a figuras de peso en Washington, como el ex secretario de Energía de Donald Trump, Rick Perry. Según la compañía, ese consejo aporta experiencia y contactos en el desarrollo del negocio, aunque no implica participación accionaria ni control operativo por parte del ex funcionario.
El esquema en análisis prevé que Dioxitek mantenga la propiedad de la planta y los activos, pero ceda su uso a una nueva sociedad mediante un esquema de usufructo. Nano aportaría el capital para terminar las obras y participar en la operación, con la mira puesta tanto en el abastecimiento local como en la exportación.
La planta de Formosa fue concebida para ampliar la capacidad de Dioxitek, aunque el proyecto quedó inconcluso durante años. La nueva propuesta no solo apunta a terminar la planta, sino también a agregar una segunda etapa: la conversión de dióxido de uranio en hexafluoruro de uranio, un producto con demanda internacional sostenida.
Desde el Gobierno destacan que la iniciativa permitiría cubrir la demanda doméstica -estimada en unas 210 toneladas anuales- y, al mismo tiempo, abrir una nueva línea exportadora en un mercado estratégico.
El secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Nápoli, enmarcó el proyecto como parte de una redefinición del plan original. Señaló que la planta era “otro de los grandes elefantes blancos” y que había quedado inconclusa “con un 60% de avance y ahogada en deudas”. Su diseño había comenzado en 2006 y su construcción, en 2014.
Según explicó, durante su gestión en Dioxitek se trabajó en reconvertir el proyecto para sumar la producción de hexacloruro de uranio, “insumo crítico en la cadena de valor del combustible nuclear”.
“La presentación de una iniciativa privada para capitalizar este proyecto es una excelente señal de que tomamos el rumbo correcto”, sostuvo.
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