En su programa por Radio Perfil y NetTV, Marcelo Longobardi analizó los últimos dichos del ministro de Economía, Luis Caputo. Puso énfasis en los comentarios del fuincionario sobre la inconveniencia de un devaluación.
Me quiero referir a lo dicho días atrás por el ministro de Economía, Luis Caputo, luego de un episodio de insultos, descalificación general y de haber perdido la compostura, algo que no es lo más apropiado para un ministro de Economía de un país con problemas económicos. Pero bueno, es el método...
Caputo dijo ayer que su plan tiene tres ejes para bajar el costo argentino: la baja de impuestos, la desregulación y la mejora de la logística y la competitividad. Es completamente razonable lo que plantea. Argentina tiene que moderar su nivel de gasto público, tiene que bajar la inflación; en eso estamos todos de acuerdo. Pero en un momento agregó: “...y descarto una devaluación”.
Lo cual es una postura atendible. Este gobierno decide no devaluar. Pero, en general, lo que ocurre cuando hay una devaluación es que no la deciden los gobiernos, la resuelven los mercados. Entonces, el ministro está planteando una política que no depende exclusivamente de él.
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En beneficio del debate, pongámoslo así: Argentina no debería devaluar. Hemos devaluado 500 mil veces y eso no ha funcionado. No hay tal atraso del tipo de cambio, algunos sostienen. La idea es mejorar el costo argentino, abrir la economía. En ese sentido, Caputo tiene razón: Argentina no va a devaluar, no lo va a hacer, y va a enfocarse en mejorar la competitividad, no a través de una devaluación, sino mediante herramientas poco utilizadas, como la baja de impuestos, la mejora de la logística y la apertura de la economía.
Por lo general, los gobiernos se ven forzados a devaluar como consecuencia de la presión de los mercados.
Yo conozco un solo Banco Central en el mundo que haya ganado una corrida, con la excepción del caso del presidente Trump y Scott Bessent, que le mandaron a Milei un “cheque” por 20 mil millones de dólares y ahí se calmó la situación.
Pero Trump va camino a un cadalso. El destino de la Argentina atado al método Trump es como atarte al mástil, como Ulises, y que sea lo que Dios quiera.
Acá hay un malentendido. Yo creo lo mismo, que no hay que devaluar. Todos dicen que no hay que devaluar, pero si la inflación sube al 9% y el dólar baja al 5%, explíquenmelo. Si me lo explicás yo te lo tomo. En Argentina nadie se lo preguntó, porque los reportajes son bastante flojitos. ¿Y eso cómo se llama? ¿Atraso cambiario o cómo demonios se llama eso?
Yo creo que en rigor de verdad lo que ocurre con las devaluaciones, y lamentabelemente ocurre con las devaluaciones, es quienes las resuelven no son los ministros de Economía ni los bancos centrales, sino los mercados.