El precio del petróleo perforó los US$100 por barril este martes y marcó un giro brusco en los mercados, luego de una jornada de extrema volatilidad atravesada por la guerra en Medio Oriente. La caída se produjo tras el anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de suspender por dos semanas los bombardeos sobre Irán.
Según reportó Bloomberg, los futuros del crudo se desplomaron hasta la zona de los US$91, después de haber operado durante el día en niveles superiores a los US$110. La decisión de Washington, mediada por gestiones de Pakistán, quedó condicionada a que Irán garantice la apertura completa, inmediata y segura del estrecho de Ormuz.
“Basándome en las conversaciones (...) acepto suspender los bombardeos y ataques contra Irán durante un periodo de dos semanas”, escribió Trump en redes sociales.
El precio del petróleo Brent volvió a subir con fuerza durante la madrugada y superó este martes los US$111 por barril, impulsado por la escalada del conflicto en Medio Oriente y el riesgo creciente sobre el estrecho de Ormuz, el punto más sensible del tráfico energético global.
Sin embargo, al final de la rueda revirtió la tendencia, ante la expectativa de que Donald Trump extienda la cuenta regresiva que le había puesto a Irán para reabrir el paso marítimo. Así, el Brent bajó a US$103,63 el barril, mientras que el crudo estadounidense WTI superó los US$110.
“Una civilización entera morirá esta noche”, había advertido el presidente norteamericano durante la mañana, a través de un fuerte posteo en sus redes sociales. El dato clave es estructural: por el estrecho de Ormuz circula cerca del 20% del suministro mundial de petróleo. Cuando ese canal se bloquea, el impacto es inmediato y global.
El mercado dejó de moverse por expectativas y empezó a reaccionar a hechos concretos. El estrecho fue cerrado de facto tras los ataques de Estados Unidos e Israel a fines de febrero, y Teherán rechazó una propuesta de alto el fuego, endureciendo su postura.La amenaza de Washington es directa: si Irán no reabre el paso antes del plazo fijado, podría enfrentar ataques sobre infraestructura clave, como puentes y centrales eléctricas.
En ese contexto, el petróleo se transformó en un activo de riesgo puro. Los operadores ya descuentan un escenario donde los daños no se limitan al corto plazo. “El riesgo en el campo de batalla ya no es teórico”, señalaron analistas citados por Reuters.
El problema no es solo la guerra, sino dónde ocurre. El estrecho de Ormuz funciona como un verdadero cuello de botella del petróleo mundial.
Incluso si el conflicto se desactiva, el mercado teme que los daños en infraestructura energética dejen fuera de circulación millones de barriles durante meses.
La tensión se amplifica con otros frentes. Rusia denunció ataques con drones a una terminal clave en el mar Negro, que maneja cerca del 1,5% del suministro global.
Al mismo tiempo, la OPEP+ anunció un aumento de producción para mayo, pero el mercado lo relativiza: no alcanza con producir más si el petróleo no puede transportarse.
El resultado es un desacople clásico en contextos de crisis: la oferta teórica sube, pero la real cae.
Hoy el petróleo no está en un equilibrio económico, sino en un equilibrio geopolítico. El precio refleja más el miedo que los fundamentos.
Pero hay un matiz clave: incluso con paz, los daños ya hechos podrían sostener precios elevados.
Para la Argentina, el nuevo escenario abre una ventana y un problema al mismo tiempo. Por un lado, mejora la rentabilidad de Vaca Muerta y potencia el ingreso de dólares por exportaciones energéticas.
El petróleo, una vez más, dejó de ser solo un commoditie. Volvió a ser un factor de poder global. Y cuando eso pasa, el precio deja de responder a la lógica económica tradicional y pasa a depender de algo mucho más difícil de prever: la guerra.
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