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En el Informe de Distribución del Ingreso que el INDEC difundió este lunes hay un dato llamativo. Si bien los asalariados informales percibieron un ingreso en promedio que fue la mitad de los formales, en el último año los asalariados “en negro” tuvieron una recuperación mayor de su sueldo que los registrados. Y ambos mejoraron por encima de la inflación y de la evolución de la canasta de pobreza. Mayor sería la recuperación de los informales respecto de fines de 2023.
Así, el ingreso medio de los asalariados informales aumentó en el último año un 56,7%, mientras el de los formales un 42,7% versus una inflación del 31%.
A partir de estas cifras, que se suman al avance de las ayudas sociales entre los sectores de menores recursos (como consignó Clarín), los informes del INDEC marcan una caída de la indigencia y de la pobreza, una mejora en la distribución del ingreso entre las personas y hogares con asalariados ocupados y un avance salarial real sorprendente de los asalariados “en negro”.
Este avance también figura en el Índice de Salarios del INDEC, en el que los incrementos de los asalariados no registrados tienen un rezago de hasta 5 meses, lo que provoca que, cuando la inflación se desacelera, el sector aparece con índices muy superiores al resto de las modalidades de trabajo.
Sin embargo, de los registros oficiales, los salarios formales, en el cuarto trimestre de 2025, según el Índice formal de Salarios, subieron un 30% interanual, varios puntos porcentuales por debajo de la suba del ingreso asalariado formal captado en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH, donde se pregunta a la gente sobre sus ingresos (+43% interanual), señala la Consultora Equilibra.
“La notable diferencia registrada entre el crecimiento de la economía (2,1% interanual) y los ingresos laborales reales relevados por la EPH en el cuarto trimestre de 2025, indica que esta última está captando una mejora de los ingresos que no se condice con la realidad”, señala Equilibra. Y agrega: “Hay evidencia empírica contundente de que los fuertes cambios en la captación de ingresos de la EPH exageraron la baja reciente de la pobreza”.
El economista Lorenzo Sigaut Graviña destaca que “las cifras de la evolución de los ingresos de la EPH del cuarto trimestre de 2025 del INDEC chocan con la creciente preocupación de las familias por llegar a fin de mes que detectan la mayoría de las encuestas de opinión. Así, en el cuarto trimestre de 2025 el ingreso real no asalariado habría trepado 29% interanual, el informal 19% interanual y el formal, 9%. Pero fuentes de información del universo registrado contradicen la evolución de los ingresos captados en la EPH. La divergencia respondería a que las encuestas de ingresos como la EPH no son precisas a la hora de captar Ingresos -pues dependen de la fidelidad con que conteste el encuestado- aunque es uno de los pocos métodos para tratar de captar lo que sucede con los trabajadores en negro y cuentapropistas”.
En la misma línea, Leopoldo Tornarolli, magister en Economía de la Universidad Nacional de La Plata, dice que “la brecha (ingresos EPH/ingresos registros administrativos) bajó desde mediados de 2024. Y esa brecha es un indicador posible de subreporte: venía creciendo la brecha en el tiempo, pero cambió la tendencia en los últimos semestres. O la EPH capta ahora mejor los ingresos reales, o las fuentes administrativas ahora son más imprecisas”.
Por su parte, la Consultora LCG explica que “la línea de pobreza, definida por la canasta básica total, utiliza los ponderadores de gasto de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2004/05, y por tanto no refleja cambios en los patrones de consumo (con mayor participación de servicios que de bienes, particularmente alimentos) ni en los precios relativos de los últimos años. Esta falta de actualización genera una subestimación de la línea de pobreza, efecto que estuvo en discusión desde la no actualización del índice de inflación minorista en febrero”.
En tanto, Agustín Salvia, del Observatorio de la UCA, plantea que el INDEC mejoró la medición de ingresos de los hogares, lo que incide en los resultados. “Al medir mejor cuánto ingresa y compararlo contra una canasta desactualizada, da caídas de la pobreza y mejoras en la distribución del ingreso que parecen extraordinarias”.
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