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La salud en la era de la peripandemia

hace 17 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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La salud en la era de la peripandemia

Cuando se conmemora un Día Mundial de la Salud como este 7 de abril, no pueden dejarse de lado los increíbles adelantos que se suscitan actualmente con la biotecnología, la bioinformática y, por supuesto, la inteligencia artificial. Pero también debe tenerse presente que esta revolución tecnológica genera retos impostergables, especialmente bioéticos, regulatorios y de accesibilidad para la población.

Tampoco puede olvidarse lo que debería denominarse “peripandemia”, ese largo período que rodea, precede y continúa más allá del evento pandémico central, que dejó huellas que todavía moldean nuestra práctica cotidiana.

No hablamos ya de la emergencia sanitaria estricta, sino de sus efectos culturales, profesionales y humanos: cambios en los modos de educar, trabajar, en la relación médico-paciente, en las instituciones, en la percepción del riesgo y en las expectativas sociales sobre nuestra labor.

La pandemia modificó la medicina, cambió la organización del trabajo, los hábitos clínicos, los vínculos dentro de los equipos y la manera en que los pacientes se relacionan con los sistemas de atención.

Cambió también la salud mental de los profesionales y de los pacientes: no como consecuencia de un único evento crítico, sino por una exposición prolongada a exigencias extraordinarias, a la incertidumbre diagnóstica; y a una sobrecarga emocional y administrativa sin precedentes.

Este escenario nos obligó a revisar prioridades, modos de enseñanza, dinámicas hospitalarias y modelos de acompañamiento. La peripandemia hace visibles tensiones estructurales del sistema, pero también muestra la capacidad de adaptación, la creatividad y la entrega de los profesionales de la salud.

Más allá de este contexto cambiante, la identidad del profesional de la salud se sostiene en cuatro pilares básicos que se vuelven aún más relevantes en la peripandemia: formarse siempre, dialogar, disfrutar y ser buena persona. Estos pilares no son accesorios: constituyen el núcleo desde el cual las ciencias médicas recuperan su sentido cultural y ético.

La pandemia sumando a la hiperconexión del siglo XXI, multiplicó la tecnología. No solo transformó el trabajo y la educación: modificó la percepción del tiempo, la relación con la corporalidad y la idea misma de proximidad social.

En este contexto, la Inteligencia Artificial presentó una aceleración inesperada. La pandemia actuó como catalizador. De pronto, la IA pasó de ser promesa a herramienta impensada.

En este período post-crítico, la Inteligencia Artificial, la bioinformática y la biotecnología irrumpieron con fuerza en el diagnóstico y la gestión sanitaria; pero también aumentando fuertemente los gastos de salud, especialmente por tratamientos complejos. Esta revolución tecnológica amplía capacidades y ofrece nuevas herramientas, pero su valor depende del criterio contextual y de equidad con el que se la utilice.

La tecnología no reemplaza la presencia, la empatía ni la comprensión narrativa de la historia del paciente. Ningún algoritmo puede hacer lo que hace un profesional de la salud cuando mira a los ojos, escucha una duda o sostiene una decisión que cambia una vida.

La regulación de la IA y la biotecnología es imprescindible, pero difícil de implementar en un mundo tan anárquico y desigual. Como sociedad, debemos preguntarnos cómo queremos convivir con esta inteligencia emergente. La capacidad de adaptarnos, pero además de regular estas tecnologías, definirá nuestro futuro como humanidad.

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