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¿De qué nos sirve la pasión de Cristo?

hace 6 horas en lanacion.com.ar por Rafael Velasco

“¿De qué puede servirme que aquel hombre haya sufrido, si yo sufro ahora?” Así culmina Borges su poema titulado Cristo en la cruz. La pregunta atraviesa toda la historia y en este tiempo especial para los cristianos, llamado Semana Santa, más aún.

Los creyentes afirmamos que Cristo sufrió y murió por nuestra salvación; y sin embargo el mar de dolor y sufrimiento en el mundo no cesa, y en estos tiempos parece crecer. No solamente en el mundo, sino también en nuestra realidad cercana. Es más, no hace falta esforzarse mucho en representar el viacrucis dado que los personajes del drama siguen repitiéndose sin cesar. “Es la vida misma”, me dijo con asombro Javier, un muchacho del Hogar de Cristo que leía por primera vez la Biblia.

Hoy Cristo sigue padeciendo: está representado en los sufrientes, los que son rechazados, descartados, los que son invisibilizados en sus personas e identidades: niños abandonados, adolescentes dejados a la buena de Dios, adictos, personas rotas, jubilados empobrecidos …y también tantas personas buenas que sufren por ser buenos, que tratan de hacer el bien y son dejados de lado, y a veces ridiculizados… Ahí continua Cristo padeciendo.

También están los Pilatos, los que desde el poder se lavan las manos y dejan que cristo padezca sin hacerse cargo, son los que podrían cambiar el rumbo de los acontecimientos si tuvieran coraje y convicción, pero dejan que el río de las circunstancias, aplasten al débil, al cristo necesitado.

También hay hoy sumos sacerdotes y sanedrines: los religiosos que en vez de preocuparse por el cristo pobre se preocupan del cristo cultual, del cristo moral, y legal; los religiosos que miran el derecho canónico antes que el rostro del que sufre, los que adhieren a la ley antes que a la compasión. Los que condenan al cristo sufriente porque no viene a misa.

Están los Judas, los que traicionan cuando las cosas no son como ellos quieren, los que traicionan sus convicciones, los que venden su voto y su preferencia por unas monedas…

Están los Pedros que por debilidad callan, (callamos) cuando hay que hablar, los que decimos “sí, es un tema complicado”, para no discutir, y no dar la cara por el cristo sufriente porque sabemos que nos va a traer problemas…

Hay multitudes maleables que un día aclaman y el otro crucifican, que un domingo de ramos vitorean, pero cuando el humor mediático cambia, piden mano dura y cancelan…

Hay también quienes acompañan: cireneos que ayudan a los crucificados a cargar sus pesadas cruces, lo que pasan tiempo junto a la cama del enfermo, los que buscan acompañar a los rotos y sufrientes, las que acompañan a las madres en dificultad, las que se acercan a las personas que sufren calladamente.

Existen también Verónicas, como ese personaje que aparece en la sexta estación del vía crucis que enjugó el rostro de Jesús para aliviarle, aunque sea momentáneamente, su dolor. No fundan una ong, no cambian las estructuras injustas, pero al menos hacen un gesto de ternura en los corrales del rencor. Son las que dan de comer al hambriento, es un plato de comida, no soluciona la vida, pero es algo, un gesto de ternura, es la que trata bien al “trapito”, o trata por su nombre al que pide comida por las calles…

Están también quienes –como Juan y María- están al pie de la cruz de los cristos: no pueden cambiar nada, pero acompañan. Están ahí, silenciosos y amorosos… Quien ha sufrido sabe que no es lo mismo pasarlo solo que con una presencia amiga.

Y el humano –como señala Borges- sigue sufriendo, ayer y hoy. San Pablo dice en una de sus cartas “Completo lo que aún falta a la pasión de Cristo”, es decir que el sufrimiento de tantos y tantas es el sufrimiento de Cristo que aún padece en la humanidad doliente, Y es un dolor salvador si nos saca del egoísmo y nos sitúa en la senda del amor. Lo que marca la diferencia de un sufrimiento estéril de uno redentor, es el amor con el que se lo vive. No en vano San Juan dice que el que ama conoce a Dios porque Dios es amor. Será santa esta semana para creyentes o no creyentes, si amamos. El amor hace la diferencia. Siempre.

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