El 2 de abril será siempre una fecha que los argentinos recordaremos con profundo pesar, porque en nuestros corazones estará siempre presente la gesta de Malvinas y de los héroes que dieron su vida y aquellos que combatieron en una guerra injusta e inútil. Imagínense o sientan lo que puede ser para quien escribe esta nota que tuvo un hermano, el único, que se fue un 5 de abril y volvió un 20 de junio. No saben lo que era, con solo 21 años, recorrer con mis padres quebrados el largo camino, de 150 metros, de la entrada del Regimiento de Patricios hasta el pizarrón donde estaban escritas las bajas de los soldados. Nuestra alegría podía ser el dolor de otros que leían la baja de un familiar.
No puedo dejar pasar el otro 2 de abril, el de 1976, en el que se daba a conocer el plan económico de la dictadura militar por intermedio de su ministro de Economía: José Alfredo Martínez de Hoz. No recordarlo, no analizarlo, no debatirlo y discutirlo es un hecho que deja abierta una herida muy grande en nuestro aparato productivo y laboral, ya que después de más de 50 años de industrializar el país generando empleo, trabajo y convirtiendo a la Argentina en una potencia regional y mundial, tras el golpe militar del 24 de marzo del 76 se generó el golpe económico más grande de nuestra historia contemporánea.
Sí, el 2 de abril del 76, durante la dictadura, se comenzó a exterminar todo lo logrado por gobiernos democráticos y militares que, hasta esa fecha, habían apostado con sus variantes ideológicas respectivas a cuidar el empleo y el desarrollo como ejes del bienestar de la sociedad, hay que recordar que fue el General Mosconi que en un gobierno civil creó el nacionalismo petrolero a partir de YPF y que en un gobierno de facto del General Lanusse creó Aluar.
Por eso no tenemos que dejar el tema Malvinas como un hecho aislado de una realidad del momento decadente que vivía el Gobierno de aquel momento, sino que hubo un 2 de abril precursor que tal vez haya llevado, después del desastre social y productivo que había generado, a tomar la decisión nefasta de ir a una guerra para sensibilizar al pueblo.
Debemos tener memoria, pero también presente, no puede ser que después de 50 años siempre nos digan “lo anterior fracasó”, no puede ser ni podemos permitir como sociedad que, por impericias dirigenciales, por malos procedimientos, por personajes que nos dejan de gustar o porque no nos gustaron nunca, los modelos productivos, prefiero llamarlos así y no económicos, se cambien radicalmente.
Sería bueno que la población en su conjunto empiece a tener en claro qué quiere y cómo va a ser el futuro de nuestro país, no vamos a salir de las crisis sin un plan estratégico a largo plazo que sea diseñado por todos los sectores sociales, incluidos los frentes políticos. Porque una vez confeccionadas las leyes, las medidas y el rumbo de la economía no podrán apartarse de ello. Todos los países que se desarrollaron empezaron así y la Argentina tuvo en 1972 “La Hora del Pueblo” donde “todos” estuvieron y firmaron los acuerdos logrados que debería llevar adelante el próximo gobierno que ganara las elecciones durante la presidencia de Lanusse.
Para no tener más dos 2 de abril, me olvidaba que también ese día en 1991 empezó la convertibilidad, ¿no habrá llegado el tiempo de exigir?, si para todos los gobiernos de los últimos 50 años el que estuvo antes no sirvió y el que vendrá tampoco sirve y todos fueron o serán un fracaso, ¿no será el momento de juntar las propuestas y los puntos que han sido un éxito desechando los que sí fueron pésimos como la desindustrialización, la inflación, el déficit fiscal y comercial, la emisión monetaria, el exceso de empleo público y tantos otros daños y lograr un gran consenso “propoblación” de una vez y para siempre que nos permita ser “el país que debemos ser”?
Porque las políticas y las medidas de producción y trabajo, no sólo las diseñan los gobiernos, sino que además las debe convalidar la sociedad.