La caída de diez puntos (!¡) interanuales de la pobreza llegando al 28,2% en el segundo semestre del año 2025 es un artificio estadístico ya que, como lo hace, el Indec utiliza ponderadores de gasto de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) de los años 2004/2005 para calcular el IPC.
Esto no refleja el consumo actual, subestimando la inflación real y exagerando la capacidad de compra de los ingresos.
En la Ciudad de Buenos Aires (CABA), la actualización de los ponderadores del IPCBA (Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires) se realizó a principios de 2022, basándose en el relevamiento de la Encuesta Nacional de Gastos Hogareños (ENGHo) de noviembre del año 2017 a noviembre de 2018, donde aún las tarifas no tenían el nivel actual. Sin embargo, las diferencias son sustantivas.
En la apertura se ve la comparación de ponderadores del IPC nacional con IPC CABA.
Tarifas y comunicación pesan casi el doble y transporte un 10% más y aún no registra en CABA el aumento notable que tuvo el rubro durante el Gobierno donde desde el inicio del mandato de Milei, el transporte público aumentó un 640%, casi cinco veces por encima de la inflación acumulada en ese período. Fue el servicio público que más subió en el AMBA, según datos del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP UBA-Conicet.
¿Cuál hubiera sido entonces la inflación en 2024 si el Indec hubiera actualizado el gasto de los hogares y el año base del IPC?, se pregunta Martín González Rozada, profesor titular del Departamento y director de la Maestría en Econometría de la Universidad Torcuato Di Tella.
Y responde: en lugar del 117,8% que informó el Indec para 2024 hubiera sido del 133,6%. O sea, 15,8 puntos más alta. Y en 2025 las diferencias se estiraron a más de 20 puntos.
Ponderadores Obsoletos: el IPC actual se basa en qué consumían los argentinos hace veinte años recién salidos de la megacrisis neoliberal del año 2001. La estructura de consumo cambió drásticamente desde entonces, haciendo que la canasta básica con la que se mide la pobreza no refleje los costos de vida actuales.
Subestimación de la Pobreza: al utilizar una “canasta fija” desactualizada, si los precios de los bienes que hoy consume la gente (algunos que no están en la canasta vieja) aumentan más que los del año 2005, el IPC no los registra adecuadamente. Esto provoca que el ingreso medido parezca alcanzar para más de lo que realmente alcanza.
No puede haber baja en la pobreza genuina, sino mediante artificios estadísticos, cuando los pilares del bienestar (empleo, consumo, distribución) se están debilitando. Cualquier mejora en las cifras de pobreza en este contexto es un espejismo metodológico o un efecto temporal de transferencias que no cambian la realidad de fondo.
Se modifican las encuestas de hogares, se dibuja manualmente, se subestima la inflación al medir la canasta con IPC obsoletos, se dibuja metodológicamente o se cambia la periodicidad de las mediciones para que coincidan con momentos de mayor ingreso (como aguinaldos) y se dibuja estacionalmente.
En resumen, con el actual modelo socioeconómico, no hubo, no hay, ni habrá baja real de la pobreza: si la economía está en recesión, los salarios de jubilaciones y pensiones caen en términos reales –el promedio un 9,3% y las mínimas un 30% real para inicios de 2025 respecto de 2023– y el ingreso se concentra en la cima batiendo récords de inequidad distributiva en dos décadas, la baja de la pobreza no sucederá, como no lo hizo.
En fin, que se trata de un delirio estadístico más del Gobierno que pilotea “doble campera”, el especialista en crecimiento con o sin plata, estimados lectores de PERFIL.