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Una historia insólita, un ejército ciego

hace mucho en clarin.com por Clarin.com - Home

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Juan Cruz

Un libro lleno de dolor y de ternura, y también un libro insólito, como sacado del baúl roto de los reyes magos. Se titula El ejército ciego, lo firma el mexicano David Toscana, que con este título acaba de ganar el premio Alfaguara de Novela. Ocurre en 1014. Así lo presentan los editores que ahora llevan al autor por América y por España explicando el libro más potente que al menos yo haya leído en mucho tiempo.

Así lo presentan los editores: “Corre el año 1014. Tras la batalla de Klyuic, los bizantinos toman quince mil prisioneros búlgaros y el emperador Basilio ordena sacarles los ojos, dejando tuerto a uno de cada cien para guiar a los ciegos de vuelta a casa. Cuando el zar de Bulgaria los ve llegar en tal estado, carece de fuerza moral para soportar el golpe y la muerte”. Entrevisté al autor. Lo hice aun escalofriado por una de las historias más potentes que han venido a mis ojos, ya no tan inéditos.

--Aquí hay un libro y un modo de contar. El libro es una historia. ¿Cuál es el modo de contar?

--No es más que una historia trágica, dura, digna de los búlgaros sin una pizca de sonrisa y de alegría. El modo de contarla sí tiene más oxígeno, más oportunidad para sonreír. Esto que estaba planeado por Basilio II para que fuera una derrota total para los búlgaros lo convierto al menos en un triunfo de las posibilidades de percepción que tienen los ciegos más allá de la vista. Hay oportunidad incluso para la sonrisa cuando estamos delante de una tragedia.

--Desde que supe de esta historia quise saber más. Tratándose de una historia de hace más de mil años supuse que ya estaría escrita. Pensé que los búlgaros la habrían escrito. Y no era así. No estaba escrita y, además, lo que supe no iba mucho más allá... Un historiador polaco, Pavel Jasienica, que estudió mucho la época, decía que este era un material para un novelista, que el historiador se quedaba en la ignorancia y no podía inventar, mientras que el novelista sí. Pues ahí estaban puestos todos los elementos clásicos de la tragedia… Tuve la idea muchos años en la cabeza hasta que encontré este tono y el tono fue el que me dijo: “No la vas a contar como una tragedia, vas a contarla como algo lógico”. Y ahí fue donde ya pude comenzar a escribir.

--Yo sé que mi única forma de narrar es jugar un poco con el humor, aun en la tragedia… Lo que me costó trabajo fue encontrarle el humor, porque evidentemente cuando uno lee esta historia no le encuentra el humor. Entonces me puse a ver cómo habían tratado otros escritores el asunto de la ceguera (Saramago, Kadaré)… Buscaba claves para contar esta historia y de pronto me vino el primer episodio, cuando el narrador pregunta por qué 15.000 individuos se dejaron hacer esto, por qué se volvieron locos. Esa fue la pista para seguir. Así pude ver escenas donde les sacan los ojos, imaginé muchas cosas que históricamente no tienen sustento, pero que literariamente son las que le hacían falta a la novela.

--El origen del hecho sí, era ese, a pesar de que quien llega a decir que el castigo de sacar los ojos es menor que el de la muerte. Y sin embargo lo vemos como una dosis de crueldad, de saña, que va más allá de cortarle la cabeza a alguien… En este caso, el castigo tenía dos propósitos: el primero era una venganza militar por parte de Basilio. El otro era enviar de vuelta a casa a 15.000 lisiados para que Bulgaria se tuviera que hacer cargo de ellos, para que les pesaran más que 15.000 cadáveres. Para que pesaran en el ánimo, no es lo mismo que la gente sepa que te mataron a 15.000 y planear una venganza que verlos en la capital, salir a la calle y contemplar a todos estos ciegos a los que había que mantener de alguna forma.

--Mientras buscaba en ese sentido encontraba historias de maridos celosos que en un arranque de furia le sacaban los ojos a las mujeres… Hay gente que ha quedado ciega por estas venganzas, que incluyen tirar ácido en el rostro… Por muchas crueldades que hayamos visto, sobre todo, por ejemplo en Rusia, donde han robado niños y han violado a tantas mujeres en Ucrania, no tenemos algo parecido a esto…

--Yo creo que no. Y por mucho que haya cerca a esto, no es lo mismo el evento que el relato del evento. Es muy difícil encontrar algo contemporáneo… Octavio Paz decía que la obra literaria va más allá de las intenciones del autor, dice cosas que el autor nunca quiso decir…. Lo que yo quise es contar la historia de este episodio bizantino búlgaro… Y ahora que la obra está terminada veo que tiene muchas cosas que decirnos en el presente, no sólo sobre la guerra y la crueldad, sino también sobre algo que fui descubriendo en la novela… Son los sentidos los que empiezan a percibir todo. Por eso hay varias escenas en la novela donde los ciegos se vuelven conscientes de que hay percepciones distintas de unos y de otros.

--¿Hubo algún momento de la actualidad que se mezclara con tu escritura, con la página que estabas escribiendo?

--Yo no puedo evitar ser un contemporáneo, así que pienso, siento, redacto como tal… Me es imposible percibir el mundo de la manera como lo percibían los antiguos… Tengo mis ideas sobre la justicia, sobre los derechos humanos y sobre tantas cosas que ni siquiera se cuestionaban en aquella época… Nosotros vemos mucho esta crueldad, pero no sé hasta qué punto ellos llegaron diciendo que aquella era la voluntad de Dios o del maldito Basilio…

--Ensayo sobre la ceguera, la novela de Saramago, cumple ahora treinta años… ¿En algún momento ese libro te habló?

--Yo escribí en el pasado bíblico y claro que tenía la novela de Saramago presente, para evitar decir que el maestro ya había pisado ese territorio, y yo no podía pisarlo… Me gustaba mucho la visión saramaiana del momento en que alguien pierde la vista, aquella especie de epidemia momentánea en la que al final todos vuelven a ver… En el caso sobre el que yo escribo no hay posibilidad de un milagro divino porque ya no se tienen ojos.

--Es muchas veces poesía, una hermosa poesía. Aunque usted ha dicho que prefiere decir prosa…

--Yo defiendo la idea de que a la prosa se la podamos llamar bella, intencionada, afectiva, que nos mueve a emociones… Que la prosa pueda tener todos esos adjetivos sin necesidad de llamarla poesía, porque si son dos géneros uno sería inferior y el otro sería superior… Al final, estoy haciendo una narración con una serie de imágenes y me gusta imaginar que es prosa. Pero entiendo que la única forma que tenemos de elogiar la prosa es emparentarla con la poesía.

--Escribes, avanzado el libro: “Si alguno tiene todavía la maldita duda, si sigue preguntando cómo fue que quince mil hombres se dejaron casar los ojos, le voy a decir que no hay modo de cegar a quince mil hombres. Es imposible que tantos hombres se dejen cegar. Nadie llega un día y dice: ´Queridos quince mil hombres, pasen por favor en orden adonde les vamos a sacar los ojos`. (…) En otros quince mil días se muere de viejo. Ningún niño acepta ser un anciano. Pero todo llega. Gota a Gota. Ojo a ojo”. Esto que escribes es rabiosamente contemporáneo…

--Percibimos sobre todo a través de los ojos, también el estado de ánimo de la gente… Alguien ve a una persona y la ve triste a feliz porque su pupila se ensancha o se adelgaza. ¿Qué es esa cosa misteriosa que vemos en los ojos? ¿Qué percibimos en los ojos? No estoy listo para contestarlo, pero sí sé que ese es el misterio que guardan los ojos.

Juan Cruz

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