Al igual que El Coyote, y el resto del mundo, la Argentina enfrenta riesgos por el escenario energético global. A pesar de que Trump ha minimizado la gravedad de la situación, e insiste en que su administración tiene el conflicto bajo control, la crisis en Oriente Medio sigue su curso y suma incertidumbre en la economía internacional.
En ese contexto, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha actualizado sus previsiones mundiales de crecimiento e inflación como consecuencia de la crisis. La situación en la región no parece suponer un impulso económico a largo plazo para la economía, a pesar del potencial de un mayor interés a largo plazo en Vaca Muerta, y tanto las proyecciones de inflación y crecimiento tuvieron recortes con respecto a las estimaciones de diciembre de 2025.
Según la OCDE, la previsión de crecimiento del PIB para la Argentina en 2026 se han rebajado al 2,8%, lo que supone un descenso de 0,2% respecto a las expectativas de diciembre. De cara al futuro, las previsiones para 2027 se ven más afectadas, con la mayor caída de todo el G20 (del 0,4%), lo que situaría el crecimiento en el 3,5%.
A su vez, consideran que la inflación será 13,7 puntos porcentuales superior a lo que preveían en diciembre: pronostican una tasa del 31,3% para 2026. Sin embargo, esta cifra bajará al 14,1% en 2027 (tuvo un ajuste al alza de 4,1 puntos porcentuales). A pesar de estas revisiones al alza, el país seguirá experimentando una desinflación, aun con los principales “obstáculos” provocados por el enfrentamiento, que según la institución son el aumento de los costos de la energía y los fertilizantes.
Y aunque el país se beneficia de la distancia geográfica respecto a la crisis en Medio Oriente, no es inmune a las posibles perturbaciones macroeconómicas derivadas de la guerra. De hecho, esta es la retórica que repiten los expertos internacionales. En diálogo con LA NACIÓN, el profesor Miguel León Ledesma, de la universidad británica de Exeter, subrayó que “el aislamiento geográfico no es tan importante, ya que muchas de estas perturbaciones internacionales se transmiten a través de los precios”.
Esta afirmación contó con el respaldo de Global Americans, un centro de estudios estadounidense, que destacó los posibles riesgos para la economía argentina: sostuvieron que “los grandes conflictos geopolíticos suelen desencadenar una huida hacia activos seguros... Este proceso fortalece al dólar estadounidense y eleva las primas de riesgo de los mercados emergentes. Los países que dependen en gran medida de la financiación internacional, como la Argentina, pueden enfrentarse a tipos de interés más altos o a un acceso más limitado a los mercados de capitales mundiales“.
Sin embargo, según los expertos, el factor más relevante es la prolongación del enfrentamiento. El propio informe de la OCDE subraya este argumento, y sostiene que un cierre prolongado de las instalaciones de producción de petróleo y gas en la región, con daños a la infraestructura crítica o interrupciones persistentes de las exportaciones a través del estrecho de Ormuz, probablemente tendría consecuencias negativas más graves de las que actualmente se reflejan en los precios de los mercados mundiales.
En ese sentido, advierten que la reapertura de ese estrecho es un factor clave. Tal y como subrayan los expertos, una crisis prolongada podría resultar desastrosa para la economía mundial, y la integración del comercio global garantiza que el Cono Sur no sea inmune a las perturbaciones macroeconómicas. El estrecho de Ormuz está a once mil kilómetros de Buenos Aires. En economía global, eso es una distancia irrelevante.
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