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Cómo el diseño interior puede mejorar la vida cotidiana

hace 12 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Cómo el diseño interior puede mejorar la vida cotidiana

Vivimos un momento en que la crisis habitacional dejó de ser un tema estrictamente espacial para transformarse en una cuestión de bienestar integral. La vivienda ya no puede pensarse únicamente como un problema de metros cuadrados, materiales o técnicas constructivas.

Lo que hoy está verdaderamente en juego es cómo los espacios que habitamos inciden en nuestra salud física, en nuestro equilibrio emocional y en nuestra capacidad cognitiva.

El habitar se volvió un componente central de la vida contemporánea, y su impacto se extiende a dimensiones que trascienden lo constructivo.

En este contexto, el interiorista se convierte en un agente de cambio, capaz de articular confort, accesibilidad, sostenibilidad, ergonomía y bienestar.

La relación con el exterior incide en la manera en que vivimos.

Lejos de reducirse a la selección de materiales o a la composición estética de un ambiente, el interiorismo se revela como una herramienta profundamente humana, que permite crear condiciones de vida dignas y adecuadas en contextos extremadamente diversos y, muchas veces, desiguales.

La forma en que un espacio está configurado -su iluminación, su acústica, la posición del mobiliario, la calidad del aire, los recorridos internos y la relación con el exterior- incide directamente en la manera en que vivimos.

Mirar el habitar desde esta complejidad exige reconocer que las necesidades no son homogéneas. El bienestar no significa lo mismo para un adulto mayor que busca mantener su autonomía sin aislarse, que para un docente rural que vive lejos de su hogar principal.

Tampoco para un operario industrial que necesita espacios reparadores luego de jornadas demandantes, un científico en movilidad permanente o un joven nómada digital que transita múltiples residencias a lo largo del año.

Aunque esas realidades parezcan distantes entre sí, todas plantean una misma pregunta: ¿de qué manera pueden los interiores acompañar procesos vitales tan diferentes y, al mismo tiempo, ofrecer respuestas acordes a la crisis habitacional?

Aunque cada uno de estos casos presenta características propias, todos comparten un punto central: la necesidad de que los interiores acompañen las trayectorias vitales de las personas y reduzcan tensiones asociadas al aislamiento, la precariedad o el burnout.

De hecho, una de las conclusiones más relevantes de las investigaciones que hemos realizado es que pequeñas decisiones de diseño pueden generar transformaciones muy profundas.

La iluminación adecuada puede disminuir el estrés visual y mejorar la concentración. La presencia de vegetación o vistas al exterior puede regular el sueño y reducir la ansiedad. Las tipologías que equilibran privacidad y comunidad pueden fortalecer el sentido de pertenencia sin generar encierro.

La luz natural en todos los ambientes es fundamental para el bienestar

La selección de materiales sostenibles, la disposición del mobiliario o la organización de recorridos pueden garantizar mayor seguridad y autonomía, especialmente en personas mayores.

Lejos de requerir grandes intervenciones, muchas veces la mejora proviene de pequeños detalles que atienden la experiencia cotidiana.

El diseño interior actúa justamente en esos detalles donde es tan difícil intervenir: la escala de la proximidad, de lo sensorial, del gesto y de la percepción emocional del espacio.

En este sentido, la arquitectura ya no puede entenderse solamente como una máquina de habitar ni los espacios interiores como cajas blancas. La manera en que trabajamos, aprendemos y envejecemos son determinantes en la forma en que nos vinculamos.

Diseñar, entonces, se convierte en mucho más: es intervenir en la vida cotidiana con una mirada ética, empática y profundamente humana.

El concepto “interiores del futuro” invita justamente a mirar el diseño desde esa perspectiva transformadora. A comprender que la crisis habitacional no se resuelve solo construyendo más unidades, sino creando mejores condiciones de habitar, capaces de brindar equilibrio, dignidad y oportunidades allí donde el territorio, la economía o la movilidad generan desigualdad.

Una casa con muchas escaleras puede no ser apta para adultos mayores.

Así, el interiorismo se revela como un puente entre lo que las personas necesitan para vivir plenamente y aquello que los espacios pueden ofrecer para acompañar ese proceso.

En un mundo donde el bienestar está cada vez más condicionado, el diseño interior se posiciona como una herramienta esencial. Su potencia no radica solo en lo visible, sino en su capacidad para mejorar la vida concreta de las personas. Diseñar interiores para el futuro es, en definitiva, diseñar posibilidades humanas.

Arquitecta, investigadora y directora de la Licenciatura en Diseño de Interiores de UADE.

El diseñador que traduce la música de Tini, Duki y Bizarrap en espacios vivibles

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