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La mejor noticia en el peor momento: por qué Milei no sacar rédito político de la baja en la pobreza

hace 11 horas en iprofesional.com

A veces, una buena noticia puede ayudar al gobierno a salir de una crisis. Nadie lo sabe mejor que Javier Milei, que en uno de sus peores momentos logró torcer su suerte electoral con la ayuda de un tuit escrito en el US Treasury. Pero otras veces, un dato positivo no sólo no ayuda sino que resalta más los problemas que atraviesa el gobierno: es lo que le acaba de pasar a Milei con la publicación del censo de pobreza e indigencia.

A diferencia de lo que ocurrió en ocasiones anteriores, cuando Milei le sacó el máximo provecho a la caída en las cifras de pobreza, porque eran un reflejo de que su duro plan de ajuste fiscal tenía su premio en el plano social, esta vez casi no hubo margen para el festejo.

Para empezar, porque el dato publicado por el Indec ya es una foto demasiado vieja. Son números que corresponden al segundo semestre del año pasado. Si la inflación del verano hubiera ido a la baja, entonces el dato sería festejable, porque la expectativa seguiría siendo que, en cada medición semestral se registre una mejora.

Sin embargo, ahora pasa lo contrario: la inflación acumulada del trimestre enero-marzo rondará el 9%. Esto implica que muy probablemente la inflación del primer semestre de 2026 sea superior al 14% que se registró en el segundo semestre del año pasado, correspondiente al censo que acaba de publicar el Indec.

En esa situación, frases como la que publicó Milei en las redes sociales -"La pobreza sigue bajando. Dato mata relato"- se transforman en un peligroso búmeran.

El propio presidente debería saberlo, porque ya vivió una mala experiencia en el debate sobre el desempleo. Había celebrado una mejora en las cifras del censo -que se publican con casi tres meses de retraso-, pero el último registro, correspondiente al último trimestre de 2025, marcó una suba hasta 7,5% de la población activa.

El otro hecho que empaña el festejo es el hecho de que desde hace seis meses consecutivos, las canastas de pobreza e indigencia registran aumentos por encima del IPC promedio.

Así, la canasta básica -la que marca el consumo límite para no estar en situación de pobreza- acumuló 19% desde octubre pasado. Y la canasta alimentaria -la que marca cuánto dinero se necesita para pagar una dieta que mantenga a la persona por encima de la indigencia- se encareció un 21,4%.

Comparada con esa cifra, parece pequeña la inflación promedio -la que mide el IPC- reflejada en el mismo período, que fue de 14%. Esta diferencia se explica por el hecho de que los rubros que más se encarecieron en los últimos meses son los de primera necesidad, como los alimentos y los servicios públicos esenciales. En otras palabras, la recomposición de precios relativos hasta ahora perjudicó a la franja de menores ingresos.

Como, además, la estadística salarial del Indec muestra que los trabajadores registrados vienen recibiendo aumentos nominales por debajo del IPC desde septiembre pasado, se hace difícil presentar como un logro político el censo sobre la pobreza. Hay una expectativa muy marcada respecto de que ya en este momento los indicadores sociales se agravaron.

Esa sensación -reflejada con claridad en las encuestas sobre imagen de Milei y en las expectativas sobre el futuro de la economía- han empañado también otras noticias que, en un contexto diferente, podrían haber sido un punto de inflexión para consolidar la posición del gobierno.

Así, el récord en la compra de dólares por parte del Banco Central, la estabilización del tipo de cambio, la disminución en las tasas de interés, quedaron opacadas por la disparada en las cifras de morosidad financiera de las familias, que supera el 11% en el sector bancario y que alcanza hasta el 27% en el rubro no bancario, como las billeteras electrónicas.

Pero, más allá del debate económico, lo que sufre Milei en este momento es una crisis de credibilidad, justo en el tema que él ha definido como el pilar de su gobierno: la moralidad como principio fundamental de la gestión pública.

Fue un tema que el presidente desarrolló ante inversores internacionales durante el último Foro de Davos, donde aseguró que el respeto a la propiedad privada en el gobierno libertario no es apenas el resultado de una ventaja de oportunidad, sino que forma parte de las convicciones profundas de su grupo político.

Luego, en la escandalosa sesión que inauguró el año legislativo, Milei volvió a referirse al tema, y lo resaltó en cada intercambio de chicanas con la bancada de parlamentarios del kirchnerismo, a quienes les enrostró las situaciones de corrupción ocurrida en los gobiernos anteriores, como contraste con el estilo de la gestión libertaria.

Sin embargo, en pocas semanas las cosas han cambiado, a tal punto que se hizo difícil para Milei hablar del tema de la moralidad sin recibir una ola de críticas. Todo empezó con las nuevas pruebas que vinculan su entorno personal con los pergeñadores de la criptoestafa con la moneda Libra.

Y tuvo su crisis cúlmine con las revelaciones sobre las inconsistencias entre el patrimonio del jefe de gabinete, Manuel Adorni y su declaración jurada. La fallida conferencia de prensa en la que intentó sepultar las acusaciones tuvo el efecto absolutamente inverso al esperado.

Y, por eso, no sorprendió a nadie que las redes sociales se poblaran de memes y mensajes irónicos, cuando los funcionarios del gobierno, incluyendo al propio Adorni, sacaron a relucir la disminución de la pobreza.

Justo el mismo día, la noticia principal para muchos medios había sido el hecho de que las dos jubiladas que supuestamente le habían dado un crédito hipotecario a Adorni decían no conocer al funcionario. Y también circuló el dato de que el valor de mercado del departamento de Caballito era, en realidad, el doble de la cifra que figura en la información que proporcionó el jefe de gabinete.

Una muestra elocuente sobre el mal momento del gobierno es el hecho de que Adorni haya suspendido la conferencia de prensa prevista para el miércoles. Es algo que únicamente se explica por su complicada situación personal, y no por el hecho de que no tenga buenas noticias para dar.

En otras circunstancias, el vocero le habría dedicada un largo rato a hablar sobre la caída en los índices de pobreza, así como a la victoria judicial argentina en el caso YPF, un hecho que, hasta ahora, ha sido mejor aprovechado por Axel Kicillof que por el gobierno libertario.

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