La reciente decisión oficial de desactivar el examen único para el ingreso a las residencias médicas, reemplazándolo a partir de este año por un examen que implementará cada provincia en forma autónoma, es un irresistible estímulo para reflexionar y proponer ideas sobre un tema tan trascendente como lo es la formación del recurso humano para la atención de la salud de los argentinos. La pregunta inevitable es: ¿es una decisión adecuada eliminar el examen único? A priori nos ubica a contracorriente de muchos países que enfocan con absoluto rigor este tipo de evaluaciones. España, Francia, Italia, Estados Unidos, México y Brasil, entre otros, implementan un examen único nacional.
En Francia el examen único es Les Épreuves Dématérialisèes Nationales (EDN); en España es el MIR (Médico Interno Residente); en EEUU se rinde el United States Medical Licensing Examination (Usmle) combinado con un programa de matcheo con las distintas instituciones receptoras de residentes denominado National Resident Matching Program; Italia tiene el Concorso Nazionale per le Scuole di Specializzazione in Medicina; México, el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (Enarm) y Brasil el Examen Nacional de Residencia (Enare), algunas instituciones tienen su propio examen. El examen se toma el mismo día y a la misma hora en las diferentes regiones, comunidades, estados, provincias, según sea la organización administrativa de cada país.
Un argumento para “federalizar” la orientación de las preguntas en cada provincia se basa en el concepto del “perfil de médico” que necesitaría cada una de las 24 jurisdicciones de nuestro país. Esto del “perfil del médico” genera interrogantes que he tratado de aclarar preguntándome qué tipo de “perfil” de médico me gustaría que tratara a algún integrante de mi familia, ya sea en Buenos Aires o en cualquier ciudad del país. Siempre llego a la misma conclusión: el “perfil” de médico que deseo es un profesional con conocimientos sólidos y actualizados, con habilidad en las competencias prácticas, con empatía y compromiso hacia sus pacientes y fundamentalmente con criterio clínico (el sentido común de los médicos). Por lo tanto, me resisto a aceptar que sean necesarios distintos “perfiles” de médicos en la Argentina. Si eso está basado en las patologías prevalentes de cada región, ese “perfil” de médico que prefiero seguramente las sabrá manejar adecuadamente al poco tiempo de instalarse en una jurisdicción (provincia).
Un examen único para ingresar a las residencias médicas con preguntas enfocadas predominantemente en la resolución de casos clínicos homogeneiza el criterio de evaluación y respeta el principio indispensable de equidad. El doctor Marcelo García Diéguez, experto en el tema del grupo PAIS, ha enfatizado que “el examen único ofrecía un piso de eficiencia, equidad de acceso y permitía una planificación centralizada”. Pasemos a otro tema central: la residencia médica debería ser obligatoria. Desde hace varios años sostenemos que, siendo la residencia médica el mejor sistema de formación de posgrado, es inadmisible que no sea obligatoria y, por lo tanto, el único camino posible para poder ejercer la medicina en cualquiera de sus especialidades. ¿Cómo se resuelve la obligatoriedad de la residencia para ejercer la medicina? Muy sencillo: no dejando a ningún médico egresado de las universidades argentinas fuera del sistema de residencias.
Una vez que se cierra cada año el período de inscripción a las residencias, se tiene el número exacto de inscriptos y, en función de ese número, se deben definir tres parámetros: el número de vacantes de primer año de las residencias (igual al número de inscriptos, como lo hace Francia); el número de vacantes de cada especialidad de acuerdo con las necesidades del país y cómo se distribuirán geográficamente esas vacantes (también de acuerdo con las necesidades del país). Ningún médico queda afuera. Pero obviamente el tipo de especialidad y el lugar para realizar la residencia son adjudicados de acuerdo con el orden de mérito que surge de aquel examen único nacional combinado con el promedio general de la carrera. Los mejor posicionados podrán elegir la especialidad y el lugar de su preferencia para realizarla.
La siguiente pregunta es si ese orden de mérito debe generarse en función del puntaje en el examen combinado con el promedio general de la carrera o solamente en función del puntaje en el examen. Parece una pregunta extraña, pero no es así. ¿Representa lo mismo un promedio determinado obtenido en diferentes facultades de Medicina? Pero, paralelamente, ¿podemos dejar de lado un promedio general de la carrera que nos habla del desempeño durante 5 o 6 años a través de múltiples exámenes de las diferentes materias? El indispensable principio de la meritocracia nos indica que es un dato que no podemos desechar. Es importante que el estudiante de medicina tenga el estímulo de esforzarse durante la carrera para lograr un buen promedio general. El tema a analizar es qué peso le damos a ese dato para que junto a la nota del examen de ingreso a la residencia determine la posición en el orden de mérito. No parece justo que el aspirante dependa exclusivamente del desempeño del día del examen con los indudables componentes emocionales que entran en juego ese día. En algunos países el peso del puntaje en el examen es significativamente mayor que el promedio general de la carrera. Es un dilema abierto.
El siguiente tema de reflexión es respecto de las instituciones asistenciales en las cuales se forman los residentes. Es absolutamente inaceptable que una institución que no haya sido acreditada con rigurosos estándares de calidad pueda tener residencias médicas. Estas instituciones le deben garantizar al joven médico que invierte en ellas 4 años de su vida de posgrado (residencias básicas) un plan de residencia que explique minuciosamente cuáles serán las etapas de su trayectoria formativa y cuáles serán las competencias de complejidad creciente que va a adquirir durante la residencia. Debemos desterrar definitivamente la estafa de muchas residencias que utilizan al médico residente como mano de obra barata sin ofrecerle una sólida formación. En esta línea de pensamiento es indispensable afianzar el vínculo entre las universidades, sociedades científicas y residencias médicas.
El siguiente tema es una propuesta: al egresar de la residencia los médicos deberían rendir un examen unificado de la especialidad. Se trata de que la certificación de la especialidad no sea algo que automáticamente se obtiene al final de la residencia, sino que debe existir una evaluación externa teórico-práctica específica para los residentes egresados de cada especialidad. Esto sería un reaseguro de calidad para la comunidad y permitiría “ranquear” a las residencias. El desempeño de los residentes en ese examen permitiría detectar fortalezas y debilidades de cada institución con residencias médicas. Sería un formidable acicate de superación para esas instituciones.
Un último punto de reflexión: ¿qué estrategia se debería utilizar con los aspirantes egresados de facultades de Medicina del exterior? Si uno es consecuente con el principio de la meritocracia, pero también con la lógica prioridad que deben tener los egresados de universidades argentinas, la respuesta sería fijar un porcentaje de vacantes para médicos egresados en el exterior. Por ejemplo, si se inscriben en total 5000 egresados de facultades argentinas, se agrega un 5% de cupo para egresados de universidades del exterior. Quedarían así 5250 vacantes. Se debería establecer un orden de mérito para esos aspirantes egresados de universidades extranjeras basado exclusivamente en el puntaje del examen (ya que en ellos el promedio de la carrera no sería un parámetro justo debido a lo heterogéneo de las universidades de procedencia). De ese orden de mérito entrarían a las residencias los primeros 250 (según el ejemplo teórico anterior). El resto de los aspirantes de universidades extranjeras quedarían fuera del sistema sin ninguna chance de actividad médica asistencial en la Argentina. En el Reino Unido, en muchas especialidades, solo quedan para los egresados de universidades extranjeras el remanente de vacantes no cubiertas por los médicos egresados de universidades locales.
Todas estas son reflexiones y propuestas encontrarán opiniones con matices diferentes (o contundentemente diferentes), pero vale la pena pensar en estas cuestiones, dado que de ello depende ni más ni menos que la calidad del cuidado médico que recibiremos en un futuro muy cercano.
Profesor consulto de la primera cátedra de Oftalmología de la UBA; doctor en Medicina (UBA). Hospital de Clínicas (UBA)
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