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La “espertización” del Gobierno

hace 21 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Eduardo van der Kooy

El gobierno de Javier Milei atraviesa una coyuntura con enormes dificultades. Agravadas por un desplazamiento en la escena pública. Se ha quedado sin su némesis política. El kirchnerismo tiene apariciones repentinas que se desvanecen de inmediato. El fallo favorable en EE.UU. por YPF le sirvió, al menos, para vapulear a Axel Kicillof y Cristina Fernández e improvisar una cadena nacional. Duró nada el impacto de la declaración de la ex presidenta por la causa de los Cuadernos de las Coimas. El protagonismo K también quedó relativizado en la marcha por los 50 años del golpe de 1976 con una presencia social que excedió a la principal oposición.

En ese terreno, como en otros, la defensa libertaria resulta magra. Un video como herramienta de la “batalla cultural” en el cual se escucharon dos testimonios. El de Arturo Larraburu, el hijo de un militar secuestrado en 1974 durante un año y asesinado por la guerrilla del ERP. El de Miriam Fernández, la nieta 127 recuperada, quien en un relato descarnado contó arbitrariedades cometidas contra ella por parte de las Abuelas de Plaza de Mayo y describió la locura atroz de la dictadura con los bebés nacidos en cautiverio. Argumentos que difícilmente faciliten la revisión de la historia de aquella época.

Algo de esa dificultad debe haber advertido el Presidente cuando como única réplica envió al aún jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a comunicar que se destinarán partidas especiales para jerarquizar el papel y las posibilidades de desempeño de las Fuerzas Armadas. Difícil que alguien a 50 años del golpe se oponga a esa necesidad. El revisionismo sería otra cosa.

El escape libertario sobre aquel tema pasó inadvertido (como otros anuncios) porque la voz cantante fue precisamente la de Adorni. Convertido en un conflicto interno y externo que los hermanos Milei no saben cómo administrar. La situación patrimonial cada día más opaca del jefe de Gabinete, ventilada después de haber llevado a su esposa a un viaje presidencial y de un vuelo privado familiar a Punta del Este, parece haberse convertido en una fascinación hipnótica dentro del espectáculo político.

Los hermanos Milei asoman maltratados por ese espejo en el cual ni siquiera como flash asoma el kirchnerismo. El Gobierno vuelve a enfrentarse con sus propios déficits políticos que no termina nunca de subsanar. La reacción primaria ha sido abroquelarse en torno a Adorni que supo vender hacia adentro, como primer reflejo, que sus desventuras obedecen solo a la perversidad de supuestos desestabilizadores.

Recurso que suele calzar en el espíritu conspiranoico de los hermanos Milei. Desde que comenzó a desenvolverse el escándalo hace 10 días el jefe de Gabinete ofreció un recital de explicaciones que casi nunca coincidieron unas con otras. Finalmente, en la rueda de prensa del miércoles, resolvió no contestar más y se escabulló con el academicismo de “la casta”. Aseguró que las explicaciones las dará solo ante la Justicia.

Este tramo del proceso, al menos, remite a historias que no tuvieron un final feliz para el Gobierno. Lo que algunos libertarios preocupados y opositores malignos empiezan a definir como una “espertización”. Palabra fantasma que refiere al traumático conflicto que el Gobierno debió atravesar en 2025 con la candidatura a diputado por Buenos Aires, finalmente frustrada, del economista José Luis Espert.

En agosto del año pasado empezó a circular la información de que Espert había realizado su campaña presidencial del 2019 (que tuvo la adhesión de Milei) con apoyo logístico de un empresario, Fred Machado, que se supo más adelante tenía lazos con el narcotráfico y una causa abierta en Estados Unidos. Al poco tiempo se informó que había recibido un pago de US$ 200 mil por una asesoría de una empresa guatemalteca en la cual tallaba también Fred.

Espert negó sistemáticamente todas las acusaciones, pero incurrió en equívocos y contradicciones en cada aparición pública. El Presidente lo sostuvo hasta el 5 de octubre (es decir, casi dos meses) cuando renunció a la postulación en medio de un desgaste oficialista fenomenal. Que, quizá por la amenaza kirchnerista que se había levantado en septiembre con la rotunda victoria en Buenos Aires, no tuvo reflejo negativo para los libertarios en las legislativas.

Los hermanos Milei hallaron en ese momento una salida afortunada. Empinaron como primer candidato bonaerense a Diego Santilli, el ex ministro de Mauricio Macri. Baqueano de aquella geografía. No solo ganó la elección. Enseguida se convirtió en ministro del Interior y figura clave para que el Gobierno aprovechara su marcha triunfal con acuerdo con gobernadores y la sanción de todas las leyes (reforma laboral y baja de edad de imputabilidad para menores) en las sesiones extraordinarias.

Espert fue protegido por Milei. Karina, su hermana, lo observaba de costado. Adorni cuenta con el respaldo de ambos, aunque la columna maciza que lo sostiene es la secretaria general. No hay a la vista, como ocurrió con Espert, la posibilidad de un reemplazo expeditivo y superador. Laberinto por el momento sin escape: el contador y ex periodista es jefe de Gabinete, es (era) hombre de confianza del círculo chico mileísta, suele ladear a Santilli en sus gestiones políticas y hasta mantiene vínculo discreto con Santiago Caputo.

Por otra parte, se desempeña como portavoz del Gobierno. ¿Cómo hará para ejercer esa tarea en las condiciones actuales? ¿Cómo enfrentará a los diputados cuando deba realizar sus informes de gestión? ¿Qué autoridad logrará conservar hacia adentro de una administración en la cual proliferan las intrigas? Demasiados interrogantes sin respuesta.

Desde el punto de vista político-electoral se plantea otro problema serio para el Gobierno. Adorni fue la carta mediante la cual los hermanos Milei derrotaron al PRO en la Ciudad. El inicio de un calvario para Macri, el ingeniero. También para el alcalde. Difícilmente el todavía jefe de Gabinete pueda pensar en una candidatura para la Ciudad en 2027. Algarabía para varios.

Patricia Bullrich se frota sonriente sus manos y no pergeña otro video de guerrera, como aquel que difundió luego que el Senado aprobó la reforma laboral. Karina lo tomó muy mal. Tan contenta está que apoyó su cabeza sobre la de Adorni en una foto a modo de respaldo. A Horacio Rodríguez Larreta, que quiere volver desde el llano a la Ciudad, se le abriría una hendija si el macrismo logra convencerlo de participar previamente en una interna contra Jorge.

Karina debería, tal vez, rever sus planes. Hasta la semana anterior suponía que el episodio Adorni lo manejaría con el pulso político. Parece que no podrá. De nuevo aflora la figura de Juan Bautista Mahiques, el ministro de Justicia, que se ocupa de la colisión del Gobierno con la AFA, del escándalo de la criptomoneda que promete otras novedades y las presuntas coimas de la ANDIS (Agencia Nacional de Discapacidad). Todas, incomodidades para los hermanos del poder. ¿Podrá incidir sobre Ariel Lijo, que sustancia las denuncias por dádivas contra el jefe de Gabinete? Se conocen mucho, aunque el magistrado quedó molesto por el manejo desprolijo y la caída que tuvo el año pasado su candidatura para la Corte Suprema.

A otro que se lo observa alegre es a Santiago Caputo. El rey de las comunicaciones. Resucitado por el fallo de YPF que se adjudicó como propio. El joven vino perdiendo terreno frente a Karina desde que la hermanísima se convirtió en dama de hierro luego de diseñar la estrategia que le dio frutos electorales. El golpazo con Adorni y el caso $LIBRA la han estremecido. No ha perdido poder, pero habría hecho una pausa con sus planes de expansión. En la mira tiene desde hace rato a la SIDE, de donde está por emigrar su segundo, Diego Kravetz. Se trata de un organismo que está bajo la órbita de Caputo junior.

Los libertarios parecen estar ofreciendo en el teatro político dos obras diferentes. Varios ministros, entre ellos Luis Caputo, acompañaron a Adorni en esa conferencia de prensa con pretensión aclaratoria que concluyó en la oscuridad. Karina en esa instancia no estuvo. Puertas adentro el temor oficial aumenta a medida que empiezan a desarrollarse las investigaciones judiciales. Las dádivas que se indagan podrían derivar en alguna figura judicial más grave si progresan otras denuncias. Su presunto patrimonio no declarado. Los gastos de su esposa, Bettina Angeletti, que no encuadrarían con los ingresos declarados por el jefe de Gabinete. ¿Enriquecimiento ilícito?. Sería el estallido de una bomba para el Gobierno.

El escándalo sucede en un momento inoportuno para el Gobierno. Milei está por lanzar su libro titulado “La moral como política de Estado”. Propone una gestión donde la honestidad sea el filtro primario de cualquier acción gubernamental. “Si no es correcto, no lo hagas. Si no es verdad, no lo digas”, predica. Tal vez Adorni no haya accedido a esos borradores. También habría que preguntarse sobre la fidelidad presidencial con sus propios postulados cuando revolea cifras de la economía.

Todo aquel entramado se proyecta sobre una pantalla social que está exhibiendo modificaciones. Hay discrepancias entre los encuestadores sobre el grado de aceptación que sigue reteniendo el gobierno de Milei. Existe coincidencia, en cambio, acerca de que el humor social muta. De acuerdo con un trabajo de Managment & Fit, “la preocupación y la desconfianza ascienden al primer lugar de las menciones en las encuestas con el 25,3% de las menciones; la esperanza conserva un 23,4%; los sentimientos negativos alcanzan un total de 56,2%”. Los datos de consumo y actividad económica (salvo agro, energía y finanzas) siguen hacia abajo. Las previsiones inflacionarias empeoran por la guerra en Medio Oriente.

Frente a tanta desventura el Gobierno encuentra un consuelo: 2026 no es un año electoral.

Eduardo van der Kooy

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