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Lo que de verdad le da miedo a Trump

hace 6 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Pablo Foncillas

Donald Trump ganó mucha popularidad hace años gracias a aparecer en un reality de televisión llamado The apprentice. Parece que todo lo que aprendió entonces lo aplica en su rol como presidente de los Estados Unidos cuando interactúa con la prensa o en cualquiera de sus apariciones públicas.

Anthony Scaramucci, que fue, durante once días, director de comunicación de la Casa Blanca en su primer mandato, considera que Trump es uno de los mejores productores del mundo de realities. Lo dice porque cree que el presidente de los Estados Unidos sabe responder perfectamente a esta pregunta: ¿Qué es lo que tenés que hacer para que un reality tenga éxito?

Primero creás conflicto, luego creás una situación absurda. Tras ello creás drama y, finalmente, buscás una solución que de alguna manera da tranquilidad a la audiencia. Economía de la atención pura. Es exactamente la estructura de cualquier reality show, y no es casualidad. Si uno observa su comportamiento, en política, negocios o en comunicación, se descubre ese patrón muy claro…en forma de secuencia. Cada vez.

Podemos poner cualquiera tema como ejemplo: tarifas (primero las sube, luego las baja porque “no quiero herir a la gente”); Groenlandia (que confundió con Islandia en varias ocasiones... lo cual es comprensible, ya que Groenlandia es blanca y está cubierta de hielo, mientras que Islandia es verde y está cubierta de turistas, como dijo el Wall Street Journal); el Nóbel de la Paz; Ucrania; su relación con Elon Musk; las intervenciones del ICE en su propio país; Venezuela; ahora Irán, quizás Cuba en breve o el tema de hoy (porque cada día hay un nuevo tema).

Da igual. Lo que importa es la estructura narrativa. Trump entiende mejor que nadie que las marcas son la narrativa que son capaces de construir. Trump quiere parecer una marca fuerte así que todo lo que hace debe seguir esa secuencia donde él mismo genera un problema fuerte y busca una supuesta solución fuerte. Claro, Donald Trump quiere ser una marca fuerte-fuerte, como todo lo que hace... que debe ser fuerte.

Quizás lo que estemos contemplando es que al inquilino de la Casa Blanca lo que le preocupa, lo que le aterroriza, sea el aburrimiento. Cuando la situación está tranquila... él se pone nervioso. No le gusta la normalidad. No le gusta el trabajo a puerta cerrada, las políticas pausadas y discretas que se asientan con el tiempo. Por eso crea drama, ataca, cambia de opinión y cierra los temas (generalmente en falso…). Y vuelta a empezar.

Pablo Foncillas

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