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Marzo de 1976: Argentina comenzaba a vivir tiempos de oscuridad, pleno gobierno del peronismo, se incuba el "huevo de la serpiente" con su carga brutal de odio, violencia y sangre. Cita Enrique Crenzel en su libro "La historia del Nunca Más" que entre 1973-1976 se produjeron 8.509 hechos armados; 1.543 asesinados por motivos políticos; 900 personas desaparecidas y 5.148 revestidas como presos políticos.
Recuerda Clarín en un artículo de Ezequiel Burgo, 7/3/26, que la inflación era del 19,4 % en diciembre de 1975 igual número en febrero, cerrando marzo de 1976 en 37,4%. En ese contexto Ricardo Balbín, presidente de la Unión Cívica Radical, se dirige al país por la Cadena Nacional de Radio y Televisión. Aún estaba presente el conmovedor discurso de Balbín en el Congreso ante el féretro del presidente Perón.
Acompañado por importantes dirigentes del radicalismo -los presidentes de los bloques Perette y Trócoli; Pugliese; Rabanal, Vanoli; un joven Rafael Pascual entre otros-, grabado en los viejos estudios de canal Once, de la calle Pavón, se difundió el 16 de marzo. Había quedado en el tiempo la propuesta, nunca ratificada, de integrar una fórmula compartida del Justicialismo y la UCR: Perón-Balbín.
Analizada por los principales dirigentes del radicalismo: Illia; Alfonsín; Marini entre otros, fue desestimada. Desde una perspectiva histórica, muerto Perón, no hubiese tenido fuerza ni legitimidad Balbín para administrar y resolver los enfrentamientos violentos entre la guerrilla peronista y los grupos ortodoxos del peronismo.
Pero, sí tenía Balbín autoridad cívica y moral para hacer un llamamiento a las fuerzas políticas y sociales del país y al conjunto de los argentinos. "Se fue aislando el gobierno, Se fue empobreciendo el gobierno. Y hay que comprender, hay que comprenderlo definitivamente que cuando se descompone el Estado se descompone la sociedad. No hay término medio (...) yo digo en nombre de la UCR para ahora y todos sus tiempos: la bandera de la unión de los argentinos, la vida en paz, el trabajo remunerado, la empresa cierta y sobre todo la defensa de las instituciones de la república, no serán jamás abandonadas por la Unión Cívica Radical (...) Podemos reconstruir hoy o no. ¿Tendremos que rehacer todo después de la catástrofe? Puede ser que sí, pero al más incrédulo de estas concepciones, le afirmo: sí se esperan las ruinas, en las ruinas encontrarán una bandera: No se realizará el país sino sobre la base de la Unión de los Argentinos".
Fue distorsionado y deslegitimado el discurso por sectores antidemocráticos y golpistas. Uno de los mayores intelectuales de nuestra historia, José Luis Romero, expresaba en una carta enviada a Balbín, el 20 de marzo: "Varias veces me he sentido tentado de escribirle después de haberlo escuchado, pero le confieso que no me he sentido autorizado para hacerlo. Esta vez, sin embargo, después de sus palabras del martes último, casi me siento obligado a hacerlo para expresarle mi solidaridad como ciudadano y, permítame que se lo diga, mi admiración por su actitud. Usted nos ha dado una gran lección de alta política (...) Una vez más ha empezado por el principio, a trabajar para un futuro incierto. Es lo que yo he creído entender de su mensaje: una apelación a la unidad de las fuerzas populares para un tiempo difícil en el que su partido tendrá una grave responsabilidad (...) Pero yo sé que no será inútil para Ud. saber que un hombre que no es de su partido y que ha hecho oficio de estudiar la política argentina ha llegado a profesarle una profunda y sincera admiración…”.
Cincuenta años de un discurso histórico y un mensaje que sigue vigente “la Unión de los Argentinos” ante un presente polarizador y empobrecedor.
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