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Para alguien que como yo se había especializado en economía de la innovación, la Presidencia del INTI era el “sueño del pibe”. Con 2500 técnicos, era – junto con la CNEA- el organismo tecnológico mas importante de la Argentina.
Apenas lo nombraron Ministro de Economía, Antonio Cafiero me ofreció la Presidencia, mostrando una vez más su enorme generosidad, pues yo tenía en ese momento 29 años.
Pero – como toda la administración pública- el INTI estaba convulsionado por los enfrentamientos políticos entre izquierda y derecha y en un estado de asamblea permanente. Por suerte, logré el apoyo de un grupo de funcionarios de muy buen nivel técnico y humano, muchos de los cuales serían mis amigos por el resto de mi vida.
Cacho Loterzstain, entonces Director Nacional de Investigaciones; una mente curiosa en mil dimensiones de la vida, comprometido social y políticamente y con capacidad técnica notable. Máximo Victoria, Vicepresidente , quien luego sería brutalmente secuestrado. Juan Valeiras, una mente sistemática y creativa en la planificación de la ciencia. Andrés Dmitruk, Director del Departamento de Electrónica con quien mas adelante encararíamos una aventura tecnológica innovadora en el campo de la medición electrónica para máquinas herramientas. Y con Luis Stuhlman, amigo del alma, a quien aun extraño después de muchos años de su muerte injustamente temprana.
El trabajo era apasionante, aun en medio del infinito desorden económico y político que sufría nuestro país, sin conducción luego de la muerte de Perón, al borde de la hiperinflación y con una incertidumbre que convertía a la administración en un día a día permanente.
Construcción eficiente de vivienda popular; tecnología para grandes centrales eléctricas; los nuevos desafíos de las tecnologías electrónicas y ciencia de los materiales ; el naciente campo de las normas; etc…eran todos campos importantes para una estructura desplegada a lo largo de todo el país.
Pero aun con esta agenda tan demandante, el tema de la conducción política me consumía un tiempo enorme, como reflejo del nivel de desorden y violencia que vivía el país- sin salida a la vista-.
Antes de mí, había dirigido el INTI un grupo de extrema derecha de los que abundaban en el peronismo, que generaban permanentes conflictos y violencia en el campus de Miguelete.
Así fue como a las dos semanas de asumir decidí cortar por lo sano y eché sin más a unos 20 cabecillas de este grupo.
La mañana siguiente de la decisión, estaba yo en la casona de Libertad y Arenales- sede de la Presidencia del INTI-, cuando entraron dos autos de los que bajaron unos diez tipos, quienes con violencia- y armados- subieron a mi despacho y me amenazaron de muerte si no los reincorporaba. Los dirigía un tal Mario Hugo del Carril, un facineroso proveniente de grupos nacionalistas, a quien eché con dureza. Ya en el estacionamiento mostraron sus armas y el tal Del Carril hizo el gesto mafioso de cortarme el cuello.
Como la mano venía en serio, conté el episodio a Cafiero, quien habló con el Jefe de Policía, y este me derivó al Jefe del Área Metropolitana, a quien relaté el tema en detalle.
Cual no sería mi sorpresa cuando al día siguiente me cita en las tristemente célebres oficinas de Coordinación Federal, en la calle Moreno. Al entrar a su despacho, encuentro sentado en una silla al matón Del Carril, quien – sin que yo lo supiera- trabajaba precisamente en la Federal.
El Comisario en cuestión (quien murió al poco tiempo en un atentado), me preguntó si este era el que me había amenazado y cuando le dije que sí, dirigiéndose a Del Carril, le dijo: “Mire Sargento, a partir de este momento Ud es el responsable de la seguridad del Dr. Amadeo y su familia. Si le pasa cualquier cosa a el o a los suyos, Ud. no dura un segundo más. ¿Esta claro? Obviamente el matón se cuadró y desapareció.. Pero yo le dije al Comisario que no quería ver ese tipo a 10 cuadras. La respuesta fue”Olvídese..Ud no lo va a ver mas, pero este tipo no lo jode mas” .
Unos pocos días antes del golpe del 24 de Marzo, Cacho Perrotta, entrañable amigo, entonces director de El Cronista Comercial y luego brutalmente secuestrado y asesinado, me había avisado que este ya era inminente. Yo tuve que viajar a Paraguay para firmar un acuerdo de cooperación con el Instituto similar de aquel país, y regresé- creo- el 22.
El 23, ante la inminencia del golpe, y sin saber que podría pasar, decidimos con Dzidza, mi esposa, irnos a vivir a casa de una tía, no sin antes intercambiar nuestros números de teléfono con los colaboradores mas cercanos.
El golpe se produjo entonces y poco a poco empezamos a hablar con cuidado entre nosotros. La primera noticia cercana fue el encarcelamiento de Guido Di Tella y algún otro amigo.
Pero el 26 a la mañana, llamé a mis Directores y les dije que no podíamos seguir escondidos, porque nosotros éramos funcionarios de un gobierno democrático y que por tanto debíamos presentarnos en nuestro lugar de trabajo, ya que no teníamos nada que esconder y exigir por la seguridad de nuestros compañeros, ya que había rumores de que se habían llevado a varios. Cacho Loterzstain, Alejandro Peyrou, Juan Antonio Valeiras y Máximo Victoria aceptaron esta idea delirante , y al mediodía nos presentamos en la sede del INTI, en Libertad y Arenales y pedimos ver al Interventor designado por los militares.
Al salir de casa, y seguro de que sería encarcelado, me había puesto encima la mayor cantidad de remedios contra mi asma que pude encontrar. Nos despedimos con Dzidza con la emoción del caso, porque no sabíamos cuando nos volveríamos a ver. Como en tantos otros momentos de nuestra larga vida juntos, no solo me bancó sino que me dijo que eso era lo que había que hacer en ese momento.
Al llegar a la sede del INTI en la calle Libertad, fuimos recibidos de manera poco cortés por un oficial con equipo de combate, de quien alcancé a ver el nombre: Teniente Leprón.
Nos paramos los cinco frente a el y le dije que como funcionarios de un Gobierno democrático veníamos a nuestro lugar de trabajo pues no teníamos ninguna razón para no estar allí; y sobre todo que exigíamos información sobre los funcionarios que aparentemente habían sido arrestados sin causa, declaración que el Tte Leprón recibió con la esperada sorpresa.
Nos ubicó a todos en una sala , donde custodiados por dos marinos armados esperamos algunas horas. Al tiempo apareció nuevamente y nos dijo que nos debíamos retirar, pero que no podíamos salir de nuestros domicilios hasta ser notificados sobre nuestro destino, lo que nos sorprendió francamente.
Yo volví a mi “refugio”, y al día siguiente un grupo de la Marina se presentó a buscarnos en nuestro departamento….Pero ya nos habíamos ido a un lugar mas seguro, en lo que sería una nueva etapa en nuestra vida.
Menos suerte tuvo el querido amigo Máximo, a quien se llevaron junto con un grupo de científicos de la CNEA (de donde el provenía) y sufrió terribles torturas, hasta que los militares debieron liberarlo- 6 meses después- por presión de la comunidad científica internacional. Luego fue uno de los mas importantes científicos del mundo en aceleradores lineales.
Pero la historia para mí no terminó allí.. En algún momento del 2009 o 2010 , siendo Diputado, fui invitado a un cocktail en la Embajada de Portugal..En uno de los grupos que se habían armado, había un almirante de uniforme, cuya identificación decía Leprón; entonces Comandante de Área Material de la Armada.
Le pedí hablar a solas y le conté la historia, diciéndole que no entendía porque no nos habían encerrado, o aun matado en ese momento. Leprón se emocionó mucho y me abrazó, diciéndome que en ese momento lo habían enviado al INTI porque era Ingeniero Naval; que el no quería ser cómplice de ninguna muerte y que como sabía que no teníamos antecedentes guerrilleros , apenas vio que en el Comando de Operaciones nosotros no éramos un objetivo importante, nos dejó ir.
Al poco tiempo, me invitó a almorzar a su despacho, cuando llegué al Edificio de la Armada me esperaban bandera y banda y un edecán; y durante el almuerzo me regaló un libro sobre la Armada, en el que había escrito “Para Eduardo Amadeo, por la unidad de los argentinos” .
El 24 de marzo de 2006, nos volvimos a reunir los protagonistas de aquella aventura- con la excepción de Juan Valeiras, quien había fallecido- para recordar esa insensatez que habíamos hecho, solo empujados por la militancia y la juventud.
Nos juntamos a comer en el viejo restaurante Ligure; y al vernos todos juntos nos abrazamos con varias lágrimas de por medio, como una manera de celebrar que estábamos vivos.
Eduardo Amadeo, ex diputado nacional, embajador y dirigente del peronismo y del PRO, fue presidente del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) durante el gobierno de Isabel Perón.
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