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Las íntimas contradicciones del Código Napoleón

hace 8 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Las íntimas contradicciones del Código Napoleón

El 21 de marzo de 1804 Bonaparte daba a conocer el nuevo código civil que llevaría su nombre. Napoleón consideraba que esta era una de sus mayores hazañas, una que perduraría más que las 40 batallas ganadas a lo largo de sus campañas. “Lo que vivirá eternamente será mi código”, solía decir… y no se equivocaba.

Durante la Revolución francesa se había introducido una cantidad inmensa de leyes y decretos (14.400 para ser más precisos), muchos de ellos que entraban en conflicto con la estructura jurídica del Antiguo Régimen, normas locales y que se contradecían entre sí. Y todos sabemos, como dijo Cayo Cornelio Tácito, que cuando hay muchas leyes es como si no existiera ninguna. Y esto constituía, obviamente, un enorme obstáculo para la sana administración pública.

Al asumir el Primer Consulado, Napoleón se propuso reunir en un solo texto gran parte de la tradición jurídica francesa, a pesar de su falta de formación como abogado.

Con una comisión compuesta por cuatro magistrados (Tronchet, Maleville, Portalis y Preameneu) y en un plazo de cuatro meses se redactó el nuevo código civil con la asistencia de Napoleón, quien imprimió al grupo un ritmo de trabajo febril y colaboró con sus opiniones sobre algunos aspectos de las normas. El código se enfocó especialmente en el respeto de la propiedad privada, la igualdad ante la ley y la libertad individual.

Gracias a las conquistas de Bonaparte el código se dispersó por Europa y, después de las guerras de independencia, por las excolonias españolas. Este código no se apoyaba en el poder divino ni de una monarquía, sino en la justicia y racionalidad.

Sin embargo, en la práctica, suprimía parte del espíritu libertario de la Revolución y en muchos aspectos volvía a la esencia del código romano.

A pesar del tan mentado respeto a la libertad, el código no emancipaba a las mujeres como lo habían propuesto los gobiernos revolucionarios.

Además la libertad de los individuos era frágil: el gobierno podía apresarlos por distintos pretextos. Por ejemplo, el código prohibía cualquier asociación que atentase contra las fuentes de trabajo, entendiendo que el derecho a huelga o los reclamos salariales subvertían el orden.

La gente de color podía ser esclavizada y la esclavitud regía en las colonias francesas, como Haití, donde el ejército francés luchaba contra las fuerzas encabezadas por Toussaint L’Ouverture, jefe antiesclavista que terminó sus días prisionero en Francia. También limitaba la posibilidad de testar, aunque suprimió el mayorazgo propio de los gobiernos feudales.

El código facilitaba el divorcio para los hombres por adulterio de la esposa, incluso sin pruebas fehacientes, pero dificultaba la separación para las mujeres, que solo podían hacerlo si el marido llevaba a su amante al lecho conyugal (¡!).

Esto reflejaba la opinión de Napoleón expresada en más de una oportunidad: “Las mujeres no son más que máquinas de producir niños”. También el código permitía que los hijos fuesen encarcelados por indicación de sus padres sin aclarar las razones (Julio Verne lo hizo con su hijo Michel).

A pesar de ir contra los principios revolucionarios, el código se difundió y fue base de muchas normativas civiles de varias naciones. Sus contradicciones fueron corrigiéndose paulatinamente con el pasar de los años y la evolución de las ideas.

Ya lo había dicho el mismo Napoleón: “Las leyes de las circunstancias son abolidas por las nuevas circunstancias”, el principio dinámico que rige a una sociedad.

Omar López Mato

Médico y escritor. Autor de "Ciencia y mitos en la Alemania de Hitler", "La patria posible", "Ringo y Joe", entre otros.

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