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Entrevista a Martín Balza, a 50 años del golpe militar: "Videla era débil en el mando, irresoluto y falto de carácter"

hace 8 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Entrevista a Martín Balza, a 50 años del golpe militar: "Videla era débil en el mando, irresoluto y falto de carácter"

El 25 de abril de 1995 a las 22, cuando se iniciaba Tiempo Nuevo, el popular programa político de TV conducido por el periodista Bernardo Neustadt, el entonces Jefe del Estado Mayor General del Ejército, Martín Balza, empezó a cambiar la mirada de parte de las Fuerzas Armadas argentinas respecto de la dictadura iniciada el 24 de marzo de 1976. La expectativa era total. “Estaba lleno de periodistas, sólo se escuchaba el click click de las cámaras de fotos”, recuerda Balza ahora, en diálogo con Clarín. En un discurso histórico (“Autocrítica del ejército por la represión ilegal”, tituló este diario en su tapa del día siguiente), hizo durante casi diez minutos una revisión histórica.

“En un inédito mensaje, el jefe del Ejército dijo que la verdadera reconciliación llevará generaciones. Reiteró que no existen listas de desaparecidos, pero que si se pudieran reconstruir las difundiría bajo su responsabilidad”, se leía en la nota. Recuerda Balza: “En esa época yo leía mucho la quinta edición del diario La Razón, que solía publicar en tapa que había cuerpos de desaparecidos enterrados en Campo de Mayo. Un juez me decía: ’Señor general, mire, que hay una denuncia, vamos a ir allá’. Entonces iban con retroexcavadora y nunca encontraban nada. Pensaba referir al tema el 29 de mayo, Día del Ejército Argentino. Mi postura respecto de lo realizado durante la dictadura la había ido dando de a poco en diferentes actos. Siempre metía un bocadillo sobre el incorrecto comportamiento de la fuerza. Pero, un día, La Razón titula algo así como ‘Incomprensible silencio del Ejército’. Y yo dije: ‘Tan duro como real’. Entonces les comuniqué a los oficiales que trabajaban estrechamente conmigo en el área institucional que había llegado la hora de dar un mensaje en el que venía trabajando. Uno de ellos se contactó con la señora Clara Mariño (histórica productora de Neustadt), quien accedió de inmediato a mi concurrencia al programa cuando le dijeron que teníamos que dar un mensaje importante”.

—Cuando se corrió la noticia de que yo iba a lo de Neustadt, me llama (Carlos) Corach (entonces ministro del Interior) y me pide que le cuente de qué iba a hablar. Le dije que le iba a mandar el fax con mi mensaje. Pero yo no le tenía que dar explicaciones a él, así que no le mandé nada: todavía debe estar esperando. Distinto hubiese sido si quien me lo pedía era el presidente (Carlos) Menem. Después me llamó (Oscar) Camilión (ministro de Defensa), que sí era mi superior: “Antes de ir al canal paso a verlo”, le dije. Pero tampoco llegué porque se hacía tarde y le adelanté: “Doctor, muchas de las cosas que voy a decir ya las he dicho”. Así que el programa empezó conmigo. Y después pasó lo que pasó.

—¿Qué sentí? Tranquilidad para mis subordinados, miles de dignos generales, oficiales y suboficiales que nunca se apartaron de las leyes y reglamentos militares y de la ética sanmartiniana. No puedo omitir un comentario del ex fiscal Julio César Strassera sobre el mensaje que di aquella noche: “Balza dijo todo lo que podía decir, no podía decir más”. Y tampoco puedo omitir que, en ese entonces, todos, terroristas y no terroristas, estaban indultados por el Poder Ejecutivo Nacional, desde diciembre de 1989.

—Yo estaba haciendo un curso en el Centro de Altos Estudios Militares de Perú. Fue, creo, el golpe de Estado más anunciado de la historia argentina y quizás del mundo. Hasta The New York Times lo había anticipado ya en diciembre del ‘75. “Probablemente en pocos meses más”, escribió su periodista. Yo me iba enterando por cosas que me contaban, pero nada más. Al almirante Emilio Massera y al brigadier Orlando Agosti no los conocía. Sí conocía al general Jorge Rafael Videla, quien, no solo para mí, carecía de las necesarias aptitudes para el cargo. Era débil en el mando, irresoluto y falto de carácter.

—A los tres miembros de la junta militar los había nombrado María Estela Martínez de Perón. Fue entonces que escuché el nombre de (Emilio) Massera. De Videla, con quien me había cruzado alguna vez, él como capitán y yo como cadete, sabía poco: que había estado en disponibilidad, que era totalmente carente de las más mínimas aptitudes de mando y un irresoluto total. Massera lo odiaba. Massera fue la extrema síntesis de la ilegalidad y la corrupción. Robó una finca en Chacras de Coria (Mendoza), la vendió, mató a sus dueños, después a su abogado. Bueno, ése era Massera.

—En mi opinión, no. La subversión estaba debilitada, aunque no vencida; aprecio que dispondría aproximadamente de algo más de dos mil hombres con limitada capacidad y armamento. Era suficiente continuar operando con las fuerzas de seguridad, y me refiero a Gendarmería Nacional y Prefectura Naval, la Policía Federal, las policías provinciales y el apoyo logístico de las Fuerzas Armadas. Uno de los golpistas, el general Genaro Díaz Bessone, dijo: “El golpe no se dio para combatir la subversión, sino para cambiar un sistema político-económico. Nada impedía continuar la lucha con las fuerzas de seguridad y policiales”. Les apuntaron a todos los que calificaban de irrecuperables oponentes: políticos, obreros, estudiantes, empleados, docentes, sindicalistas, periodistas, diplomáticos, religiosos, deportistas. Y más de 100 soldados conscriptos: algunos dicen que 180... El número no me consta. Fueron soldados a los cuales hicieron desaparecer como desertores. Soldados acusados de desertores porque no volvieron a sus cuarteles… ¡No volvieron porque los habían desaparecido! Respeto todas las opiniones, pero hoy y desde hace varias décadas, estoy convencido que los golpes de Estado fueron lamentables y el último fue el más sangriento y criminal de nuestra historia. Reitero que una cosa es el accionar de las bandas terroristas marginales y criminales, y otra es que el Estado se convierta en criminal. ¿Sabés lo que dijo Videla cuando asumió en la dictadura?

—Habló de sus valores cristianos. Te lo voy a leer: “Para nosotros el respeto de los derechos humanos no nace sólo del mandato de la Ley, es la resultante de nuestra cristiana y profunda convicción acerca de la preeminente dignidad del hombre. Asumimos el ejercicio pleno de la autoridad, no para conculcar la unidad sino para afirmarla como valor fundamental. No para torcer la justicia, sino para imponerla”. Y Massera, unos días después, dijo: “Todos obramos a partir del amor, que es el sustento de nuestra religión. No tenemos problemas y las relaciones son óptimas, tal como corresponde a cristianos”. Es muy parecido a lo que dijo (Adolf) Hitler en 1933, cuando asumió como canciller del Reich. La única diferencia es que Hitler asumió ganando en inobjetables elecciones libres. Para los años ‘70, Alemania ya había superado el odio. Nosotros llevamos 50 años sin haber aprendido un carajo ni avanzamos hacia la ansiada reconciliación. Hicieron desaparecer a gente digna. Se emplearon procedimientos ilegales, clandestinos y deleznables.

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