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¿Se puede escribir sin vanidad?

hace 12 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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¿Se puede escribir sin vanidad?

Es fascinante escuchar a alguien apasionado por su oficio reflexionando sobre él. Nicolás, el relojero que cada tres o cuatro años revisa un reloj de pie que pasó de mi abuela a mi padre y de él a mí, se pierde hablando de engranajes, varillas, carillones. Alfonso, especialista en sonido, me explicó durante 10 minutos hace poco por qué los micrófonos corbateros que yo quería comprar para grabar con el celular no son lo que necesito. Algo se enciende en la contagiosa intensidad de quien conoce la entretela de su arte.

Sucede también con los escritores, que pueden pasarse horas auscultando atmósferas, técnicas y comparten sus hallazgos, mientras saborean cada palabra como un buen vino. ¿Entre la vanidad y el perfeccionismo, qué es peor para un autor?, se preguntaban los españoles Francisco M. Soria y Espido Freire al presentar en Madrid “Regálame una historia” (Rosamerón), el ensayo que Soria acaba de publicar, en el que propone una mirada humanista sobre el oficio de escribir, guiada por los mitos de la antigüedad (la imagen del laberinto, Edipo preguntando a la Esfinge o Narciso, enamorado de su imagen, entre otros símbolos).

“¿Peor? La vanidad, sin duda. El perfeccionismo se trabaja”, afirmaba Soria, editor que ha tratado por décadas con escritores noveles y consagrados. “Yo estoy fallando miserablemente en esto”, se sinceró Espido. “Intento trabajar la humildad todos los días, pero algo debe fracasar porque creo que hace falta un fuego interno para seguir buscando una historia con una mirada propia”, contó quien en 1999 fue la autora más joven en ganar el Premio Planeta por su novela “Melocotones helados”.

Los españoles Francisco M. Soria y Espido Freire en la presentación madrileña del ensayo "Regálame una historia" (Rosamerón),  que se vale de los mitos antiguos para reflexionar sobre la escritura y sus desafíos.

Quizá sea esa confianza insobornable en la valía de la propia voz, el ingrediente crucial para seguir escribiendo, a pesar de obstáculos, sinsabores y de los millones de títulos que ya existen. Distingue una afición de una vocación y su llamado. La historia de la literatura es fecunda en casos de originales rechazados, exitosos luego, que salvó del silencio la convicción de sus autores.

Con eso no alcanza, por supuesto, porque lo que define a un escritor es la obra y esa hay que urdirla, corregirla, trabajarla, en fin, con la dosis exacta de celo y distancia, una y otra vez. Pero acierta Freire cuando alude a una llama: sin la íntima certeza de que lo que escribimos vale, hay más excusas que páginas. ¿Vanidad? Más bien, una forma de fe.

Raquel Garzón

Periodista y poeta, construyó una carrera a ambos lados del Atlántico. Es autora de cinco libros de poemas, entre ellos, "Riesgos de la noche" y "Monstruos privados", ambos publicados por Alción. [email protected]

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