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Los huérfanos de Fútbol de Primera: memorias de lo que fuimos

hace 12 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Los huérfanos de Fútbol de Primera: memorias de lo que fuimos

A propósito de la muerte de Marcelo Araujo, el relator desbloqueó un nivel de recuerdo subterráneo, activó un torrente de memorias perdidas. Fue como si esa partida hubiera abierto abruptamente las puertas de una "represa", un archivo de goles, pero también de vivencias familiares y fibra íntima alrededor de la pelota.

Estamos viviendo días de un fenómeno de nostalgia demoledora. Entrar a las redes sociales es empaparse de una atmósfera de duelo por aquel reino perdido que fue Fútbol de Primera.

Veinticuatro años duró ese antibiótico de la angustia de los domingos por la noche. Aquella patria televisiva de infancia y adolescencia vuelve en muletillas de Araujo como "¿me da permiso, Macaya? Voy a gritarlo"... o "¡La que te devoraste!"...

Basta escuchar la combinación de palabras "lo que viene, lo que viene", o poner la cortina de Vangelis que musicalizaba la primera época de Fútbol de Primera para hackear una mente anestesiada. Sintetizadores, orquesta robótica, atmósfera futurista y de epopeya... El verdadero hincha despierta a su yo de entonces con apenas uno de esos acordes.

Había algo poético en la espera para encontrarse con un resumen que hoy es un recorte viral disponible al instante. Fútbol de Primera enseñaba a desear en cuotas, a manejar la ansiedad y a compartir en tribu ese tesoro que estaba embargado hasta la hora de la cena.

El día que Castrilli le sacó la roja a Maradona en un partido caliente...

Desde el 4 de agosto de 1985 -la primera emisión del programa- hasta el 13 de diciembre de 2009 fueron más de diez mil partidos y de veinte mil goles los reflejados en pantalla, pero lo que construyó un sólido recuerdo popular fue el color, lo periférico, el gag, ese potente videoclip noventoso que nos devuelve a Carlos Babington en el banco tragándose la colilla del cigarrillo, o a Diego Maradona rogándole al "Sheriff" Javier Castrilli: "¡Pero maestro... ¿Está usted muerto? Hábleme, por favor se lo pido".

En Youtube, por ejemplo, hay hermosos disparates como Walter Perazzo avisando "Muevo yo, Mauro" con un sombrero de mariachi, u Osvaldo Damiano con dos cartelitos en la mano, uno con el "muevo yo, Mauro" y otro con el remate "de nada, Mauro".

Hubo un Fútbol de Primera primitivo, con helecho incluido y austeridad, y hubo otro de avanzada que contribuyó al show y tan bien quedó resumido en una gran publicidad que anticipaba el despliegue descomunal de cámaras. "No me pidan que cabecee", decía un goleador con la melena impecable antes de salir por el túnel.

Usina de instantes fundacionales como "lo espero en Segurola y Habana 4310", el ciclo comandado por Enrique Macaya Márquez no se trataba sólo de los momentos espectaculares como podía ser la rareza entonces del gol de un arquero a otro ("Chiquito" Bossio a Nacho González), sino del modo en que los productores elegían comunicar en la previa y en el post. En la edición había una forma de construir la realidad y de imprimir el recuerdo.

El primitivo "Fútbol de Primera"

En el equipo también había realizadores de cine que dejaron "minipelículas" inolvidables y dramaturgos que manejaban magistralmente los arcos narrativos, articulaban el conflicto, tensaban la trama y daban voz a ciertos personajes.

Un día el ritual se desintegró y quince años después del final del programa, Araujo fue llorado y "velado" en redes: en la era de la autorreferencialidad, más que despedirlo, despedimos una parte de nosotros.

Marina Zucchi

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