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La crisis energética más grave de la historia será esta semana el eje central de la conferencia CERAWeek by S&P Global en Houston, Texas, Estados Unidos, donde participarán empresarios argentinos como el dueño de Techint, Paolo Rocca, y funcionarios del gobierno de Javier Milei, como el secretario de Coordinación de Energía y Minería, Daniel González.
La delegación argentina tendrá también sus propias actividades por fuera de la convención, con el presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, que el jueves será el orador de un encuentro en la sede local del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), donde lo escucharán decenas de empresas internacionales.
Durante esta semana, además, buscará avanzar en el financiamiento y acuerdos con socios para el proyecto de Gas Natural Licuado (GNL), que demandará inversiones por unos 20.000 millones de dólares en infraestructura en los próximos 5 años.
Hasta hace un mes, la mayor convención energética del mundo iba a estar orientada a los efectos de la inteligencia artificial sobre la demanda y , sobre todo, la oferta de energía para abastecer a los data centers. Pero la guerra en Medio Oriente, tras el ataque de Israel y Estados Unidos a Irán, cambió el escenario y disparó los precios del petróleo y el gas licuado.
Con la seguridad de suministro energético en peligro para la Unión Europea, China, India, Corea del Sur y Japón, el momento más esperado de la conferencia que se desarrollará entre este lunes 23 y el viernes 27 es el discurso del secretario de Energía de los Estados Unidos, Chris Wright, a primera hora del día de apertura.
El año pasado Wright era aplaudido desde la primera fila por el secretario de Interior, Doug Burgum, que levantaba al público. No era para menos: los petroleros del mundo estaban encantados por escuchar que el gobierno de Donald Trump dejaba atrás las "políticas verdes" y favorables a las energías renovables de Joe Biden.
Los republicanos apuntaban a una baja sensible de los precios de la gasolina y el diésel, que sostenía a su base electoral. Y lo lograron: en enero de este año se conseguían los combustibles en casi todo el país a menos de 3 dólares por galón (US$ 0,80 por litro). La Casa Blanca celebraba en redes sociales con videos de Trump y la canción de Daddy Yankee "dame más gasolina" de fondo.
Dos meses más tarde, en un mundo cambiante, los precios de los combustibles superan los 4 dólares por galón (US$ 1,10 por litro), con malestar de los consumidores estadounidenses.
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