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Vaca Muerta necesita 20.000 millones de dólares de inversiones por año para competirle a EE.UU.

hace 12 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Vaca Muerta necesita 20.000 millones de dólares de inversiones por año para competirle a EE.UU.

Para que Vaca Muerta sea la panacea prometida Argentina debe afrontar dos grandes desafíos: ejecutar un programa de inversiones anual que podría promediar los 20 mil millones de dólares y competir duramente en el mercado de gas licuado de los Estados Unidos, donde aún es más barato producir energía.

El ministerio de Economía y las productoras locales de hidrocarburos coinciden en que la actividad puede ser motor de prosperidad y fuente de divisas, multiplicando el superávit externo que, antes del conflicto en Medio Oriente, ya se encaminaba a superar los 8.000 millones de dólares este año, sobre la base de un barril de crudo a 60 dólares.

Las visiones y proyecciones púbicas y privadas convergen en el mismo punto. Ese superávit comercial puede triplicarse a fin de la década, aún a un valor bastante más debajo que los que se registraron desde el ataque estadounidense a Irán.

Pero tanto el Gobierno como las empresas saben que para sostener los proyectos anunciados y en principio de ejecución, tanto para aumentar la producción como las exportaciones, es necesario un gran volumen de inversión anual, que tendría su pico el año que viene.

El ingeniero Daniel Dreizzen, especializado en temas energéticos, calculó que para desarrollar fuertemente Vaca Muerta, incluyendo todos los proyectos de GNL (gas natural licuado), “en promedio hay que duplicar la inversión actual, de 14.000 a 28.000 millones de dólares año”.

Existen otras proyecciones de consultoras especializadas alineadas con esos cálculos y sobre el supuesto de que se honrarán las promesas de ejecutar inversiones anunciadas.

El año que viene la industria en conjunto debería desembolsar poco más de 21.000 millones de dólares si quiere honrar los objetivos de venta al mundo de hidrocarburos.

Los desembolsos resultan imprescindibles para que Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) –obra de transporte llevar la producción al puerto que aglutina a YPF, Pluspetrol, PAE, Pampa Energía, Vista, Chevron, Tecpetrol, Shell y G y P-- duplique a principios de 2028 las exportaciones petroleras, que hoy promedian los 300.000 barriles día. Y para que Argentina tenga la capacidad de licuar gas por 24 millones de toneladas por año.

La guerra está promoviendo una suba de precios que eventualmente podría ayudar a Argentina, en particular si se mantuvieran en el tiempo los precios más altos, cuando esté lista la infraestructura para evacuar la producción.

La desventaja es que la guerra está impulsando las tasas de interés justo cuando el país necesita financiamiento para desarrollar un ambicioso programa de inversiones. Sean fondos corporativos o bancarios, el mayor costo del dinero tiene un impacto negativo en los proyectos en curso.

Para cumplir las metas exportadoras hay que aumentar la producción de petróleo y gas, transportarla, tener puertos e instalaciones adecuadas y montar plantas para licuar el gas y poder despacharlo por barco. Esas necesidades concatenadas requieren desembolsos millonarios.

El último Outlook de la Agencia Internacional de Energía, organismo ligado a la OCDE, prevé un mundo “sediento de energía” con el gas como uno de los productos protagónicos, cuya demanda “seguirá creciendo hasta el 2030”, a pesar de la prosperidad de las renovables.

El abundante gas de Vaca Muerta tiene una buena oportunidad pero ganándose un lugar a los codazos. Según aquel informe, en el mundo abundan los proyectos para construir plantas de licuefacción y EE.UU. tiene un lugar destacado en esa oferta potencial.

Hace tiempo que ese país se viene perfilando como uno de los actores clave y gracias al desarrollo de los no convencionales, que la técnica del fracking viabilizó económicamente, la principal potencia del mundo pasó de importadora a exportadora. De hecho, cuando Rusia dejó de venderle gas por caño a Europa, el GNL norteamericano se convirtió en un sustituto importante.

Según la AIE, en 2030 la oferta mundial de GNL se habrá incrementado un 50% por la nueva infraestructura en construcción. Y aproximadamente la mitad de esa nueva capacidad de producir GNL está localizada en territorio estadounidense.

Aunque Javier Milei y Donald Trump empaticen ideológicamente, los países que gobiernan librarán una dura puja por mercados, con una desventaja para el producto argentino: a pesar de los grandes avances de productividad local, extraer gas y petróleo no convencional es más caro que en Norteamérica.

En el mercado circulan varios estudios de costos comparativos entre Vaca Muerta y Permian, cuenca productora de Texas.

Un reciente informe realizado por la consultora El Aleph precisa que realizar un pozo en la cuenca neuquina resulta 39% más caro que hacerlo en la texana. Requiere 13,8 millones de dólares vs. US$ 8,4 millones.

El texto no sólo está en línea con otros sobre el punto. El propio Miguel Galuccio, titular de una petrolera con desarrollo meteórico como Vista Energy, sostuvo en Nueva York días pasados que, a pesar de la reducción de costos argentinos, “aún estamos un 30% por detrás de EE.UU.”.

Varias causas explicarían el sobrecosto local según el trabajo. Entre ellos, mayores impuestos, costos laborales (básicamente por las cargas sociales y la cantidad de personal que integra las plantillas de tareas), de servicios específicos y, por supuesto, costos financieros.

El costo del dinero es un factor decisivo que horada la competitividad local y que muchas firmas energéticas hayan hecho exitosas colocaciones de deuda no neutraliza el problema de tener que seguir consiguiendo fondos corporativos o bancarios a una tasa de interés menor a la que afrontan otros inversores en proyectos localizados en otros lugares del mundo.

A pesar de esas desventajas, Argentina tiene atractivo para firmas extranjeras, como lo muestra la muy celebrada inversión de Continental Resources, del magnate y promotor del no convencional, Harold Hamm, a través de la compra del yacimiento Los Toldos Oeste a Pluspetrol.

Para el optimista presidente, CEO y comunicador de YPF, Horacio Marín, eso podría ser un indicio que la cancha no está tan desnivelada y, gracias a una mejora de productividad local, producir en Argentina es una opción atractiva para firmas norteamericanas.

En particular porque los yacimientos de EE.UU. están entrando en una fase de declinación madura, mientras Vaca Muerta es una oportunidad adolescente.

Según los cálculos de YPF, la producción en territorio local puede mantenerse con un costo de alrededor de 45 dólares el barril, mientras que los norteamericanos necesitan un petróleo más caro para que le cierren los números de su explotación.

En realidad no hay consenso sobre cuál es el valor de equilibrio para que los proyectos en Argentina sean económicamente viables y hay tantos números del breakeven como inversores. Ernesto López Anadón, titular del Instituto Argentino del Petróleo y Gas (IAPG), por ejemplo, difiere de la modestia ypefiana y en el streaming especializado Dínamo, acaba de sentenciar que a menos de 60 dólares el barril Vaca Muerta no es viable.

Nada de esto minimiza el reto de tener que conseguir clientes para el GNL argentino en un mercado internacional erizado por la guerra y en el que el país gobernado por Trump es un competidor relevante.

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