El consultor y exsecretario de Finanzas entiende que la suba de la tasa de desempleo es una “fricción” atada a la “transformación del modelo productivo”. “Al mejorar la productividad, el producto puede crecer más rápido que el empleo”, asegura.
Daniel Marx, exsecretario de Finanzas y director ejecutivo en Quantum, asegura que, en un contexto de “plena transformación” del modelo productivo, es apresurado concluir que la tasa de desempleo -de 7,5% al cuarto trimestre, según el INDEC- no seguirá creciendo, puesto que la adaptación de las empresas al nuevo contexto “no es algo que sucede sin fricciones”.
A su vez, el exdirector del Banco Central (BCRA), entiende que el debate sobre desarrollo industrial y el crecimiento de sectores estratégicos -hidrocarburos, minería, agro- deberían complementarse, aunque “no significa que todos de entrada estén bien posicionados”.
Al mismo tiempo, el economista considera que la actividad puede crecer mientras aumenta el desempleo, porque Argentina está mejorando su nivel de productividad y eso puede generar que el producto crezca a mayor velocidad que los puestos de trabajo. Sin embargo, Marx apuesta al equilibrio entre la reactivación y la desinflación -que podría retomar su sendero en abril-, ya que la suba del Índice de Precios al Consumidor (IPC) “es un problema importante, pero no exclusivo”.
Periodista: En el cuarto trimestre de 2025 el desempleo ascendió al 7,5%, registrando su nivel más alto desde la pandemia del COVID-19. ¿Entiende que la suba encontró un pico?
Daniel Marx: Creo que es demasiado temprano para decir que el desempleo encontró un pico, esperemos que así haya sido pero hay cuestiones que pueden afectar la evolución del empleo.
D.M.: Yo creo que estamos en plena transformación del modelo productivo, por razones diversas, pero además nos encontramos con un mundo que también está con mayor incertidumbre. Argentina está relativamente bien posicionada. Hay una doble transformación ocurriendo en el mismo momento. Yendo a lo local, muchas empresas están revisando sus planes productivos, viendo cómo se adaptan y esto lleva un tiempo, no es algo que sucede sin fricciones. En consecuencia, se refleja en el índice de empleo. Si el modelo anterior no funcionaba, transicionar a otro que funcione tiene estas llamadas fricciones.
P.: ¿La discusión se volvió dicotómica entre sectores estratégicos y la industria?
D.M.: En Argentina tradicionalmente hubo una cuestión entre aquellos que producen divisas y atienden el mercado interno primordialmente y que, por ahí, alguno de estos últimos son mayores proveedores de empleo. Pero creo que una cosa debería complementar la otra, teniendo en cuenta que cuando uno quiere que el conjunto esté mejor, no significa que todos y cada uno de entrada estén bien posicionados.
P.: El Producto Bruto Interno (PBI) creció 4,4% interanual en el cuarto trimestre de 2025, al tiempo que en el mismo período el desempleo aumentó. ¿Cuán sostenible es un contexto donde el crecimiento se desancla del empleo y cómo debería empezar a cambiar?
D.M.: Para empezar, una de las razones por las que Argentina se ha quedado atrás en términos relativos en lo que hace a la economía, es porque su productividad ha sido inferior a la de los países y sectores más dinámicos. Entonces, al mejorar la productividad, lo que muchas veces ocurre es que el producto crece más rápido que el empleo, a veces el producto puede estar mejorando y el empleo desmejorando. Por eso hay que tratar de conciliar las dos cosas: que el empleo mejore y el producto también.
P.: Desde que se desató el conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán, el peso argentino, frente al dólar, ¿adquirió una dinámica contraria a la de las monedas de la región? ¿Por qué?
D.M.: Argentina no necesariamente está más vulnerable en términos relativos. En términos de corto plazo nosotros vemos que hubo una cosecha fina que ha sido mejor de lo esperado en cuanto a exportaciones, otra perspectiva de cosecha gruesa bastante favorable, y algunas otras exportaciones ayudando.
Otra cuestión importante en el país son los movimientos de capitales, entonces ahí vemos que hay empresas que levantaron fondos en dólares y los están volcando convirtiéndolos en pesos, para distintos usos. Y lo que también notamos es una disminución importante respecto al ritmo de las llamadas “formación de activos externos netos por residentes argentinos”. Eso quitó demanda y los otros factores aumentaron la oferta. La contrapartida: apareció el Banco Central comprando más divisas. Entonces tenés componentes coyunturales y otros fundamentales.
P.: ¿Cómo impacta el nivel actual de tasas reales a la operatoria de carry trade?
D.M.: Lo más volátil en Argentina ha sido la cuenta financiera y eso involucra, en este orden de magnitudes: primero formación de activos externos netos, segundo emisiones y pagos de deuda, y tercero recién uno diría los movimientos de portafolio de corto plazo. Pero no creo que se haya alterado ese orden, en cuánto al impacto.
P.: A partir de los factores que menciona, ¿considera que el tipo de cambio se encuentra en equilibrio?
D.M.: Yo creo que si comparás con los valores históricos el llamado tipo de cambio real multilateral uno no puede decir que está muy desalineado, ahora esta visión puede cambiar por distintas circunstancias.
P.: Si el Gobierno, como planteó el propio Luis Caputo, demora el ingreso al mercado de crédito internacional, ¿cuál entiende que es la fórmula para hacer frente a los vencimientos de deuda de este año? ¿Acumulación de reservas y superávit?
D.M.: A mí me parece importante separar las cuentas del Tesoro de las cuentas del Banco Central. El que tiene que atender esos pagos es el Tesoro. Esto puede ser porque tienen los pesos o porque consigue dólares. Y yo creo que para tener los pesos está la combinación de resultado fiscal de caja y los movimientos de endeudamiento que haga en pesos y en dólares, y lo que correspondería es que no utilice el saldo en el Banco Central que fue creado artificialmente.
P.: A poco de haber iniciado el tercer año de mandato, ¿entiende que la confianza del mercado fue variando? Si es así, ¿en qué sentido?
D.M.: Todo influye en la apreciación del mercado, pero el programa no es rígido, se va revisando, actualizando, para bien o para mal. No habría que tomar algo congelado en el tiempo.
P.: Respecto de la inflación, economistas estiman que el IPC podría desacelerar en abril respecto del número que se conocerá de marzo, pero la inflación núcleo continúa por encima del 3%. ¿A qué se debe?
D.M.: Hubo algunos precios relativos que se fueron ajustando, y dentro de ellos los “regulados”, y también cuestiones estacionales que explican el fenómeno.
P.: ¿Qué factor funciona actualmente como ancla para retomar el proceso desinflacionario?
D.M.: Es una conjunción de factores. El Gobierno parece haber armado esta fase de programa para evitar un programa de shock, y eso es manejar la política monetaria y fiscal de manera que no genere exceso de demanda agregada, y en consecuencia aprovechar el mercado cambiario tratando de evitar las volatilidades que tuvimos el año pasado, morigerar eso. No hay un solo ancla.
P.: Sabe que hay economistas que plantean un trilema de cara a 2026: baja de la inflación, acumulación de divisas y recuperación de la actividad. ¿Cómo se resuelve? Dado el nivel de actividad en sectores demandantes de empleo y la necesidad de acumular divisas, ¿la inflación todavía aparece como objetivo prioritario?
D.M.: Esto no es irse a los extremos o priorizar uno y que los otros se deterioren. Esto es dinámico, la inflación es muy importante pero no exclusivo.
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