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Virginia Gamba: "Hoy no hay cómo limitar la cantidad de armas, se acabaron las convenciones que se ocupaban del tema”

hace 13 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Virginia Gamba: "Hoy no hay cómo limitar la cantidad de armas, se acabaron las convenciones que se ocupaban del tema”

-¿Cómo ve el escenario internacional de proliferación de conflictos, con el trasfondo de las armas de destrucción masiva?

-Posiblemente, es la peor proliferación que hemos visto en los últimos 40 años. Es un fenómeno masivo muy preocupante. Hay una tecnología de punta que es accesible a muchísimos actores, quienes están impulsando un cambio o renovación de las armas destructivas que ya tenían. Pero eso ahora aumentó 10 veces más. En todos los espacios de armas, sean de destrucción masiva, nucleares, químicas o biológicas hay avances. Frente a eso, no hay métodos para limitar su cantidad porque se acabaron las convenciones que se ocupaban del tema. En efecto, hoy existen en el mundo unas 12.500 bombas nucleares, aproximadamente. Antes había una limitación cercana a las 1500 que se podían tener listas para usar.

-A partir de lo que afirma, ¿qué capacidad de maniobra o influencia tienen los organismos multilaterales ante la creciente ola armamentista?

-Ninguna. La única capacidad que tienen los organismos internacionales es de verificación monitoreo e inspección. Eso solamente afecta, y es obligatoria, para los países que han firmado acuerdos que permitan ese tipo acciones. Aquellos que no los han firmado no tienen la necesidad de ser monitoreados.

-Teniendo en cuenta los liderazgos actuales en Estados Unidos, Rusia y China, ¿qué puede hacer la Organización de las Naciones Unidos para limitar el poder o el uso de la fuerza de las grandes potencias?

-Todo depende de las personas más que de las instituciones. La ONU, en verdad, es la suma de sus Estados miembros; una organización que le da un mandato a los funcionarios internacionales contratados por la mima para realizar una tarea. Pero sin una resolución del Consejo de Seguridad, el secretario general no puede hacer nada. Ahora, de manera informal sí se pueden hacer algunas cosas: diplomacia; diplomacia preventiva; ofrecer el espacio de Naciones Unidas para el diálogo; ofrecer buenos oficios para mejorar la comunicación entre las partes. Sin embargo, en los últimos 15 años la oficina ejecutiva del secretario general no se ha caracterizado por tomar la iniciativa de promover buenos oficios.

-Porque es consecuente con el endurecimiento de las posiciones políticas entre los Estados miembros. Si se mira retrospectivamente, eso empieza con la “Primavera árabe”: una serie de conflictos internos que lleva a grandes represiones, cambios de gobierno, golpes de Estado y grandes dictaduras. Todo puede resumirse en la situación de Siria a partir de 2011. Pero, en efecto, cuando los grandes actores - Rusia, China, Estados Unidos - empiezan a jugar directamente en los conflictos, eso hace que Consejo de Seguridad se divida, generando así que no haya consenso para firmar resoluciones. Entonces, no hay mandato para buenos oficios.

-En función del escenario armamentístico y geopolítico que describe, ¿qué rasgos definen al siglo XXI?

-Hoy a las personas les importa muy poco todo lo que ocurre en el mundo, resulta curiosa la falta de opinión de la sociedad civil. En las décadas de 1950 y 1960, cuando existía el peligro de una guerra atómica y nuclear, surgieron grandes Organizaciones No Gubernamentales, que marchaban por el mundo, en grandes demostraciones, demandando que se termine la amenaza de las armas de destrucción masivas. Hay algo muy curioso en el siglo XXI: la sociedad civil está apagada, no tiene opinión sobre la necesidad de prohibir las armas de destrucción masiva. Se han olvidado sus efectos sobre la civilización.

-Semanas atrás se conformó en Estados Unidos una llamada “Junta de la Paz”, ¿qué cabe esperar de este espacio?

-Hay una narrativa confusa sobre lo que es el “Board of peace”. Esta iniciativa no es de Donald Trump, ni es norteamericana. Nace directamente de una resolución, que es jurídicamente vinculante, del Consejo de Seguridad de la ONU, en noviembre de 2025. La disposición pide a los Estados miembros tres cosas: que se realice un proceso de paz verificable; que en la Franja de Gaza haya una fuerza que garantice el cumplimiento del acuerdo entre Hamás e Israel; que se reconstruya ese territorio destinando dinero. Con esa Junta de la Paz, Tramp toma la iniciativa para cumplir con esa disposición, pero la presenta como propia.

-No es una anomalía ni una excepción. Existe una tendencia global creciente, que comienza con la pandemia de Covid-19 en 2020, en la que se advierte un hastío ante la política tradicional y los sistemas clásicos de gobierno, generando un contraefecto frente a la globalización, la interdependencia y la regulación. De hecho, la política argentina, lo que ocurre en el país, no es excepcional. En otros países surgen gobiernos parecidos, que tienen las mismas intenciones.

-Gobiernos de distintos países hacen foco hoy en la problemática migratoria y sus consecuencias internas, ¿qué pueden hacer la diplomacia, la política, la sociedad civil para advertir el impacto humano de este fenómeno?

-Es, posiblemente, uno de los problemas más nuevos que existente, dado su volumen. Desde la “Primavera árabe”, cuando comienzan las grandes migraciones, hay guerras en esas zonas. También nuevos grupos terroristas en África y Oriente Medio que espantan a las poblaciones civiles. Eso genera pobreza, haciendo emerger dos tipos de migrantes: los luchan por su vida tratando de salir de una zona de conflicto y los que buscan un futuro mejor escapando de la miseria. En este marco, Europa está obsesionada con la inmigración. El problema es enorme y nadie lo está afrontando de una manera concreta. No obstante, la ONU, a través de su rama humanitaria, es la única organización que vela por los intereses básicos de los inmigrantes, pero no puede ocuparse de reinsertarlos en la sociedad.

Virginia Gamba es argentina, vivió y estudió en Perú, España y Gran Bretaña. Es Licenciada en Estudios Hispanoamericanos de la Universidad de Newcastle y Magíster en Estrategia por la Universidad de Gales. Fue docente del Instituto de Estudios de Guerra de king’s College de Londres y de la American University de Washington DC. Experta en control de armas, desarme y desmovilización de la Fundación MacArthur en Chicago, subdirectora del Instituto de Estudios Estratégicos de Pretoria, en Sudáfrica, Directora de la Oficina de Desarme de la ONU en Nueva York. Fue Representante Especial del Secretario General y se desempeñó como Directora y Adjunta de la Alta Representante para Asuntos de Desarme (UNODA). Fue jefa del Mecanismo Conjunto de Investigación (OPAQ-ONU), dirigiendo las investigaciones sobre el uso de armas químicas en Siria. Es autora de decenas de libros. El último: “En la Cuerda Floja: Crónica de una lucha por la paz y el desarme” (Editorial Edhasa, 2025).

Damián Toschi

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