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Antes que nada, una buena del gobierno: le sacaron algunos impuestos a los autos y lograron que bajen los precios. En realidad, por ahora los autos standard bajaron muy poquito. Millón más millón menos, siguen valiendo casi lo mismo. En cambio los autos de alta gama bajaron un montón.
Por ejemplo, si te querías comprar un Porsche 911 Carrera 4GTS que hasta hace unos días costaba 480.200 dólares ahora te lo podés comprar por solo 390.000 verdes. Si querías darte el gusto de comprarte un Mercedes Benz GLE 450 que costaba 205.000 dólares y no te animabas, gracias al gobierno hoy te lo podés llevar por 164.900, y si lo apurás al concesionario con 160.000 o 150.000 en mano seguramente te lo tira por la cabeza. Ni hablar si soñabas con comprarte el Mustang Dark Horse de 97.000 dólares que ahora lo podés comprar con apenas 75 luquitas. Una fiesta. Hay que apurarse antes de que se agoten.
Eso sí, pongámonos de acuerdo en algo: si usted es pobre y no puede aprovechar ninguna de estas oportunidades ya no es culpa del gobierno. Tratemos de que el resentimiento de quienes han fracasado en la vida no empañe este extraordinario logro de Caputo y Sturzenegger.
Otro breve “antes que nada” es para la abogada y periodista Natalia Volosin que en los últimos días deschavó la documentación que tenía cajoneada el fiscal Taiano sobre la causa LIBRA. Al parecer, salvo Conan, estarían todos hasta las tetas.
Se supone que la Justicia debió haber actuado hace rato pero parece que el fiscal Taiano no encontraba los papeles y demoró todo. Se ve que con el tema de la Navidad, los regalitos, la sidra, el Año Nuevo y el veraneo, se dejó olvidada la carpeta con las pruebas en algún lado y por eso la causa no avanzó. Por suerte Volosin la encontró y, por las dudas de que el fiscal la vuelva a perder, publicó los datos más importantes del asunto así todos estamos al tanto de todo.
Taiano debe ser medio ingrato porque, en lugar de darle las gracias a Volosin por haberle encontrado la carpetita, el tipo se ofendió, decidió mandarle carta documento y citarla a declarar. Error. Eligió mal la contrincante. No tuvo en cuenta que esta mina, además de ser periodista, es abogada graduada en Yale y sabe de derecho más que el fiscal, la fiscalía, el juzgado y toda la parentela.
Para colmo la salieron a bancar la Academia Nacional de Periodismo, ADEPA y medio país periodístico por lo que el fiscal, de puro descuidado, se compró un quilombo de novela. Hasta hace un par de semanas Taiano no sabía quién era Volosin. Hoy no puede dejar de pensar en ella.
En el último “antes que nada”, destaquemos que volvió Macri. En un acto con muchos papelitos y algunos globos, el Gato se puso las pilas y relanzó el PRO. En el evento hablaron varios dirigentes leales y también habló Ritondo. Santilli no fue porque hubiera parecido una cargada. En síntesis, aparentemente Macri vuelve a dedicarse de lleno, y en forma exclusiva, a la política. Gran noticia para la política. Y para el bridge. Y para la FIFA. Y para las truchas del Nahuel Huapi cuando nadan frente a Villa la Angostura.
La historia nunca se repite igual pero de todos modos se recomienda conocerla para evitar que, cuando la jugada tienda a repetirse, la pelota no se te clave otra vez en el ángulo y uno pueda manotearla y sacarla por arriba del travesaño.
Hace unos días reapareció CFK. Tuvo que ir a declarar como imputada en la causa de los Cuadernos. Para los que no se acuerdan del tema, es la causa derivada de la aparición de los cuadernos en los que Centeno, el chofer del subsecretario Baratta (el segundo de De Vido), anotaba toda la guita que iba y venía.
“Iba y venía” es un decir porque la guita siempre iba, nunca venía. Iba de las oficinas y domicilios de los empresarios contratistas del Estado a los despachos y domicilios de los funcionarios del gobierno de Néstor y Cristina. Incluido los domicilios de los propios Néstor y Cristina. Flujo en un solo sentido. Mano única.
Por si hubiera alguna duda, la mayoría de los implicados son arrepentidos que reconocen haber hecho todo aquello de lo que se los acusa. No se entiende para qué hacen el juicio si ya sabemos que son todos culpables.
El punto es que Cristina reapareció. Se la vió deteriorada, seguramente golpeada por el paso del tiempo y el encierro. Se sentó a un metro y medio de Julio de Vido a quien nunca saludó. ¿Por qué estaría tan enojada con quien fue, por así decirlo, su gerente comercial? ¿Tal vez, en el famoso “iba y venía”, algo se quedó en el camino? Cosas que pasan cuando hay mucho tránsito.
Pocos días antes, el ministro Caputo se presentaba en un foro empresario en Mendoza diciendo “el riesgo kuka no existe, hay cero posibilidad de que el kirchnerismo vuelva”. Lo dijo en el contexto de una apelación para que la gente ponga la plata en los bancos argentinos y de ese modo impulsar el crédito y la inversión. “Traela vos campeón y después hablamos” pensó todo el auditorio pero nadie se atrevió a decírselo.
Cuando conectamos lo de Cristina con lo de Caputo, la historia hace sonar todas las alarmas. Pero como decimos siempre, nuestros principales dirigentes carecen de todo conocimiento histórico. Si así no fuera, la mitad de nuestros problemas ya estarían resueltos.
1955. Argentina. Comienza un largo período en el cual imaginar la vuelta de Perón era un delirio. Un grupo de amigotes antiperonistas brinda por el final del populismo y el sueño de tener un país democrático y desarrollado. Los une una sola idea: no vuelven nunca más.
1955. Panamá. Acodado en la barra de un oscuro tugurio llamado Happy Land pasa desapercibido un político argentino que ahoga sus penas en una copa de Ron Abuelo. Una mujer se le acerca. “Hola guapo, como te llamás?” Perón levanta la vista y se saca el pucho de la comisura… “Me llamo Juan Domingo, pero todos me dicen El General… y vos? Ella lo mira con interés. El viejo todavía no era tan viejo y conservaba algunos encantos. “Me llamo María Estela, pero todos me dicen Isabelita”.
Ninguno de los protagonistas de estas dos escenas, la de Argentina y la de Panamá, imaginaron jamás la tercera escena:
1973. Buenos Aires. El viejo General con 78 años, que había sido derrocado, despojado de su grado militar y hasta prohibido de ser nombrado en público, luce de pie en el Salón Blanco junto a su esposa Isabelita. Con la salud deteriorada pero impecablemente vestido con el uniforme de Teniente General jura por tercera vez como Presidente de la Nación luego de haber ganado las elecciones con el 62% de los votos. Su Vice era Isabelita. “No le va a dar el cuero” había dicho el General Lanusse por cadena nacional un año antes.
Más de una vez le preguntaron a Perón cómo pudo suceder que 18 años después haya logrado volver al poder. Siempre contestaba lo mismo: “no es que nosotros hayamos sido buenos sino que los que vinieron después fueron peores”.
Es verdad que Cristina no es Perón pero tampoco Caputo tiene la estatura de Lanusse como para darse el lujo de andar canchereando de ese modo. No es así como la gente va a poner la guita en el banco, pero no la entienden.
Para manejar un país hay que saber muchas cosas que no se aprenden en una cancha de rugby.
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