Las últimas estadísticas de la banca central global y el mercado mundial del oro reflejan cierta desaceleración del impulso comprador en el inicio del año aunque merece destacarse que la base de demanda se amplía.
Al inicio de 2026 los bancos centrales continuaron comprando oro, con menor intensidad, pero ampliando el espectro de compradores.
Aún no están del todo claros los movimientos y reposicionamientos globales de los inversores ante el conflicto en Medio Oriente y la escalada del petróleo y del gas, pero lo cierto es que el oro sigue estando en el menú del día. También es verdad que desde el inicio de la operación Furia Épica por parte de Estados Unidos, e Israel contra Irán, el precio del oro reaccionó instantáneamente para luego diluirse a la par de las declaraciones triunfales del presidente Trump. Tras deambular en torno de los 5.000 dólares la onza, en las últimas jornadas bajó apenas por encima de los 4.800 dólares. Varios factores podrían justificar esta debilidad, no solo la reacción de la Fed y otros bancos centrales al nuevo escenario mundial, incluso cierta indigestión de todos los demandantes que en los últimos años vienen acumulando toneladas del metal precioso.
Sin embargo, el año comenzó con un interesante nivel de demanda minorista, de los fondos ETF y también de la banca central. Al respecto, los últimos datos disponibles muestran que en enero pasado los bancos centrales continuaron comprando oro, con menor intensidad, pero ampliando el espectro de compradores. Así el relevamiento del Consejo Mundial del Oro da cuenta que el Banco Negara de Malasia realizó su primera compra neta de oro desde 2018 (3 toneladas) mientras que el Banco de Corea busca reanudar sus inversiones en oro por primera vez desde 2013. Según los especialistas, la incertidumbre geopolítica sigue siendo un telón de fondo persistente para la demanda de los bancos centrales, siendo la alta volatilidad de enero una notable excepción.
Para los expertos, la retracción del impulso de compra de oro por parte de los bancos centrales de principios de año, en comparación con el promedio de 27 toneladas de los últimos 12 meses, puede relacionarse con la volatilidad de los precios del oro y con la temporada navideña que podrían haberles dado un respiro a algunos banqueros centrales. De todos modos, consideran también que es probable que las tensiones geopolíticas, que han mostrado pocas señales de disminuir, mantengan la acumulación durante 2026 y años posteriores. Vale recordar que en enero pasado el precio del oro alcanzó máximos por encima de los 5.300 dólares. Así y todo, el impulso de compra de los bancos centrales se mantuvo intacto incluso cuando los precios del oro subieron.
Por otro lado, se conocieron algunos “drivers” que podrán ser nuevos impulsores para la demanda de la banca central mundial. Por ejemplo, el Banco de Corea (BOK) anunció planes para incorporar ETFs de oro físico cotizados en el extranjero a su cartera de reservas extranjeras a partir del primer trimestre de 2026, lo que supone su primera inversión relacionada con el oro desde 2013. El BOK citó la liquidez y la facilidad de negociación como ventajas clave de la estructura del ETF frente al oro físico. El BOK posee actualmente 104 toneladas de oro físico (aproximadamente el 4% de sus reservas totales), lo que lo sitúa en el puesto 41 entre sus pares mundiales.
Cabe señalar que en la última Encuesta sobre Reservas de Oro de Bancos Centrales del CMO de 2025 se reveló que el acceso al oro a través de ETFs es poco común entre los bancos centrales ya que ninguno de los encuestados lo había elegido como método para comprar oro.
A modo de conclusión sobre lo acontecido en el arranque del 2026 se observa una ampliación de la demanda de los bancos centrales que, según los expertos, podría ser un tema clave emergente en 2026. Además, en enero, los bancos centrales de Malasia y Corea han reanudado su interés en aumentar la exposición al oro tras una prolongada ausencia.
Para los operadores del mercado mundial del oro, las próximas semanas podrían ser cruciales para definir el contexto geopolítico de este año, ya que el conflicto entre EEUU e Irán continúa intensificándose sin apenas indicios de una resolución diplomática a la vista. Vale recordar que el fuerte ritmo de acumulación de oro por parte de los bancos centrales desde 2022 ha estado estrechamente vinculado a la forma en que las naciones se posicionan en un orden mundial cambiante. En ese marco, el oro es un componente importante de las reservas de los bancos centrales debido a su seguridad, liquidez y rentabilidad, los tres objetivos clave de inversión para estos bancos. Por ello, son importantes poseedores de oro, representando aproximadamente una quinta parte de todo el oro extraído a lo largo de la historia.
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