La presión del petróleo ya empezó a verse en los surtidores. En la primera quincena de marzo, las petroleras aplicaron subas de entre 8% y 10%, y el litro de nafta súper ya superó los $1.800 en el AMBA. Si el Brent se mantiene en torno a los u$s100, en el sector ya hablan de valores que podrían acercarse a los $2.200 en las próximas semanas. Ese traslado a combustibles fue, hasta ahora, el efecto más visible del nuevo shock externo sobre la economía local.
El avance de los precios no fue un movimiento aislado. El Brent acumuló un salto de más de 40% en apenas dos semanas y ronda los u$s100 por barril, mientras en la Argentina las petroleras fueron aplicando microaumentos casi diarios. El incremento interno de los combustibles ronda casi 9% promedio desde que arrancó el conflicto, aunque YPF evitó por ahora un ajuste abrupto. El problema es que, aun con esa estrategia gradual, el mercado advierte que si el crudo se sostiene en estos niveles la presión sobre surtidores seguirá abierta.
La pregunta que aparece entonces es por qué, con combustibles en alza y petróleo caro, el dólar todavía no mostró un movimiento similar. En la City la explicación pasa por dos anclas. La primera es fiscal. En febrero, el Sector Público Nacional registró un superávit primario de $1,4 billones y un superávit financiero de $144.421 millones, aun con una caída real interanual cercana al 9% en los ingresos. En el primer bimestre, además, el superávit financiero acumulado equivalió a 0,1% del PBI y el primario a 0,4%, números que el Gobierno presenta como respaldo del ancla fiscal.
La segunda ancla es cambiaria. El mercado apuesta a que el repunte de commodities, empezando por el petróleo, termine dejando más dólares en la economía argentina. Max Capital calcula unos u$s1.200 millones adicionales por energía y otros u$s5.000 millones por minería, lo que dejaría más de u$s6.000 millones extra este año. Esa expectativa de mayor ingreso de divisas ayuda a explicar por qué el peso se mantiene firme y por qué varios analistas entienden que, al menos por ahora, el frente cambiario absorbió el shock mejor de lo temido.
Pero esa calma no elimina el riesgo. En paralelo, el carry trade empezó a perder brillo. La combinación de un dólar percibido como barato, tasas menos atractivas y mayor ruido global volvió más riesgosa la apuesta en pesos para perfiles conservadores. De hecho, varias mesas ya recomiendan reducir gradualmente la exposición en moneda local y aumentar la dolarización de carteras, sobre todo porque el tipo de cambio real se apreció y el margen para seguir estirando esa estrategia parece más acotado.
Eso no implica que el mercado espere un salto brusco del dólar en el corto plazo. Pero sí marca que el equilibrio es más delicado. Los combustibles ya absorbieron parte del shock petrolero, mientras el dólar sigue contenido por el superávit fiscal y la expectativa de más divisas. La incógnita ahora es cuánto tiempo podrá sostenerse esa calma si el petróleo sigue alto, la presión sobre precios se mantiene y cada vez más inversores vuelven a mirar al dólar como refugio.
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