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Pasaron cinco años desde la primera vez que Cristina Kirchner declaró en un juicio oral y público como acusada de presuntos hechos de corrupción. Este martes, poco después de las 9 de la mañana, se sentó en el estrado ante el Tribunal Oral Federal 7 (TOF 7) que la juzga en el caso de los Cuadernos, para ser indagada por los delitos de asociación ilícita en carácter de jefa, más 204 hechos de cohecho pasivo. Durante una hora realizó un descargo político, no respondió preguntas del tribunal y aseguró que este juicio “es un circo” y que se trata de una “persecución política”. Por ese motivo no aceptó responder preguntas. Acusó al juez y al fiscal de ser “mafiosos” y reiteró que ella está “presa injustamente”.
La ex presidenta no ocultó su fastidio por volver a estar sentada en el banquillo de los acusados. Tampoco usó eufemismos para exponer su total descreimiento del Poder Judicial que hoy tiene la responsabilidad de llevar adelante este juicio que involucra a 86 imputados y una maniobra criminal que se desarrolló durante doce años. Sin embargo, no desobedeció las órdenes de los jueces ni los desafió personalmente, como había hecho en su indagatoria por el caso Vialidad.
La ex mandataria debía defenderse de las acusaciones atribuidas a lo largo de la investigación. El caso inició con las copias incorporadas al expediente de los cuadernos manuscritos por Oscar Centeno, el exchofer de Roberto Baratta. Fue el puntapié inicial para lo que la justicia denominó como la "mayor maniobra de corrupción de los últimos veinte años".
A lo largo de la investigación, el Ministerio Público Fiscal dio por corroborado que Cristina Kirchner, Julio De Vido, Roberto Baratta, Claudio Uberti, José López, entre otros, “integraron una asociación ilícita, que desarrolló sus actividades al menos desde mayo de 2003 y hasta noviembre de 2015, y cuya finalidad fue organizar un sistema de recaudación de fondos para recibir dinero ilícito con el fin de enriquecerse ilegalmente y de utilizar parte de esos fondos en la comisión de otros delitos”.
Este martes, el primer cruce de Cristina con el presidente del TOF 7, el juez Enrique Méndez Signori, no fue ameno. A las 09.12, la expresidenta ya se encontraba sentada en el banquillo de los acusados. Quiso empezar a hablar inmediatamente, hasta que el magistrado la frenó: “aguarde un segundo, ya va a tener oportunidad de hablar Doctora”. Le consultó si iba aceptar responder preguntas del Tribunal y la escueta respuesta fue: “al final se los diré”.
Entones comenzaron las preguntas de reconocimiento personal, tal como impone el Código Procesal Penal. Con notorio fastidio, Cristina empezó a responderlas: su edad, lugar de nacimiento, estado civil, dirección, “bueno, todo esto es de notorio conocimiento”. Allí, el juez Méndez Signori le dijo: “Esto es el cumplimiento de la ley, no un capricho personal”.
Se dio paso, entonces, la exposición de la ex Mandataria: “Si alguien me hubiera dicho cuál era la causa más emblemática de persecución judicial hubiera dicho el caso Vialidad donde estoy presa injustamente”. Acto seguido calificó de “actuar mafioso” el del juez federal Claudio Bonadio y el fiscal, Carlos Stornelli responsables de instruir el caso Cuadernos.
No dejó pasar la oportunidad para criticar a parte del Poder Judicial: “estamos ante jueces que ya no son imparciales, estamos en una causa donde el juez Bonadio y el fiscal Stornelli son mafiosos, estamos inmersos en prácticas mafiosas por parte de jueces y fiscales”.
Fueron veinte minutos de los sesenta que demandó su descargo, los que utilizó en mencionar el caso D'Alessio, el falso abogado acusado de asociación ilícita por inventar causas. Es la causa conocida como “Operativo Puf”, que se constituyó como la “contracausa”, como definió la fiscal Fabiana León para atacar este expediente cuyo juicio oral está en desarrollo desde el 6 de noviembre de 2025.
Como tesis central, Cristina expresó que Marcelo D'Alessio “recibía órdenes de Stornelli” y dio un paso más allá con su argumento: “ya no es que condenan sin pruebas, sino que fraguan pruebas para condenar personas. El fiscal Stornelli sigue siendo fiscal federal en este edificio y se comprobó que ese fiscal tiene vínculos con la asociación ilícita del caso D'Alessio”. En una larga investigación, la justicia ya demostró que esa afirmación es falsa.
En esa misma línea, la expresidenta dijo que los 31 imputados colaboradores que integran esta causa, cuyas colaboraciones fueron homologadas después de que el juez del caso “declararon bajo extorsión”.
Una vez más, no sólo desestimó la veracidad de los mismos sino que dijo que fueron obtenidos “bajo amenazas, bajo prácticas mafiosas. Los obligaron a declarar en mi contra”.
Así, acusando el vínculo entre Stornelli D'Alessio, la ex mandataria buscó desestimar los ocho cuadernos que dieron inicio a la causa que la tiene como principal acusada, señalada como jefa de una asociación ilícita y 204 hechos de cohecho pasivo.
Los originales de esos manuscritos atribuidos tras una pericia técnica a Oscar Centeno, fueron incorporados tiempo después a la causa. Al comienzo eran copias fidedignas -concluyó el mismo estudio-, pero sólo hay seis de los ocho cuadernos. En algunos de ellos, se determinó con otro informe, que habían sido adulterados, no en su totalidad pero sí que se modificaron fechas, lugares y nombres.
Para Cristina Kirchner, los cuadernos fueron fraguados y en ellos se basa su acusación: “Se inventaron pruebas para condenarnos”.
“Me tocó hasta que me enfermé, escuchar que había recibido 204 hechos de coimas: ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿de quién? Además, ¿dónde está esa plata?”, replicó Cristina Kirchner.
La imputación sostiene que la ex Jefa de Estado “organizó un sistema de recaudación de fondos para recibir dinero ilegal con el fin de enriquecerse ilegalmente y de utilizar parte de esos fondos en la comisión de otros delitos", y que ese sistema de recaudación “tuvo un único vértice, el dinero era mayormente entregado en los domicilios que utilizaban Cristina y Néstor Kirchner". En otras palabras, para responderle a Cristina: esa plata terminaba en su departamento de la calle Juncal y Uruguay, o en la Quinta de Olivos.
La expresidenta recordó que en esta causa “me dieron vuelta, me allanaron, me rompieron la casa de Calafate. ¿Ustedes saben cómo vivo yo, cómo viven mis hijos? ¿Qué es eso de que me robé un PBI?”. En esa misma línea, indicó que “si yo tuviera toda esa plata no estaría acá”.
En un juego de palabras se refirió a la condena del caso Vialidad, donde insistió en estar “proscripta de por vida” y “condenada injustamente”.
Respecto a la sentencia condenatoria que la Corte Suprema de Justicia dejó firme el 12 de junio pasado, indicó: “Vialidad un poroto al lado de esta causa, un poroto”. Pero añadió, que en ese expediente “estoy presa porque dicen que administraba todo en favor de Lázaro Báez en perjuicio de los demás empresarios y acá dicen que era socia de los empresarios, sean más coherentes a la hora de perseguir”.
Lo cierto es que la acusación del caso Vialidad le atribuye una administración fraudulenta en perjuicio del Estado, no de los empresarios. La justicia señaló que los fondos públicos destinados a la obra vial fueron direccionados a través de procesos licitatorios irregulares a favor de Lázaro Báez: 51 licitaciones donde en varios procesos sólo competían firmas del mismo holding.
Al continuar con su argumento que buscó desestimar la instrucción del caso Cuadernos bajo la premisa de que “se fraguaron pruebas para acusarnos”, Cristina aseguró que el “fiscal de esta causa que dice que somos todos delincuentes tenía vínculos con D'Alessio que comandaba una asociación ilícita”.
Cristina Kirchner también destinó unos minutos a criticar al presidente de la Nación, Javier Milei. En la inauguración de la asamblea legislativa, “algo que yo hice durante ochos años”, añadió, “en esa asamblea el Presidente Milei dijo que iba a seguir presa por Cuadernos y Pacto con Irán: más violatorio de la manda constitucional no hay desde la época de Rosas, no hay”, dijo con énfasis, en referencia de la intromisión de un Poder del Estado en otro.
En aquella ocasión, el Jefe de Estado calificó a Cristina Kirchner de “chorra” y dijo “va a seguir presa por el caso cuadernos y por el Pacto con Irán”.
Cerca de las 10 de la mañana, cerca de finalizar su exposición, la ex Presidenta volvió a referirse al proceso penal que la condujo a su primera condena por corrupción: la obra pública vial. En ese momento hizo una defensa del programa de obra pública, “tan estigmatizada” a raíz de las causas penales.
Señaló que es la obra pública -aduciendo a la decisión de la actual gestión de no subvencionar más diversas rutas y construcciones-, “genera puestos de trabajo, un circuito de inversión, y no es casual que se desarrolle sólo en gobiernos populistas”.
En otras palabras criticó que la obra pública sea sinónimo de corrupción, un discurso reiterado por la gestión libertaria.
Fue la antesala de su expresión final: “Me parece un gran disparate esta causa, me gustaría que alguien vincule hechos que me atribuyen con pruebas, cómo me pagaron, cómo fue , pero además ¿es creíble?”. En ese momento señaló que no iba a discutir “la originalidad de los cuadernos porque se va a demostrar que los fraguaron”.
Retomó la pregunta retórica sobre la credibilidad que la imputación y la causa puede tener: “¿Es posible esta instrucción con las prácticas mafiosas del juez y de Stornelli que sigue siendo hoy fiscal?”.
Las últimas críticas fueron vertidas contra el Poder Judicial: “Con estos jueces me puedo morir presa, pero finalmente las cosas cambian pero no sucederá cuando la justicia tenga adentro gente como Stornelli”.
Al cerrar su declaración se dirigió al TOF 7 y planteó: “Quiero decir señores jueces y a todos los que están escuchando que me parece sinceramente un gran disparate esta causa”.
Sobre la pregunta del presidente del TOF 7, Méndez Signori, respecto a si va a responder preguntas, Cristina Kirchner añadió: “¿Cuándo voy a contestar preguntas? Cuando alguien llame a Stornelli a declarar sobre las barbaridades escritas en esta causa. Voy a creer y a pensar en responder preguntas cuando alguien cite a Mauricio Macri a hablar de los parques eólicos que duerme el sueño de los justos”.
Sumó más datos a ese planteo: “¿Saben dónde están las mayores cifras? No hay una sola causa por la deuda con el FMI. Cuando llamen al Toto Caputo o alguno de ellos, ese día voy a responder preguntas. Hasta ese momento no voy a ser parte de este circo”.
Acto seguido se retiró del estrado y dio por finalizada su declaración indagatoria en el caso de los Cuadernos. Minutos después, regresó a San José 1111, donde cumple la condena del caso Vialidad a seis años de prisión.
Redactora de la sección Política, especializada en noticias judiciales. [email protected]
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