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La guerra en Medio Oriente abre el dilema sobre qué hacer para contener los precios internos sin dañar la competitividad exportadora

hace 8 horas en econojournal.com.ar por Redaccion EconoJournal

Las consecuencias que está provocando la guerra en Medio Oriente sobre el mercado energético acaparó la atención en un nuevo capítulo de Dínamo – Charlas de Energía. El presidente del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), Ernesto López Anadón, el economista jefe de Empiria, Nicolás Gadano, el director de Desarrollo Productivo de Fundar, Daniel Schteingart, y el consultor Roberto Brandt debatieron, bajo la coordinación de Nicolás Gandini, sobre cómo proteger sus precios internos sin dañar la competitividad exportadora.

A criterio de Brandt, este nuevo foco de tensión en Medio Oriente debe concebirse como la «tercera guerra del Golfo Pérsico». “Por el momento, no se vislumbra una escalada hacia una Tercera Guerra Mundial debido a la actitud dialoguista de China y a la cautela de Rusia”, aclaró.

Hasta ahora, expuso, la contienda atravesó tres fases: la primera, a grandes rasgos, con ataques de Estados Unidos e Israel limitados a objetivos militares que provocaron como respuesta de Irán una contraofensiva sobre instalaciones energéticas de sus vecinos, procurando “empiojar la economía mundial”; la segunda, cuando los agresores cruzaron la raya de arremeter contra infraestructura energética iraní propiamente dicha; y una tercera instancia, liderada por la narrativa del presidente norteamericano Donald Trump, que busca una “desescalada rápida” antes de su prevista cumbre con Xi Jinping en Beijing, a fines de marzo. “Eventualmente, ambos bandos podrán asumirse como ganadores”, pronosticó.

Con respecto a la reacción de los mercados, señaló que el precio del barril de petróleo inició el año en torno a los 60 ó 65 dólares, con una ligera sobreoferta, pero se disparó un 50% tras los ataques a instalaciones clave como la refinería Ras Tanura en Arabia Saudita. “El gas natural licuado (GNL), por su parte, aumentó un 70% en el mercado europeo, duplicando por momentos su valor, debido a los bajos niveles de almacenamiento al cierre del invierno”, puntualizó el experto, quien consideró “difícil” que las cotizaciones se retrotraigan en el corto plazo.

La volatilidad actual no tiene antecedentes históricos cercanos, según la mirada de Ernesto López Anadón, quien estableció una clara diferencia con respecto a la guerra en Ucrania, que provocó que el valor de la energía subiera y se mantuviera alto. “La brusca caída de precios tras los picos máximos se debió a la decisión del G7 de liberar las reservas estratégicas de 90 días de consumo”, aseguró.

Para calificar los episodios bélicos que se vienen sucediendo en Medio Oriente, optó por decir que configuran “una guerra sin objetivos”. “¿Estados Unidos quería matar al Ayatola de turno para después negociar con Irán? Es un objetivo demasiado light y evidentemente no se cumplió”, expuso.

Desde su óptica, Rusia se erige como “el gran ganador” del conflicto, ya que el Departamento del Tesoro norteamericano le otorgó un levantamiento temporal de sanciones, permitiendo que su flota abasteciera a India a precios elevados.

En el mercado del gas, en tanto, señaló que la interrupción del suministro en el Golfo Pérsico obligará a Asia a sustituir el fluido por carbón, “lo que postergará nuevamente los compromisos ambientales del Acuerdo de París”. En ese sentido, intervino Brandt, debe remarcarse que países como Corea y Japón han estado “robando” cargamentos de GNL a Europa, pagando primas más altas para asegurar su energía.

A la hora de analizar el impacto de la guerra en el medio local, Nicolás Gadano resaltó que la cotización internacional del crudo siempre ha funcionado de manera muy volátil e históricamente se ha visto regida por la singularidad de la alta concentración de la oferta. No obstante, acotó, por haberse convertido en un mercado exportador neto la Argentina puede recibir el actual aumento de precios como una noticia positiva para su balanza comercial. “Ahora nos enfrentamos al problema clásico de decidir qué hacer con los precios domésticos. Me preocupa cómo vamos a lidiar con eso”, enfatizó.

Por supuesto, aclaró, no sería deseable trasladarles a los consumidores “la volatilidad de cada día”. “Me parece responsable que YPF haya aclarado que no se comportará así”, reivindicó. Sin embargo, sostuvo, tampoco se puede mantener una brecha artificial que desincentive la inversión. “Creo que deberían revisarse los valores internos del crudo y los derivados. Ahora bien, ¿qué puede hacer el Gobierno para que esa revisión no se traslade a los consumidores? Bueno, para eso tenemos los impuestos. Y también contamos con la ventaja de la expansión de Vaca Muerta, en un momento en que la gente se pregunta qué beneficios obtendrá de ella”, argumentó.

A su entender, habría que utilizar la recaudación extraordinaria por derechos de exportación para postergar los incrementos previstos en el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL). “Las retenciones extraordinarias dan margen para manejar los aumentos con responsabilidad”, afirmó.

Constituye un error, calificó, el uso histórico de YPF como herramienta de política de precios. “Esa instrumentación daña a la empresa y su valor en el mercado. El enfoque debe ser el de la competencia bajo el concepto de export parity”, insistió.

Según Daniel Schteingart, más allá de los acontecimientos que se registran en Medio Oriente ya es momento de comprender que el futuro de la Argentina no puede depender exclusivamente del éxito de tres sectores productivos más algún servicio. “No hay que comprar la fantasía de que vamos a ser Australia. Incluso si multiplicáramos por dos, por tres o por cuatro nuestras exportaciones de recursos naturales, recién nos acercaríamos a duras penas a los números de Chile”, planteó.

Es “súper deseable” que crezcan las inversiones en Vaca Muerta y mejoren los términos de intercambio, reflexionó, pero conviene ponerle un horizonte realista al fenómeno extractivo. “¿Nos ayuda mucho? Sí. ¿Nos alcanza y nos salva? No. Seguirá haciendo falta una industria competitiva y una cadena de valor desarrollada”, aseveró.

Por ahora, lamentó, no se verifica dentro del Gobierno nacional demasiado interés por impulsar “los vagones industriales de la gran locomotora que es Vaca Muerta”. “Muchos otros países sí apuestan por el desarrollo de proveedores aguas abajo”, comparó el analista, quien de todos modos se manifestó consciente de que la industria argentina registra sobreprecios.

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