La crisis industrial sumó en febrero una nueva señal de deterioro. La actividad metalúrgica registró una caída interanual del 10,3% y una baja de 1,9% frente a enero, según el informe mensual de ADIMRA. Con este resultado, el sector acumula un retroceso de 8,2% en el primer bimestre de 2026 y confirma que sigue operando muy por debajo de sus niveles recientes más altos.
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Pero el dato que más preocupa no es solo la caída de la actividad. El informe muestra que la utilización de la capacidad instalada bajó al 40,2%, un nivel que se convirtió en el más bajo de los últimos cuatro años. Eso significa que una parte enorme del aparato productivo está parada o trabajando muy por debajo de su potencial, una postal que refleja con crudeza el freno de la economía real. ADIMRA además remarcó que ese indicador cayó 8 puntos porcentuales frente al mismo período del año pasado.
El retroceso atraviesa prácticamente a todo el entramado metalúrgico. Incluso sectores que habían mostrado algo de dinamismo en 2025 empezaron a perder fuerza.
La caída no solo afecta a los rubros metalúrgicos puros, sino también a las cadenas de valor que dependen de ellos.
También hubo números negativos en Petróleo y Gas (-9,3%), Minería (-8,2%), Energía Eléctrica (-6,5%) y Agrícola (-5,8%).
Detrás de esos números aparece una explicación que el propio sector resume sin rodeos: falta demanda. El presidente de ADIMRA, Elio Del Re, advirtió que la actividad metalúrgica “profundiza su tendencia negativa durante el primer bimestre del año, con niveles de capacidad ociosa críticos y sin señales claras de recuperación en el corto plazo”. Y fue más allá al señalar que “la fuerte retracción del mercado interno está impactando directamente sobre la producción y deteriorando la rentabilidad de muchas empresas del sector”, en un contexto en el que la demanda interna, según describió, sigue en “caída libre”.
Ese diagnóstico se vuelve todavía más delicado cuando se observa lo que esperan las empresas hacia adelante. El informe señala que 6 de cada 10 compañías no esperan mejoras en la producción durante los próximos tres meses, un dato que refleja el pesimismo empresario y la ausencia, por ahora, de señales concretas de rebote. En paralelo, el empleo metalúrgico ya muestra desgaste: registró una caída interanual del 1,8%, aunque se mantuvo sin cambios frente al mes previo.
La contracción también tiene un fuerte correlato territorial. Todas las provincias relevadas mostraron bajas interanuales, lo que confirma que no se trata de un problema aislado, sino de una caída extendida.
Buenos Aires fue el distrito con peor desempeño, con una baja de 12,9%, y volvió a ser el principal aporte negativo al promedio general del sector. También se registraron retrocesos importantes en:
El informe de ADIMRA vuelve así a poner el foco sobre una tensión cada vez más visible: mientras algunos indicadores macroeconómicos intentan estabilizarse, la industria todavía no encuentra piso. Y en un sector como la metalurgia —clave para medir inversión, empleo y movimiento fabril— la caída adquiere un peso especial.
Con producción en baja, fábricas trabajando a media máquina, expectativas deterioradas y presión creciente sobre el empleo, la metalurgia dejó en febrero una de las fotos más nítidas del freno que atraviesa la economía real argentina.