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Dudas sobre el crecimiento sacuden los planes de la Reserva Federal

hace 16 horas en infobae.com por Martín Cordeviola

El petróleo superó los USD 100 por barril, empujado por las tensiones en el Estrecho de Ormuz, la vía marítima por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo que consume el planeta. Automáticamente ajustaron las expectativas de inflación, sobre todo las de corto plazo.

Ante esto, ahora el mercado espera que se ralentice el ciclo de relajación monetaria por parte de la Fed. Recordemos que cuando el organismo sube las tasas de interés de referencia, encarece el crédito, enfría la economía y baja la inflación. Cuando las reduce, sucede lo contrario y protege el empleo. Es una palanca que funciona muy bien cuando el problema viene de un solo lado.

El desafío aparece cuando los riesgos crecen en ambas caras de su mandato dual. El salto en los precios del crudo sugiere, en teoría, una postura contractiva. Los datos de empleo de febrero evidenciaron ciertas fragilidades.

En febrero se destruyeron 92 mil puestos de trabajo, cuando se esperaba una creación de 55 mil, mientras que la tasa de desocupación pasó de 4,3% a 4,4 por ciento. En los últimos seis meses, el saldo neto arroja una pérdida cercana a 6.000 puestos. Son cifras que, si bien todavía no configuran un deterioro grave, sí alcanzan para cuestionar el consenso del mercado.

Antes del conflicto, los futuros descontaban tres recortes en la tasa de política monetaria por parte de la Fed para este año. Ahora solo uno, con la puerta abierta a que mantengan el rango inalterado en 3,5% a 3,75% anual.

Hasta hace poco, el equilibrio del mercado de trabajo descansaba en una combinación particular. La economía generaba pocos puestos, pero quienes ya estaban empleados tendían a conservarlos. La tasa de despidos y renuncias permanecía baja, reflejando un entorno rígido.

Perder el empleo era difícil, pero encontrar uno nuevo tampoco resultaba sencillo. Esa dinámica se observaba con claridad en la relación entre vacantes y personas desempleadas. Hoy existe aproximadamente una vacante por cada trabajador sin empleo. En 2022, tras los estímulos aplicados para amortiguar el impacto de la pandemia, esa proporción había llegado a dos. Desde entonces el ratio se fue normalizando y actualmente se ubica levemente por debajo de uno.

Cuando las vacantes escasean, desaparece uno de los principales amortiguadores del sistema. En ese contexto, la pérdida de un puesto tiende a trasladarse casi de forma directa a la tasa de desempleo.

Por ahora, la situación no es motivo de alarma, ya que la relación se mantiene en niveles relativamente saludables. Uno de los riesgos latentes es que comience a activarse la destrucción neta de puestos, algo que empieza a insinuarse en los últimos datos.

Antes del conflicto, los futuros

En cuanto al nivel de actividad, el PBI creció apenas 0,7% trimestral anualizado en el último trimestre de 2025. Es cierto que parte de esta desaceleración estuvo explicada por el shutdown de seis semanas. En el neto, la economía cerró un buen año, con un crecimiento de 2%. Comienzan a surgir interrogantes sobre el rol que puede jugar la inversión en 2026, en medio de las dudas en torno al ciclo de inversión asociado a la inteligencia artificial, las tensiones en el ecosistema del crédito privado y el enfriamiento del mercado laboral.

Para aislar los efectos de los aranceles sobre el sector externo o de la volatilidad del Capex, resulta útil mirar el consumo. El gasto de los hogares pasó de crecer 4,2% anual en 2024 a apenas 1,4%, lo que sugiere una moderación en la demanda interna. En paralelo, la Fed de Atlanta revisó su proyección de crecimiento para el 1T26. Tras el el reporte de empleo pasó de 3,1% a 2,1%, aunque hoy ya se ubica en torno a 2,7 por ciento.

En este contexto algunos analistas comenzaron a mencionar, todavía con cautela, una palabra incómoda: estanflación. La conclusión probablemente sea prematura.

Hace apenas unas semanas, los indicadores de alta frecuencia mostraban una desaceleración en la inflación, una economía creciendo a buen ritmo y un mercado laboral en equilibrio. El panorama, sin embargo, es dinámico. La guerra deterioró las perspectivas de precios, el salto del petróleo introdujo riesgos adicionales para la actividad y el último job report encendió algunas señales de alerta. La combinación de presiones inflacionarias con un crecimiento más débil ya no parece tan descabellada.

De cara a los próximos meses, todo vuelve al punto inicial. El margen de maniobra de la Reserva Federal dependerá, en gran medida, de cómo evolucione el mercado de trabajo. El aumento de la inflación parece casi inevitable. La verdadera incógnita es si el impacto será transitorio o más persistente, algo que estará ligado tanto a la duración del conflicto como al tiempo en que el petróleo permanezca en niveles elevados.

Mientras el desempleo no se

Mientras el desempleo no se dispare, el organismo tendrá mayor margen para mantener la política en niveles restrictivos. A modo de ejemplo, en una situación extrema y muy distinta a la actual, cuando los riesgos crecieron considerablemente por el lado del empleo, la Fed priorizó ese lado de su mandato.

Durante la crisis financiera de 2008 recortó la tasa en un punto porcentual en el primer trimestre de ese año. En ese mismo período, el crudo superó los USD 100 por barril. A pesar de que ese verano llegó a acercarse a un nivel impensado de USD 150 por barril, la Fed mantuvo las tasas sin cambios por un tiempo. Finalmente terminó bajándolas para hacer frente al creciente deterioro del sistema financiero.

La semana próxima habrá reunión de política monetaria y lo más acertado parece ser mantener inalterado el rango de tasas. Ese es, de hecho, el escenario que reflejan hoy los futuros.

El directorio de la Reserva Federal concentra su atención en los riesgos inflacionarios derivados del encarecimiento de la energía y espera nuevas señales del frente laboral. Al mismo tiempo, existe un argumento adicional detrás del consenso que anticipa solo un recorte hacia fin de año.

Si la inflación vuelve a acelerarse, la postura monetaria se vuelve menos restrictiva en términos reales. Aun así, el equilibrio se muestra delicado. Los riesgos crecen en ambas caras del mandato dual, dejando a la Fed en una posición de vigilancia de cara a los próximos meses.

Confianza en crisis: el nuevo