Para disfrutar los contenidos de Clarín es necesario que actives JavaScript en tu navegador.
Desde hace un tiempo parece que marzo es el “mes de la mujer”. Y más allá del feliz día sí, feliz día no, el mundo del marketing mete promo a lo loco, y por lo menos el descuento yo lo celebro.
También celebro la lucha por la igualdad de derechos, y no sé si me paso unos pueblos o no, pero a veces pienso que más que luchar por la igualdad, deberíamos pedir más derechos para nosotras porque la cantidad de cosas que nos pasan a lo largo de nuestra existencia y el baile hormonal que vivimos, es infinitamente mayor que el de los varones.
Y además, muchas de esas cosas que nos pasan a nosotras y SOLO A NOSOTRAS, como a la mayoría de los varones no les gusta mucho enterarse de que nos pasan, se convierten en temas tabú. Como por ejemplo “La menstruación".
Es sabido que durante montones de años a las mujeres una vez por mes nos pasa: generalmente ocurre que vamos al baño, y notamos que "nos vino". O sea, cae sangre de nuestro cuerpo, entonces tenemos que saber administrarnos toallitas, tampones, copitas. Ponerlas y sacarlas de nuestro orificio vaginal, y eso es una habilidad manual que tenemos que aprender a dominar. Y como no siempre sale bien, a veces tenemos que lidiar con bombachas manchadas, pantalones manchados, en algunos casos sábanas, porque la toallita nocturna no siempre absorbe todo.
Pero como es algo que solo nos pasa a nosotras, de muchas de estas cosas mejor no hablar.
Igual reconozco que comparado a otras épocas, cada vez hay menos tabúes para hablar de ciertos temas.
Y hay un montón de asuntos que durante años y años fueron un secreto a voces que solo se confesaban en la intimidad de un café entre mujeres, ahora no paro de escuchar hablar de ciertos temas por todos lados.
Por ejemplo, la menopausia, o “la renovación” como nos gusta llamarlo a algunas para que suene más copado. No sé si es por mi edad y el algoritmo lo sabe perfectamente, pero no para de bombardearme con reels que me hablan de alimentos para mejorar mi microbiota, ejercicios para recuperar la pérdida ósea, sofocos, niebla mental. Me prepara. Y esto está muy bien.
Yo me imagino a las mujeres en otra época, llegando a los 50, preocupadas porque no se acordaban ni del nombre de sus hijos que ellas mismas habían elegido, sintiendo que tenían un problema cognitivo. Hoy se sabe que la baja estrogénica genera niebla mental, pero parece que después el cuerpo se acostumbra y se reacomoda. O no…Siempre algún quilombito dando vueltas en nuestra biología cambiante aparece.
Otro tema que dejó de ser tabú hace no tanto tiempo, es todo lo relacionado al embarazo y la crianza que hasta hace no tanto, nos querían hacer creer que era todo color de rosa. Nunca me voy a olvidar cuando estaba embarazada de mi primera hija y me crucé con una mujer por la calle que me llevó a un costado para que nadie nos escuchara y me dijo: “Mirá que tener un bebé no es como todos dicen”. Y me pintó un panorama aterrador.
En un punto siempre le estaré agradecida porque después de semejante alerta nada fue tan difícil como ella me dijo.
Además a mí me encanta ser mamá, les juro. Hubiera tenido mil hijos si no fuera porque tuve dos y sé el quilombo en que te metés: quieren comer todos los días, ir a lugares… no tienen movilidad propia durante una docena de años, y vos los tenés que traer, llevar, buscar, esperar. Perdés el dominio de tu agenda por completo. Por eso necesitamos hacer catarsis.
Los amamos, pero también necesitamos quejarnos a veces. Antes no se podía, eras una madre de porquería si lo hacías. Ahora, hablar del lado b de la maternidad, es lo más común del mundo.
El sexo es otro tema que durante años y años fue tabú para nosotras. Como que antes, el deseo sexual lo tenía el hombre y nosotras estábamos para complacerlos. Es más: hace no tantos años lo habitual era que un hombre se casara con una mujer, tuviera hijos con ella, pero como la “respetaba”, la chanchada la hacía con otra. Por suerte ahora se usa más esto de integrar todo en un mismo ser humano. Y además, qué mejor que tener una mujer a la que le encante el sexo y no tenga tabúes con eso.
¿Y la masturbación femenina? Creo que si cuando yo era adolescente alguna de mis amigas confesaba que se tocaba, todas la íbamos a mirar raro.
Ahora miramos raro a la que no se toca, porque sabemos lo conveniente que es manejar tus tiempos sin depender de un otro para sentir placer sexual . Además de lo empoderador que puede ser autosatisfacerse. Jamás nadie juzgaría a un hombre por masturbarse en su intimidad, ¿por qué lo vamos a hacer con una mujer?
Por suerte cada vez nosotras nos animamos más a contar lo que nos pasa, el humor ayuda mucho a hacerlo.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín