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La primera imagen del estado de salud en el mundo post pandémico revela que mientras la mortalidad global se desploma, aumentan las muertes juveniles en Estados Unidos, Canadá, México y Argentina impulsadas por factores económicos, sociales y psicológicos.
La población mundial tiene una expectativa de vida mayor que siempre. Según el último informe de la Carga Global de Enfermedades, que se ha publicado en 2025 en la revista The Lancet, la esperanza de vida es 20 años más alta que a mediados del siglo pasado y en promedio se encuentra en 76 años para mujeres y 71 para hombres.
Como contracara, el informe también señala nuevos desafíos que afronta la humanidad, como el incremento de trastornos mentales o el aumento de la mortalidad en los adolescentes y adultos jóvenes debido principalmente al suicidio y al abuso de drogas y alcohol.
Esta macro investigación, que logró recopilar datos de más de 200 países, es la primera descripción global del estado de salud en el mundo postpandémico. El informe revela dinámicas preocupantes en algunos países y grupos de edad, como lo que está sucediendo con los mayores aumentos de mortalidad en jóvenes, especialmente en Estados Unidos, Canadá, México, Argentina y Brasil: en la última década, ha subido casi 32% entre el grupo de 25 a 29 años; y 50% entre los treintañeros.
Se debe poner el foco en el auge de los trastornos de salud mental en los jóvenes: la muerte y discapacidad asociada a la ansiedad y a la depresión creció 63% y 26%, respectivamente, desde 2010. La pandemia pudo haber tenido algo que ver, pero el aumento en el uso de redes sociales, el ciberacoso y el maltrato infantil son los factores novedosos que explican estos aumentos.
En Argentina, un fenómeno preocupante es el consumo de sustancias psicoactivas durante el embarazo, que expone tanto a la madre como al niño por nacer a graves riesgos sanitarios, sociales y psicológicos.
En numerosos casos, las mujeres gestantes en situación de vulnerabilidad presentan consumos problemáticos sin acceso oportuno a dispositivos de atención, acompañamiento y tratamiento adecuados.
Esta situación deriva con frecuencia en recién nacidos con síndrome de abstinencia neonatal, bajo peso al nacer, complicaciones de su salud en el corto y largo plazo, y dificultades en el desarrollo integral. A su vez, las madres suelen atravesar contextos de exclusión social, falta de redes de contención y barreras para acceder a servicios de salud especializados.
En este contexto, se vuelve necesario implementar estrategias integrales para evitar consecuencias sanitarias y sociales que impactan no solo en las familias, sino también en el sistema de salud y en la comunidad en general.
Es primordial que los organismos responsables diseñen un “Plan Estratégico de detección temprana de consumos problemáticos en mujeres embarazadas” a través de centros de salud y organizaciones comunitarias, con protocolos y mecanismos de acompañamiento interdisciplinario (médico, psicológico y social) durante el embarazo y el período posnatal.
En las últimas décadas el tema ha estado ausente de la agenda pública y de los planes de gestión gubernamental, y es por eso que se debe instar a los decisores para que tomen conciencia de la gran relevancia que este problema tiene como obstáculo para el desarrollo. Es imprescindible que el Estado se involucre y tome la decisión correcta con la asignación de presupuesto y la implementación de políticas públicas que incluyan y garanticen las oportunidades de tener una vida digna para la sociedad en su conjunto
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