Gazette
Oficial
$ 1419,08
0,07%
Blue
$ 1420,00
0,35%
MEP
$ 1415,52
0,10%
CCL
$ 1457,29
0,10%
Risk
568
2,90%%

Un giro para reactivar y recuperar apoyos

hace 3 horas en lanacion.com.ar

El dogma siempre encuentra un límite, el de la realidad. Ante esa frontera parece encontrarse ahora el Gobierno como para empezar a analizar un giro o, al menos, una corrección en algunas de sus políticas económicas.

Después de varios meses, el Gobierno analiza medidas para tratar de reanimar una economía mayoritariamente estancada, salvo en los sectores extractivos y agropecuarios.

Con ese objetivo y siempre que la explosiva situación internacional no obligue a cambiar planes, se evalúa, entre otras medidas, bajar las tasas y permitir aumentos de salarios en porcentajes hasta ahora bloqueados, según diversas fuentes oficiales y privadas.

La recalibración se adoptaría aún a riesgo de tener que afrontar un poco más de inflación y a pesar de que hace diez meses que la senda descendente de los precios se interrumpió para volver a instalarse como un interrogante y un motivo de incertidumbre más que como una respuesta y una certeza positiva para la mayoría de los argentinos.

Un importante ministro, un par de funcionarios y un fuerte inversor con sede en Manhattan , entre otros, dicen en off the record haber escuchado esa decisión (o intención) de boca del propio Presidente. En la Casa Rosada y en el Palacio de Hacienda hacen silencio.

Sin embargo, en el Gabinete son varias las voces que admiten que la caída de consumo, la destrucción de empleo formal y privado más la pérdida de poder adquisitivo, que ya tienen eco en la calle y en las encuestas, empiezan a penetrar en la blindada sensibilidad oficial y a preocupar, como para obligarlos a revisar algunas políticas.

“Hay que mover la micro. Ya el Presidente lo admitió y lo habló con el equipo económico”, coinciden dos calificadas fuentes del Gobierno y del sector privado. Que el nuevamente iracundo Javier Milei y el equipo económico minimicen los indicadores microeconómicos negativos y los contrapongan con cifras sectoriales y parciales hábilmente manejadas para relativizarlos o negarlos parece a esta altura más una estrategia comunicacional que una creencia indubitable.

“Después de Semana Santa va a haber algunos cambios aprovechando que el índice de precios debería bajar por cuestiones estacionales y porque ya no debería haber aumentos de precios regulados. Además, al mismo tiempo, se va a profundizar el ingreso de divisas. Por lo tanto, el impacto sería menor en el IPC y, aún con más pesos en la calle, no habría más presión sobre el dólar”, explica una de las fuentes que dice estar al tanto de la iniciativa. Y la avala con entusiasmo.

El ingreso del economista uruguayo Ernesto Talvi al equipo que comanda Luis Caputo es visto como una señal que reafirmaría el sentido de la corrección en proceso. Talvi se ha expresado en varias oportunidades en línea con programas de ajuste más gradualistas que de shock. El escenario actual lo validaría.

Después de las elecciones de octubre, la realidad ofreció un panorama en la economía real más complejo que el prometido. Hasta hace un par de meses el Gobierno enfrentaba sin fisuras y con decisión de hierro el típico dilema de todo plan de ajuste (inflación versus actividad), bajo la premisa de evitar los aumentos de precios aun a costa del impacto en la actividad.

El estancamiento, que en algunos sectores llega a hacer de lisa y llana recesión, sin que la inflación volviera a la tendencia decreciente convirtieron aquel dilema en un trilema. A la estanflación se sumó el impacto negativo en la opinión pública. Ya no son dos variables en pugna sino tres y una de ellas, la última, es muy difícil de manejar cuando cambia de sentido.

Para salir de ese laberinto, el Gobierno se vio obligado a elegir dos variables por atender y corregir y parece haberse resignado a aceptar que lo mejor es que haya un poco de plata en la calle para reactivar la economía y mejorar el humor social. La figura de Talvi cobra relevancia en ese giro. O corrección gradualista. Los mesadineristas se abren a los macroeconomistas.

“Javier no quería saber nada con medidas que pudieran afectar más su principal activo que es la lucha contra la inflación, pero empezó a asumir y aceptar que había que hacer algo para no poner en riesgo la sustentación política que le da el apoyo social”, interpreta un alto funcionario de la gestión libertaria para justificar la revisión de posiciones. Bastante similar a lo que dicen haber escuchado un par de inversores que esta semana participaron en Nueva York de la Semana argentina. Tan argentina que no faltaron motivos de celebración, tanto como ruido y escándalos.

La buena acogida que tuvo el road show mileísta en el mundo de los negocios, (como un primer paso), potenciado por el inusual apoyo al rumbo de parte de la multipartidaria de gobernadores que viajó, sin embargo, no logró que los problemas de fondo desparecieran de la agenda pública. Mucho menos, de las preocupaciones cotidianas de los argentinos afectados por la situación económica. La falta de anuncios concretos impidió la repercusión fuera del universo de la gente de negocios.

Por el contrario, las reiteradas (y desubicadas) diatribas presidenciales a los dos empresarios argentinos que él convirtió en enemigos poco ayudaron para mejorar el humor en la opinión pública local. Pero, sobre todo, un nuevo daño autoinfligido del Gobierno operó como un vaso de ácido arrojado sobre las heridas de la sociedad.

El escándalo que se desató por la injustificable inclusión de la esposa del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en el avión presidencial y en el lujoso hotel donde se alojó la comitiva oficial terminó por ridiculizar la prédica moralizante emprendida por Milei y amplificada por el propio Adorni.

También repuso comparaciones odiosas y expuso la vigencia de inaceptables “privilegios” típicos de la casta, según la calificación que oportunamente le había dado el propio jefe de Gabinete. Fue hace dos años cuando anunció el lanzamiento de una reglamentación para ponerles fin. La misma que el ministro karinista ahora se encargó de violar. Entre otras cosas, se refería precisamente al traslado de familiares de funcionarios en aeronaves oficiales.

La habilidad que Adorni supo mostrar en su condición de vocero para defender al Gobierno así como para ridiculizar a opositores, a críticos o a quienes simplemente osaban hacer preguntas incómodas sobre la gestión y las políticas públicas pareció haberse devaluado en su autodefensa. Trastabilló, se enojó, dejó preguntas sin responder. Y le llegaron de una sola vez todas las facturas que, a lo largo de dos años, habían acumulado sus víctimas y adversarios. Externos e internos.

En nada lo ayudó su compañero de viaje en avión privado y anfitrión en Punta del Este, durante el último fin de semana largo de carnaval. La naturalización y liviana justificación de lujos y gastos que pocos pueden afrontar hecha en defensa del jefe de Gabinete por Marcelo Grandio tuvo el agravante de que este es conductor y contratista de la TV Púbica. Con la tuya.

Como si fuera poco todo eso, el escándalo volvió a instalar en la opinión pública otro de los puntos débiles del Gobierno, como es la feroz disputa interna, que tiene en el centro del ring a la empoderadísima Karina Milei frente al devaluado Santiago Caputo. Una pelea que está en su pico, pero que no se circunscribe a ellos dos, sino que se extiende a otros actores del oficialismo. Es el caso de la senadora Patricia Bullrich, que sin integrar el bando caputista goza de la creciente desconfianza del ala karinista. En ese contexto no sorprendió que se instalara en las redes la sospecha de que en el caso Adorni pudo haber filtraciones originadas en el seno del oficialismo.

La publicación al unísono de apoyos en las redes sociales por parte del Presidente, los ministros, el gurú Caputo y propagandistas de todas las alas del oficialismo no es precisamente una demostración de unidad (y menos de espontaneidad), sino más bien una expresión de preocupación y disciplinamiento interno.

La sucesión de escándalos en la cima del poder y las contradicciones con lo declamado podría ser mucho para una sociedad cuyo presente en materia económica no solo se define por la negativa sino que viene bajando sostenidamente sus expectativas de mejoras personales y generales en el futuro. Por ahora, resiste.

Las encuestas empiezan, sin embargo, a dar algunas señales de alerta. En el último mes se profundizó la opinión negativa sobre la marcha de la economía, sobre la situación personal y familiar, y volvió a caer la esperanza de mejoras en el corto y mediano plazo. La mayoría de las mediciones precede a los ruidos de los diez días.

No debería extrañar ese signo. “Dos de cada tres encuestados dice estar endeudado y tres de cada cuatro, que les cuesta llegar a fin de mes”, señala el consultor Federico Aurelio.

En al menos tres encuestas de consultoras prestigiosas, elaboradas para sus clientes, más de la mitad de los argentinos (cada vez más cerca del 60%) es crítica de la situación económica y cuestiona la gestión. La tendencia viene profundizándose en los últimos dos meses.

Bajos ingresos, recesión y empleo encabezan el ránking de preocupaciones, dominado por los asuntos de índole económica, en un top cinco en el que la excepción es la corrupción. La inflación ya no está en esa cima.

Parece ser un buen plafón para el plan de recalibración que evalúa el Gobierno con la intención de reactivar la actividad económica aun a costa de algún recalentamiento de los precios. Siempre que sea acotado. El problema adicional es que la conflictiva y volátil situación internacional podría ponerle más presión a la inflación local. Otra vez, Trump.

En el Gobierno toman nota de que si bien ese malestar, agudizado por la situación económica, ha estado hasta ahora bastante desacoplado de la opinión sobre el Presidente y algo menos sobre su gestión, se ha empezado a registrar un deterioro de la figura de Milei, aunque más atenuado. Aquella disociación, así como esta naciente vulnerabilidad son advertidas por los consultores Federico Zapata, Pablo Knopoff y Alejandro Catterberg.

A favor del Gobierno y de Milei, en particular, parece jugar decisivamente el mayor rechazo o desafección que sigue concitando el resto de las figuras políticas, capaz de compensar cuestionamientos por la marcha de la economía.

“Es muy notable lo que sucede, ya que cae la imagen presidencial, pero también cae todo el sistema político en la consideración social. Se puede decir que Milei desacumula, pero nadie acumula. Hay una desconexión de la sociedad con la dirigencia política, a excepción del Presidente”, señala Zapata. Para para bien o para mal, para adherir a él o para rechazarlo, Milei sigue teniendo la centralidad. El resto es ausencia y rechazo.

Por ahora, “aparecen demandas, pero la sociedad no encuentra interlocutores para sus demandas fuera del oficialismo”, dice el director de la consultora Escenarios.

En las distintas variantes de la oposición ya tomaron nota. Son muchas las conexiones subterráneas para tratar de construir algo nuevo. Y no solo están involucrados políticos. También hay actores sociales y empresarios tentados para armar algo superador. Algo así como continuidad y cambios, antes que rupturas.

La experiencia indica que es muy alta la probabilidad de que un mayor deterioro de la situación económica rompa el actual desacople entre performance e imagen presidencial.

Ahí es donde ponen la mira los nada numerosos funcionarios del Gobierno con más sensibilidad política, aunque no necesariamente más influencia en la toma de decisiones. Son ellos los que más celebran las señales revisionistas.

Algunos de ellos, en especial los que tienen más vínculo con la otredad política, advierten que tienen una ventana de oportunidad que no se extendería más allá de septiembre para avanzar con las reformas sin mayor oposición, como se verificó en las sesiones extraordinarias, que el Gobierno superó con pocos sobresaltos.

“Durante estos días en Manhattan los propios gobernadores que hicieron profesión de fe sobre las bondades del equilibrio fiscal, la iniciativa privada, la apertura comercial, es decir sobre el rumbo general del Gobierno, también advirtieron que en menos de seis meses dejarían de ser tan condescendientes. Sobre todo, si como ellos advierten el mileísmo va por sus territorios y encima si siguen cayendo sus ingresos y no se recupera la actividad”, contó un importante inversor con fuertes intereses en el país en diversos rubros que le dijeron varios de ellos. El financista mantiene un diálogo frecuente con los principales funcionarios del Gobierno y especialmente con el equipo económico.

El tiempo corre, las correcciones esperan y la sociedad demanda. El Gobierno tiene la pelota de su lado. Todavía.

© Copyright 2026 SA LA NACION | Todos los derechos reservados. Dirección Nacional del Derecho de Autor DNDA - EXPEDIENTE DNDA (renovación) RL-2023-95334553-APN-DNDA#MJ.Queda prohibida la reproducción total o parcial del presente diario.