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140 años del Palacio de Justicia

hace 5 horas en perfil.com por Guillermo Tella
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En pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires, el edificio que alberga a uno de los tres Poderes Nacionales fue concebido hace 140 años y hoy su severa arquitectura observa desafiante el paso del tiempo.

El Palacio de Justicia, edificio que alberga a uno de los tres Poderes Nacionales, ubicado frente a la Plaza General Lavalle, ocupa la totalidad de la manzana comprendida por las calles Talcahuano, Tucumán, Uruguay y Lavalle, en pleno área central de la Ciudad de Buenos Aires.

La Corte Suprema de Justicia había sido creada en 1863 por decreto del presidente Bartolomé Mitre. Por entonces, los edificios judiciales se hallaban diseminados: la Corte funcionaba en la calle San Martín 275 (actual Banco Central), la justicia criminal y comercial tenía sede en el Departamento de Policía y la Cámara Civil en el Cabildo.

El predio del palacio perteneció originariamente a Ambrosio Zamudio, sobre un área que se hallaba en estado de abandono, popularmente conocida como el Hueco de Zamudio —los “huecos” eran zonas sin construcciones y en estado de abandono (generalmente, tierras bajas y anegadizas), que se incorporaban al dominio municipal—.A partir de 1801 fue propiedad de Felipe Arguibel y una década más tarde pasó a manos del Estado Nacional con el propósito de establecer laFábrica de Fusiles y el Parque de la Artillería.

El 25 de mayo de 1910 se inauguró oficialmente el edificio, con la habilitación de una parte sobre su entrada principal"

Cuando en 1857 el Ferrocarril del Oeste inauguró la primera línea férrea, colocó su terminal en el lote que actualmente ocupa el Teatro Colón y fue la detonadora de la urbanización de la zona. Se trata de la Estación del Parque, que funcionó allí hasta 1883.

Y fue en 1886 cuando se decidió la construcción de un nuevo edificio que centralizara las dispersas dependencias judiciales en el terreno que ocupaba el antiguo Parque de la Artillería. Para ello, sobre la base de un minucioso programa de necesidades, se le propuso a los arquitectos Norbert Maillart y Francesco Tamburini que formulasen cada uno un anteproyecto para ser evaluados.

Ante los dos trabajos recibidos, se arribó a la siguiente conclusión: “Confrontando ambos proyectos, se observa una cierta correlación respecto de la distribución de los locales... Pero en el proyecto de Maillart, éstos están más juiciosamente estudiados... De hecho, presenta mayor variedad armónica que el de Tamburini... Tiene cierta grandeza y aspecto severo, como corresponde a un palacio de justicia”. El proyecto, finalmente, se le adjudicó al arquitecto francés Norbert Maillart, autor del Colegio Nacional de Buenos Aires y del Palacio de Correos.

El edificio debía albergar a: la Cámara Federal de Apelaciones de la Capital; la Cámara Apelaciones en lo Comercial, Criminal y Correccional; el Juzgado en lo Civil, Defensores de Menores y Registro de Mandatos; el Juzgados del Crimen y Correccionales; el Cuerpo de Médicos de los Tribunales y el Archivo de los Tribunales. Mediante una licitación pública, la ejecución de la obra fue concedida en 1903 a la empresa constructora José Bernasconi y Cía., que se comprometió a terminarla en el lapso de tres años. Con motivo de los festejos del Centenario, el 25 de mayo de 1910 se inauguró oficialmente el edificio, con la habilitación de una parte sobre su entrada principal, donde comenzaron a funcionar los primeros tribunales.

Judiciales tomaron el edificio de los Tribunales del Trabajo en contra del traspaso a la justicia porteña

Durante los primeros años de la obra, debieron ejecutarse numerosos trabajos no contemplados en el contrato original, como por ejemplo: la adaptación del proyecto a las nuevas líneas municipales, el suministro de agua a los últimos pisos, el plan de ornamentaciones, el aumento en casi dos metros de la altura total del edificio, el reemplazo de armaduras de madera por metálicas para prevenir incendios, la colocación de ascensores eléctricos, la ejecución de instalaciones de calefacción, la adquisición de mobiliario.

Sobre la marcha debieron efectuarse numerosas enmiendas al proyecto original: las mansardas de pizarra del último piso fueron transformadas en oficinas con muros de mampostería y tejas esmaltadas, la escalera de honor que conducía a la Corte Suprema se suprimió, así como la cúpula, la estatuaria y un par de escaleras secundarias, para permitir la reducción de los costos de obra.

Hacia el año 1937, los periódicos locales criticaban duramente las características del palacio. Se sostenía que: “Es un edificio en el que la gente se pierde... No tiene la capacidad adecuada... No importa que la pared esté sin revestir... con tanta oscuridad no alcanza a verse... Concebido para las necesidades de otros tiempos, no sirve en la actualidad y esta inconcluso”.

El Salón de Embajadores recibea las visitas oficiales y cuenta con una centenaria araña de cristal de Murano y ornamentaciones francesas"

Finalmente, en 1942 la obra es concluida, poniendo en pleno funcionamiento a un centro burocrático donde las dependencias judiciales, los registros, los archivos, la alcaldía policial, el destacamento de bomberos, el colegio de abogados, las oficinas de correos y telégrafos, una sucursal de banco y otras muchas más reparticiones auxiliares le otorgaban al edificio una dinámica vertiginosa.

Su forma es cuadrada, con 7 pisos de altura y 68 mil metros cuadrados cubiertos. A cada lado de los cuatro frentes se dispusieron amplios accesos, con vestíbulos y escalinatas. Las plantas se estructuran en función a dos ejes perpendiculares. Sus 6 patios interiores permiten distribuir la iluminación y la ventilación adecuadas a todos los locales.

Una obra ecléctica, que combina con armonía una extrema simetría y que combina mármol, bronce y madera tallada. Su ornamentación grecorromana, tanto interior como exterior, el tratamiento artístico de sus cielorrasos, solados, muros y capiteles, las columnatas y galerías exteriores que rodean a los patios, hacen del edificio una valiosa muestra de arquitectura.

Las fachadas se levantan sobre un ancho basamento. Su cara principal, frente a la Plaza Lavalle, está conformada por un cuerpo central saliente, con seis columnas monumentales de base cuadrada que enmarcan a cinco arcos y una amplia escalinata de acceso, coronan la parte superior con dos grandes grupos escultóricos simétricos (con las “Tablas de la Ley”, flanqueadas por figuras femeninas). En sus esquinas aparecen dos cuerpos salientes, mucho más livianos que el central, aligerados por los intercolumnios de las galerías.

Por su fachada principal, se penetra al palacio a través de un gran vestíbulo, cuyas columnas se levantan hasta la cúpula del tercer piso, desde donde se derrama una iluminación natural de tipo cenital. Sobre un alto pedestal, en el Hall Central se colocó en 1959 la “Estatua de la Justicia” (obra del escultor argentino Rogelio Yrurtia, realizada en bronce, con 3,85 metros de altura y un peso de 1800 kilos).En el Hall de Honor de la Corte Suprema de Justicia, ubicado en el 4º piso, se encuentra el Salón del Té, con un mobiliario original de estilo inglés; que lleva su nombre por una antigua costumbre de los Ministros de la Corte de reunirse a discutir los sucesos del día.

A continuación, aparece el Salón de Embajadores, sitio en el que se reciben a las visitas oficiales. Cuenta con una centenaria araña de cristal de Murano y ornamentaciones francesas.

La Sala de Audiencias constituye uno de los exponentes de mayor valor artístico; responde a la versión de las cortes supremas europeas. Allí se llevan a cabo los actos oficiales tales como: juicios ordinarios, actos académicos y juramento de jueces.

Este palacio actualmente continúa manifestando a través de su arquitectura el equilibrio y la severidad necesarios que la Justicia requiere.La nobleza de sus formas y de sus materiales permiten dar cuenta de la magnificencia arquitectónica.

Recorriendo sus huellas, toman nuevo impulso aquellas expresiones vertidas en 1902 por el Diputado Francisco Seguí: “En estos edificios no se debe economizar, porque son una muestra de la grandeza de la Nación”.

Sus formas, tan macizas como majestuosas, ostentan una modernidad que no resultan opacadas. Su fachada, con su alegórica estatuaria, con su masa muraria y con su juego de entrantes y salientes, resiste y observa desafiante el paso del tiempo.

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