En medio de la volatilidad que atraviesan los mercados globales de materias primas por la escalada del conflicto en Medio Oriente, la cotización internacional de la soja superó los USD 450 por tonelada, un valor que no se veía desde noviembre de 2023, cuando la oferta mundial de granos había caído por la sequía que atravesó la Argentina durante la campaña 22/23.
Ahora, en el mercado de futuros de Chicago, el contrato de soja con entrega en mayo se negoció a USD 451 por tonelada, mientras que la posición julio trepó a USD 456,9; en tanto, el contrato noviembre se ubicó en USD 428 por tonelada.
El movimiento también arrastró a otros granos. El trigo avanzó más de 2% y cotizó a USD 221 para mayo, USD 225 para julio y USD 230 para septiembre, mientras que el maíz también mostró subas cercanas al 2%, con precios de USD 182 para mayo, USD 187 para julio y USD 193 para diciembre.
El repunte en el precio internacional de los granos está estrechamente vinculado al escenario geopolítico mundial. Es que la continuidad del conflicto bélico en Medio Oriente generó movimientos alcistas en distintos insumos clave, especialmente el crudo, lo que terminó trasladándose también al mercado agrícola.
Puntualmente, el Brent, referencia internacional del crudo, llegó a rozar en algunas jornadas los USD 120 por barril, el valor más alto desde 2022. En las ruedas posteriores el precio recortó parte de esa suba y volvió a ubicarse en torno a USD 90 a USD 100 por barril, aunque desde el inicio del conflicto acumula un incremento cercano al 28 por ciento.
El encarecimiento del petróleo impacta directamente sobre el agro porque eleva los costos de producción, transporte e insumos. A eso se suma el aumento de los costos logísticos globales, ya que el precio del combustible y de los seguros marítimos presiona sobre las tarifas de flete.
Según analistas de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la incertidumbre en torno al Estrecho de Ormuz, una de las principales rutas del comercio energético mundial, elevó la volatilidad en distintos mercados de materias primas, incluidos los agrícolas.
En ese contexto, también cambió el comportamiento de los grandes fondos de inversión que operan en el mercado de futuros de Chicago. Hace unas seis semanas, estos inversores apostaban a una baja en los precios de los granos. Sin embargo, en las últimas semanas comenzaron a posicionarse nuevamente en materias primas agrícolas.
De acuerdo con un informe de la BCR, los fondos pasaron de tener posiciones vendidas por unos 245.000 contratos a mantener posiciones compradas por más de 295.000 contratos, lo que implicó un giro significativo en sus carteras.
Parte importante de ese cambio se concentró en el complejo sojero. Según el análisis, el reposicionamiento de los inversores equivale a compras en el mercado de futuros por un volumen cercano a 48 millones de toneladas de soja, una cifra similar a la producción que se espera para la Argentina en la actual campaña.
Para la Argentina, uno de los principales exportadores agrícolas del mundo, el nuevo escenario internacional abre una ventana de oportunidad por mejores precios.
Sin embargo, el impacto podría ser más moderado que en otros ciclos. Una parte importante de la producción de soja y maíz ya fue comercializada tras la última campaña, por lo que el volumen disponible para aprovechar una suba de precios es más limitado.
Al mismo tiempo, el mercado local enfrenta un escenario de oferta elevada. Las estimaciones del sector proyectan que los stocks finales de granos podrían superar las 21 millones de toneladas, impulsados por buenas cosechas de trigo, maíz y girasol.
Ese nivel de disponibilidad suele actuar como un factor que modera las subas de precios internos, aunque al mismo tiempo fortalece la capacidad exportadora del país en un contexto internacional marcado por la volatilidad y la necesidad de asegurar la provisión de alimentos.