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Las torres de Nurenberg

hace 12 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Las torres de Nurenberg

El estreno de Nurenberg, la película en la que Russell Crowe interpreta a Goering y que refleja aspectos del juicio a los criminales nazis, trae de nuevo a primer plano a una de las ciudades más importantes de Alemania. Allí, en septiembre de 1935, el régimen estableció las nefastas leyes de “supremacía racial” y dio carta libre para la persecución y posterior exterminio de judíos (y muchos más). Caído ese mismo régimen con la derrota en la Segunda Guerra Mundial, los aliados designaron a Nurenberg como sede del juicio a cargo del Tribunal Militar Internacional. Allí, el edificio del juzgado había “sobrevivido” a la guerra y era uno de los pocos sitios adaptados para un proceso de esas dimensiones.

Pero nada de aquella penosa historia había sucedido hace casi un siglo, cuando un poeta argentino llamado Juan Sebastián Tallón editó “Las torres de Nurenberg”, que incluía su poema más conocido (El sapito glogloglo). Dos años antes, en 1925, había publicado “La garganta del sapo”. Con esas obras Tallón fue precursor en la literatura dedicada a los chicos, algo que nuestra artista suprema del género –María Elena Walsh- resaltó en su momento: él abrió el camino al combinar ternura, humor y fantasía. Tallón nació en 1904 en Buenos Aires, en el barrio de Barracas. Era hijo de un cajero de la compañía nacional de trenes. Pasó su infancia en Temperley y retornó a la capital en una vida que incluía boxeo, natación y largas tertulias literarias.

“Cuando Tallón se radicó en Buenos Aires –escribe Lázaro Liach- era tan pobre que solo pudo obtener albergue en un conventillo de la calle Bolívar, en un cuarto que compartía con otros tres jóvenes. Lo cierto es que algunos de sus compañeros o vecinos de aquel caserón viejo eran periodistas, poetas, soñadores, todos, los más del interior, muchachos que esperaban conquistar fama y gloria.”

José Portogalo ubica a Tallón en el legendario grupo de Boedo junto a nombres como Alvaro Yunque, Elías Castelnuovo y Leónidas Barletta, que se expresaban a través de la revista Los Pensadores: “Tallón es el primer poeta de la infancia callejera del suburbio porteño, de esa infancia de pies desnudos, agresiva y zumbona de los baldíos de Buenos Aires. El canta a la honda y expresa las correrías del hijo de la pobreza (…) Lo hace a puro envión del corazón”.

Y con Las Torres de Nurenberg “se sitúa como el primer poeta argentino que escribe poesía para niños. Un estado de auténtica gracia preside todos sus impulsos. Tallón no escribe versos que hablan de niños, sino que busca comunicarse con ellos, como si él fuera otro niño con toda la sabiduría del adulto”

Luego de aquellos libros, se dedicó a la crítica y murió el 15 de septiembre de 1954.

Uno de sus allegados, Aristóbulo Echegaray, lo definió en Clarín: “Era natural y arbitrario. Rotundo y contradictorio. Conocerlo y no amarlo era difícil. Tratarlo y que pronto no peleara con nosotros, mucho más difícil. Austero y honrado hasta la exageración si cupiera la exageración en la honradez. Exigía los demás una transparencia impoluta, tanto más allá de las posibilidades humanas. Acaso su amistad y su amor por los niños tengan origen en esa profunda exigencia que, para mí, era un personal sentido de lo angélico. En los niños veía ángeles”.

También cuenta que “aislado, extrañado en su pequeño departamento en un tercer piso de la calle Balcarce, viva como en una torre. Se le podía considerar a la vez ogro y ermitaño. Allí en ese extrañamiento donde solo deambulaba como un ángel custodio la compañera, toda comprensión y heroísmo, el poeta cavaba su profundidad”

En el prólogo de Las Torres de Nurenberg, el autor aclara que no se refiere a la ciudad alemana sino a “otra del mismo nombre” que conoció a través de cuentos infantiles.

“Esta ciudad, amigos / Es la más linda y más lejana / Tiene mil años y quinientas torres / Y en cada torre suena una campana”

Para Luis Emilio Soto, en El Mundo, Tallón “se abrió paso en 1925 con su primer libro La garganta del sapo. Cuando los poetas, entonces jóvenes se abandonaban a la cuerda elegíaca casi sin excepción, Cargó su lirismo de glóbulos rojos y exaltó la naturaleza inmediata., cotidiana. Le dio a las cosas un trato de lenguaje nada familiar o poco literaria”. En aquella primera obra hablaba del barrio, los baldíos y excursiones por el Buenos Aires de las orillas. Las Torres de Nurenberg marca la transición hacia nuevos temas y formas técnicas más depuradas, una recóndita sensibilidad.

al vez su cierre del libro, con el poema El nudo, anticipaba su alejamiento: “Para acordarte de algo lindo / No hagas un nudo en el pañuelo,/ Porque el recuerdo que así guardas / Lo has lastimado al retorcerlo./ Y vendrá un día, ya verás, / Que aprovechando tu silencio,/pondrán un nudo en tu garganta / Para vengarse, los recuerdos”

Luis Vinker

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