La inflación de febrero, cuyo dato oficial se conocerá este jueves, habría sido similar o apenas inferior a la de enero (2,9% mensual), de acuerdo con cálculos privados. Los ajustes en las tarifas e incrementos en la carne habrían impedido una caída sustancial en el índice de precios. La presión estacional de marzo también podría impedir una desaceleración, impulsado por el rubro de educación, como es habitual en este mes. Además, producto del conflicto bélico en Medio Oriente, ahora se suma la suba en los precios de los combustibles más el efecto que generará en toda la cadena.
En el mercado estiman que la inflación retomará la tendencia bajista a partir de abril, pero lo haría de manera gradual: no prevén que la desaceleración del ritmo de precios sea tan contundente como lo espera el presidente Javier Milei. Los economistas creen que el mandatario es demasiado optimista al proyectar una inflación por debajo de 1% mensual para julio o agosto. Incluso, estiman que ese objetivo difícilmente pueda lograrse este año debido a la inercia inflacionaria, a lo que ahora se suman presiones externas.
Milei afirma que una vez pasado el rezago de la caída de la demanda de pesos que se registró el año pasado durante la campaña electoral y la estacionalidad del primer trimestre, tras el pico de marzo, la inflación descenderá rápidamente, por lo que entre julio y agosto el Índice de Precios al Consumidor (IPC) mensual "empezará por cero" (igual o menor a 0,99% mensual), según ratificó en los últimos días en una entrevista televisiva.
El consenso del mercado ve muy poco probable que ese objetivo se cumpla en cinco meses. Ahora, mucho menos, teniendo en cuenta que se suma la presión externa a raíz del conflicto bélico en Medio Oriente: la disparada de la cotización internacional del petróleo por la parálisis del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% de la oferta global de energía, ya se empezó a impactar en los precios internos de los combustibles. Esto, además, se trasladará al resto de la economía.
Si bien en las últimas horas la cotización internacional del crudo cedió ante la expectativa de una pronta tregua entre Estados Unidos e Irán, se mantiene en niveles muy altos tras una suba acelerada: en apenas diez días, pasó de la zona de u$s70 a u$s90, tras tocar un pico en casi u$s120 por barril en el arranque de la semana. Además, el precio opera con volatilidad debido a la fuerte incertidumbre, por lo que aún no se puede descartar que en algún momento retome la tendencia alcista y vuelva a tocar máximos.
De acuerdo con el economista Camilo Tiscornia, el componente de combustibles tiene un peso de alrededor de 5% en el índice de inflación local, pero esto recién empieza y aún se desconoce cuánto será finalmente el traslado de los precios internacionales a los domésticos. A la vez, las subas de los precios internacionales de los productos agrícolas también podrían afectar a los precios locales de los alimentos, pero afirma que en este caso es más difuso porque el traslado no necesariamente es total o directo, ya que hay varios factores locales que inciden.
De todas maneras, de acuerdo con los analistas, el asunto del petróleo y el resto de los commodities es sólo un factor adicional de presión sobre los precios de la economía local, pero la inercia inflacionaria sigue firme y no permitiría una rápida desinflación en el corto y mediano plazo. Es decir, más allá de lo que suceda en Medio Oriente y la tendencia que tomen las cotizaciones de las materias primas, no prevén que el IPC se desacelere tan rápido y descienda por debajo de 1% mensual en julio o agosto, como lo prevé el Presidente.
"Nuestra estimación, aún sin conocer la resolución del conflicto bélico en Medio Oriente y el impacto final sobre los precios de la economía, es de un sendero decreciente de la inflación local. En nuestro escenario base, durante la segunda mitad de este año el índice de precios podría ceder hasta registrar variaciones por debajo del 2% mensual, pero aún no proyectamos que lo haga debajo del 1% mensual", afirma Claudio Caprarulo, director de Analytica.
Caprarulo estima que, en un escenario optimista, en el que no aparezca ningún imprevisto local o externo contundente que tuerza el ritmo proyectado, el índice de precios local podría descender por debajo del 1% mensual y que la cifra "empiece por cero" recién a finales del próximo año.
Alejandro Giacoia, economista de Econviews, estima que la inflación podría descender por debajo del 2% en los próximos meses, pero coincide en desestimar una desinflación tan rápida como la prevé el Presidente. Calcula que el objetivo de inflación mensual que "empiece por cero" podría darse, por muy rápido, a finales de este año o el próximo.
"Esperamos que el dato de inflación de febrero que se conocerá este jueves sea de alrededor de 2,4% mensual. En marzo, probablemente sea alguna décima más por la estacionalidad alta que tiene este mes. Desde abril en adelante, sí puede empezar a desacelerar el ritmo, pero esperamos una baja suave porque la inflación está mostrando que tiene inercia y esta inercia es difícil de romper. Por lo tanto, creemos que la desinflación va a ser lenta", sostiene Giacoia.
El Relevamiento de las Expectativas del Mercado (REM) que elabora todos los meses el Banco Central, en base a encuestas a las principales consultoras y bancos locales, también proyecta desinflación para los próximos meses, pero aún no prevé una perforación del 1% mensual. En el último informe, según la mediana de los participantes, se espera 2,5% para marzo y 2,2% para abril. La línea del 2% se rompería en mayo, cuando caería a 1,9%, y seguiría descendiendo a 1,8% en junio, 1,7% en julio y 1,5% en agosto.
"Parece muy optimista pensar en una inflación por debajo del 1% mensual y más ahora, con esta presión del precio del petróleo. Igualmente, aún sin esta presión del petróleo en el medio, hubiera sido difícil pensar en esa cifra. De todas formas, estimo que la inflación va a bajar. Me parece que el Gobierno está haciendo mucho para que baje y algunas cosas temporarias van a ir pasando, pero una caída por debajo del 1% mensual para los próximos meses parece muy fuerte", agrega Tiscornia.
Javier Okseniuk, director de LCG, sostiene que desde hace muchos años Argentina está con "inflación crónica", por lo que se necesitan las condiciones para que se dé esa desinflación. Considera acertado el enfoque fiscal que el Gobierno le da al trabajo de desaceleración de los precios, pero cree que el equilibrio fiscal y el paso del tiempo podrían no ser suficientes para consolidar el proceso de desinflación.
"Nosotros no prevemos que la inflación se ubique por debajo del 1% mensual en julio o agosto. Lógicamente, no se puede descartar, pero nos parece muy optimista. La dinámica reciente muestra un piso inercial en la inflación (nadie quiere sacrificar márgenes en un contexto incierto) que puede costar un poco romper. Además, se suman futuros ajustes de tarifas y ahora lo de los incrementos en los combustibles. Por otro lado, siempre están latentes los riesgos cambiarios", advierte Okseniuk.
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