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2026 no es 2016 ni a palos

hace 15 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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2026 no es 2016 ni a palos

Hace poco se puso de moda entre los jóvenes postear fotos de hace diez años con el lema “2026 is the new 2016”. La nostalgia que propone la tendencia no tiene que ver con los eventos principales de esa época. 2016 fue el año del Brexit, de los Panamá Papers, el año en que Donald Trump ganó su primera presidencia. También fue el año en que murieron David Bowie y Leonard Cohen (eso solo bastaría, para mí, para etiquetarlo como un año nefasto).

La idea va por un lado más frívolo: celebra una época supuestamente más simple y auténtica, sin imágenes creadas por IA ni retoques extremos, con gente que todavía parecía pertenecer a la especie humana y no al planeta Botox o RellenosDérmicosGoneWrong.

Una nostalgia por una época sin filtro, donde estaba bien mostrar imperfecciones y, sobre todo, la obsesión por la belleza y la juventud no se había convertido en una guerra contra nosotros mismos.

La tendencia nos hizo pensar a muchos en qué diferente era el mundo pre Covid 19, claro. Y en lo rápido que cambió. Entre las cosas que cambiaron, la carrera contra lo que se supone que es la vejez y la obsesión por equiparar lo bello a lo joven es la que más me impresiona. Basta ver las cirugías de Hollywood para entender que una cara sin arrugas no es necesariamente bella. Puede ser algo posthumano, entre creepy y desolador.

En cuanto a las redes, todo es fake, ya sé, pero hay fakes y fakes y la mayoría de las imágenes retocadas terminan produciendo una especie de empacho visual. Claro que no se trata solo de estética: es una guerra desatada contra cualquiera que declare tener más de 40 años. Y encima, que se atreva a aparentarlos. Lo cual me recuerda que 2016 fue también el año de la segunda temporada de Younger, una serie que, comparada con los productos inanes tipo Emily in Paris que ofrece hoy Netflix (y que rankea alto en esa estética fake), parece alta comedia. La protagonista, Liza, tiene 40 pero aparenta menos. Como no consigue trabajo debido a su edad, decide hacerse pasar por alguien de 26; así logra un puesto en una editorial que la lleva a tener que interactuar con gente mucho más joven. Es divertido ver algunos capítulos a pesar de que sea un producto light: muestra bastante bien los prejuicios que ya en 2016 había en torno a la gente de 40 (ni hablemos de la de 50, que para la mayoría de los productores ya califica como zombi). También está filmada de un modo más cercano a la vida real.

Ahora para ver imágenes auténticamente bellas, hay que ir mucho más allá de 2016. Cuando me harto de tanto fake, me basta ver una película de los 70s o un video de los Beatles (“Something” es, en este punto, conmovedor). Nada que se esté haciendo ahora se compara al shock de ver gente que tiene la ridícula idea de no parecerse a nadie más, es decir la gracia de ser hermosa en toda su magnífica singularidad.

Betina González

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