Una tarde de febrero de 2004, en la residencia del embajador argentino en España, Néstor Kirchner le aconsejó al banquero Francisco Luzón: “No miren lo que digo. Miren lo que hago”. Buscaba inversiones. Javier Milei persigue el mismo objetivo. Aunque su indicación debería ser la inversa: “Miren lo que digo. No miren lo que hago”. Ambos requerían, como todo político, la persistencia de lo que el gran Halperín Donghi llamaba “la ficción consentida”.
Milei inauguró una “Semana Argentina” en la magnífica sede de JP Morgan, en Park Avenue y 47, una torre de Norman Forster que acaso sea la obra arquitectónica más sofisticada que se haya realizado, a escala global, en los últimos años. Allí recitó otra vez su cantar de gesta en favor de la perfección de los mercados. Despotricó, como de costumbre, contra quienes intervienen en esos mecanismos utilizando el poder del Estado. Repitió, con variaciones mínimas, lo que había dicho en Davos y en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso.
Lo mejor que podría pasar es que los hombres de negocios que estaban en la sala se vieran satisfechos con esa profesión de fe. Pero el empeño de Milei para inspirar la confianza que demanda la inversión está amenazado por el riesgo de que ellos también miren lo que hace. En ese caso, podrían sorprenderse con la distancia que existe entre su manual de instrucciones y su régimen de prácticas.
El ejemplo más inmediato también se relaciona con el discurso de Nueva York. Se trata del dolorosísimo despido de 920 trabajadores de la fábrica de neumáticos Fate. El Presidente se ensañó otra vez con su dueño, Javier Madanes Quintanilla, a quien acusó de “haberle tirado” esos empleados en la calle, justo cuando se trataba la reforma laboral en el parlamento.
Es una narrativa curiosa. Porque, si se examinan los hechos a la luz de las teorías que defiende el Gobierno, a Madanes Quintanilla le ocurrió lo que cabía esperar: según la premisa oficial, que lo presenta como un industrial protegido, al perder ese cobijo quedó expuesto a la libre competencia, y quebró. Una de las consecuencias de la quiebra son los despidos. Es decir: por el sector de autopartes pasó “el vendaval perenne de destrucción creativa” del que hablaba Schumpeter y eliminó lo que debía ser eliminado por ineficaz. Entre otras cosas, 920 puestos de trabajo.
Sin embargo, Milei descree de su propia teoría y ve la crisis como el resultado de una operación conspirativa con la que Madanes tomó venganza por el despojo de sus privilegios. Esa interpretación es la que inspira el abordaje que el Ministerio de Capital Humano hizo del problema: obligar a los dueños de Fate a pagar los salarios a los empleados que no sólo no trabajan, sino que tienen tomada la fábrica. El argumento del oficialismo es que los trabajadores deben ser remunerados durante la conciliación obligatoria. Sin embargo, el 95% de la biblioteca indica que, si el empleado no cumple con sus tareas, sino que, además, se pone en el borde del delito copando las instalaciones, el empleador no tiene por qué pagarle.
Más allá de la discusión técnica, hay una novedad inesperada, que es esta: Milei intenta neutralizar la destrucción creativa del mercado con una intervención del Estado que emocionaría a Axel Kicillof o a Guillermo Moreno.
En la fisura de esta incoherencia anida un problema dramático pero interesantísimo: la distancia que hay entre predicar verdades, como un profeta, y afrontar dificultades, como un rey. Milei explicó en el Congreso que los que son cautelosos frente a los beneficios de la apertura económica ignoran algo obvio: como los consumidores compran bienes más baratos en el exterior, realizan un ahorro que pueden destinar a comprar otros bienes, con lo cual alientan la formación de nuevas fuentes de trabajo, de modo tal que el nivel de empleo se mantendría estable o, inclusive, crecería.
La explicación tiene una laguna: ¿será verdad que el público dedicará ese ahorro a comprar bienes en el mercado local, o seguirán prefiriendo artículos importados? Es un detalle. El verdadero inconveniente es otro, que aparece en Fate. Es posible que todavía no haya tanta gente que ya ahorró comprando neumáticos más baratos producidos fuera del país. Por lo tanto, es probable que esas nuevas empresas que se van a crear para satisfacer esa demanda adicional de mercadería, aun no se hayan fundado. Quiere decir que, por ahora, la consecuencia más tangible de la medida sean los 920 desocupados que tomaron la planta de Fate.
Milei parece ver al mercado como un artefacto que funciona con una sincronicidad prodigiosa. Una invención de la literatura fantástica. Ignora la noción de proceso. Ignora el tiempo. Y el tiempo es consustancial a la política. Por eso Fate le plantea un problema político. Y él intenta resolverlo con política. Es decir, recurriendo a ese estatismo pestilente que deplora en sus discursos. Por eso es mejor no mirar lo que hace. De lo contrario, aquellos inversores que lo escucharon en Park Avenue deberían considerar que se los está invitando a hundir su dinero en un país que los someterá a la intervención inmediata del Gobierno si por una decisión económica generan un inconveniente social o político. Un chistoso podría decir: el riesgo kuka ya está entre nosotros. Lo encarna la conducta imitativa de Milei.
Prestar atención a algunas decisiones de la Casa Rosada podría ser contraproducente para la inversión. Es una dificultad delicada, porque la economía se encuentra en un trance que pide a gritos la inyección de capitales. La recaudación tributaria del primer bimestre cayó a 35.000 billones de pesos, según datos de la consultora Empiria. Es el monto más pequeño desde el primer bimestre de 2013.
La mora que registran los bancos en el cobro de sus acreencias se está agigantando. Hay algunos muy importantes que ya la sitúan en 31%. Y entidades más pequeñas, asociadas a tarjetas de consumo, con atrasos superiores al 38%. Habrá que esperar para saber si la incorporación al equipo económico del uruguayo Ernesto Talvi, quien además de progresista es gradualista, inspira un cambio de enfoque en la velocidad del ajuste. Talvi recordó ante Luciana Vázquez, en La Repregunta de este fin de semana, que su país tardó más de 5 años en reducir la inflación del 40% anual a un dígito.
Los eventuales inversores que aplaudían en Nueva York pudieron también advertir que, si toman decisiones pensadas con criterio de mercado pero contrarias a las necesidades del Gobierno, se verán expuestos al insulto y la estigmatización desde el micrófono más sonoro del país. Milei vapuleó a Madanes y volvió a injuriar a Paolo Rocca. Lo hizo en la sede central de JP Morgan, la institución que tuvo a Rocca hasta hace muy poco tiempo como uno de los miembros del Consejo Consultivo que preside Tony Blair.
El Presidente viene repitiendo sus descalificaciones desde hace meses. Formula cargos graves, que entrañarían delitos. Pero jamás presenta una acusación en la Justicia. Sólo realiza caracterizaciones morales. Es otro campo en el que es preferible oír lo que dice y no mirar lo que hace. Porque en la primera fila de su audiencia había, en Morgan, un experto en mercados regulados de la talla de José Luis Manzano. Y en uno de los paneles organizados por el Gobierno para seducir inversores figuraba Leandro Sigman, hijo de Hugo Sigman, importador de sospechosos tambores de efedrina y frustrado importador de la vacuna Astra Zéneca durante la cuarentena de Alberto Fernández y del llorado Ginés González García.
Pero para advertir la distancia que hay del dicho al hecho alcanza con recorrer el listado de adherentes a la Fundación Faro, donde conviven en paz Karina Milei y el “Mago” Santiago Caputo. Allí aparecen desde Rubén Cherñajovky, beneficiario del régimen Tierra del Fuego, hasta los expansivos hermanos Neuss.
La paradoja de las embestidas de Milei contra Rocca y Madanes es que ellos son los titulares de los dos negocios que el Gobierno se comprometió a defender frente al proteccionismo de Trump.
La proliferación de discursos “que no mapean la realidad”, por usar términos del Presidente, es un signo de los tiempos. Se llama posverdad. Donald Trump lo llevó al extremo cuando consiguió que sus feligreses lo celebren por prometer un muro entre Colorado y México, dos territorios que carecen de frontera.
A una escala más modesta, Manuel Adorni hizo un aporte memorable a esta retórica que se desentiende de la verdad y hasta de la lógica. Anteayer explicó que el Estado trasladó a su esposa en el avión presidencial hasta Nueva York porque ella había comprado un pasaje de 5000 dólares el 26 de febrero pero no lo había podido usar. Sic. Las redes registraron al matrimonio en supuestas compras por Manhattan, sosteniendo sendas bolsas de Prada. La reacción más sensata fue suponer que a Adorni le queda alguna pizca de inteligencia, es decir, que se trataba, como se verificó al final, de una foto producida con Inteligencia Artificial. Aunque la combativa Lilia Lemoine la convalidó en una nueva polémica con su colega, la diputada Marcela Pagano, quien hostigó a Adorni por lo que interpreta como un cambio en sus patrones de consumo. Lemoine le responde que es ella, Pagano, la que no puede justificar su tren de vida. ¿Cómo es que todavía ningún productor lanzó todavía un programa con estas dos “titanes en el ring”?
Adorni confirmó también que se trasladó a Punta del Este con su familia para pasar el feriado de carnaval. No quiso dar precisiones de cómo lo hizo. Dijo que eso pertenecía a su vida privada. Ignora que los funcionarios públicos, en materia de gastos, carecen de vida privada. Ayer se corroboró que viajó en un vuelo privado, que despegó del aeropuerto de San Fernando con destino al de Laguna del Sauce, el 12 de febrero, e hizo el recorrido inverso cinco días más tarde. La empresa que lo llevó es Alphacentauri. La nave fue un Honda HA-420 Hondajet que, en el último registro disponible, no figura a nombre de Paolo Rocca ni de Javier Madanes, sino de Movigrúas S.A. Es una compañía que desde 1975 se dedica a “izajes industriales”. Todo para contestar a Pagano, que trató a Adorni de “industricida”.
En el vuelo hacia Punta del Este Adorni llevó también a su amigo y antiguo colega periodístico Marcelo Grandio. En las próximas horas aparecerá, sin dudas, la factura de esos vuelos y la transferencia de su pago. Si fuera una donación encuadraría en el artículo 259 del Código Penal, que sanciona las dádivas. Mientras aparecen esos documentos, sólo queda sacar cuentas. Cinco mil dólares de ida, otros 5000 de vuelta, más 5000 de un pasaje a Nueva York, Adorni se gastó 15.000 dólares en vuelos sólo en un mes. Su sueldo es de alrededor de 3 millones de pesos. Milagros del coaching ontológico, la disciplina a la que está consagrada Bettina Angeletti, su mujer.
A propósito de esta profesional: ¿es verdad que tiene un contrato en la Legislatura porteña? Anoche había inquietud en La Libertad Avanza por esta posibilidad. Pero debe ser un error. Los Adorni son prudentes.
Los aviones y helicópteros son desde hace tiempo la perdición de la política. Hay profesionales más adictos que otros. Por ejemplo, los jueces federales. Cualquiera que concurra a San Fernando o al sector de aviación privada de Aeroparque puede corroborarlo. Por eso fue tan importante preparar la declaración del piloto Gustavo Carmona. Dueño de Flyzar, Carmona se ha cansado de transportar celebridades, como en aquel vuelo a España de feliz camaradería entre Ariel Lijo, el secretario privado del tenebroso Antonio Stiuso, Lucas Nejamkis, y el alegrante Guillermo Coppola.
Sin embargo, a Carmona la fama en serio le llegó por los vuelos a la mansión que se imputa a Pablo Toviggino, en Villa Rosa. Todas las versiones indican que gran parte del pasaje fueron magistrados. En especial aquella noche del cumpleaños del boxindanga, Carlos “Coco” Mahiques, camarista de Casación, padre del actual ministro de Justicia. Pero Carmona es astuto. Como explica ante sus amigos, declaró que él despegaba desde el helipuerto del Ministerio de Salud, sobre el fondo de la calle Salguero, que carece de control de seguridad. “Ahí nadie se registra, así que no sé a quién llevo. Soy como un taxista”. Cuánto que aprender.
Carmona ha constituido, con el correr de los años, una empresa con más de 12 aeronaves. Muchas de ellas las fue adquiriendo de quienes se las entregaban para operarlas. Uno de esos clientes, opulento ex funcionario bonaerense, relata: “Todos los meses me mandaba una cuenta con más y más gastos, hasta que le dije que le vendía el avión. Él aceptó, me lo pagaría con horas de vuelo. Pero vuela poco”. En la misma situación habría estado Daniel Scioli y, sobre todo, Jorge Messi, el padre de Lionel. Messi se hartó de Carmona y puso su Gulfstream en manos de Luis Grande, el dueño de Baires Fly.
Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino, en solidaridad con los Messi, comenzaron a volar con Grande. Por eso el gendarme Nahuel Gallo llegó desde Venezuela en un avión de esa compañía. Grande operaría un avión cuyo propietario es Toviggino. Un detalle simpático de Carmona: le vendió un hangar uruguayo por 3 millones de dólares al importador fueguino Cherñajovksy, el militante de la fundación Faro. Jocoso, el aviador se ufana de que a él le costó 1 millón de dólares, que por h o por b, jamás pagó. ¿Será verdad?
En los tribunales federales afirman que el nuevo ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, fue un muy frecuente usuario de aviones operados por Carmona. La versión desciende hasta correrías inverificables, al menos por ahora. Una de ellas asegura que el “Mago” Caputo, o algún amigo de él, tiene varias filmaciones del ministro Mahiques subiendo a las aeronaves. ¿Una de esas oportunidades fue la del cumpleaños de papá en lo de Toviggino? Habladurías.
La relación de Mahiques con la AFA tiene ataduras mucho más poderosas. La más importante fue señalada por Damián Nabot en este diario el 26 de enero pasado. Es Ignacio Jakim, abogado de Toviggino desde mucho antes del escándalo. En el ambiente judicial porteño es muy conocido que Jakim es el letrado que asigna Mahiques a quienes recurrren a él por algún auxilio judicial. La relación de este profesional con Toviggino se hizo muy estrecha. Tanto, que Jakim integró la sociedad Start.ar, retratada por Ricardo Roa en una de sus columnas de Clarín.
Esa empresa aprovechó los contactos con el Ministerio de Economía de Sergio Massa para acceder a dólares oficiales e importar electrodomésticos, abultando las operaciones a través de una intermediaria en Miami. Con el fracaso electoral de Massa, otro íntimo de Toviggino, Start.ar se derrumbó. Por eso, todavía hoy, los allegados a Jakim comentan: “Pobre Nachito, no se levanta de la depre. Es que para su pirueta involucró a muchos amigos, que perdieron mucha plata, porque él dejó un tendal”. ¿Mahiques fue uno de los perjudicados? Vaya a saber.
Si hay alguien que conoce estas relaciones es Gregorio Dalbón, en su condición de nuevo abogado de Toviggino. Tal vez por eso pronosticó que “todo esto se va a arreglar, tal vez, con Karina Milei”. Karina Milei respondió, indignada, que no tenía cosa alguna que arreglar con Dalbón ni con sus defendidos. Pero Dalbón está planteando una hipótesis razonable: Karina es la jefa de Mahiques, el jefe del abogado de Toviggino, hasta que llegó Dalbón. ¿O Jakim sigue ahí, escondido?
El acuerdo con el que especula Dalbón requiere de algo que está en curso: la unificación de todas las causas en un solo juzgado. Es lo que reclama el juez de Campana, Adrián González Charvay. Es el íntimo amigo de Federico Achával, el intendente de Pilar, a quien el boxindanga Mahiques, padre del ministro, presentó hace poco como un dilecto ex alumno.
¿Cuál podría ser la materia del acuerdo? Toviggino cuenta con un activo que vale oro para los Milei: las tres senadurías que controla su “socio”, el santiagueño Gerardo Zamora. Son la llave para los 2/3 del Senado, que abren el camino para cubrir las dos vacantes de la Corte y designar al procurador general de la Nación, jefe de fiscales nacionales y federales.
La Procuraduría es una colina que hace tiempo pretende tomar Mahiques. También el camarista de Casación Mariano Borinsky, que ahora fantasea con entrar a la Corte impulsado por Karina Milei. Borinsky, que integra con Diego Barroetaveña el simpático dúo Bed&Breakfast, tiene sobre su escritorio un expediente tórrido: la suerte del operador judicial Santiago Busaniche, cuyo nombre aparece, de muy mala manera, en los teléfonos del exfuncionario de la AFIP de Rosario, el arrepentido Carlos Vaudagna. El escribano Busaniche es parte de la trama extorsiva liderada por el juez federal Marcelo Bailaque, ligado a Lindor Alvarado, el jefe narco rosarino.
Busaniche habría actuado en combinación con otro arrepentido, el empresario Fernando Whpei. En tribunales aseguran que Busaniche advirtió que, si complican su situación, “me llevo puesto a Marchi”. Héctor Marchi fue el hombre fuerte de la administración de la Corte durante el reinado de Ricardo Lorenzetti. Un dato clave: Busaniche tiene como defensor al muy sagaz Diego Pirota. Es el socio del exfuncionario de la SIDE Darío Richarte, íntimo de Borinsky, el camarista que debe decidir el destino de esta historia truculenta.
Milei debe lidiar con este Poder Judicial. Y eligió a Mahiques. Para conocer el modo en que el nuevo ministro se relaciona con esa ciénaga conviene volver a la nota que Candela Ini publicó en LA NACION el 27 de agosto de 2019 bajo el título “La familia judicial festejó el cumpleaños de Juan Bautista Mahiques”. En ese entonces Mahiques era el representante del Poder Ejecutivo, es decir, de Mauricio Macri, en el Consejo de la Magistratura. Ini enumera en ese texto quiénes eran los invitados del agasajado: entre otros, Rodolfo Canicoba Corral, Ariel Lijo y Marcelo Martínez de Giorgi. De este último magistrado se consigna lo siguiente: venía de exculpar a Angelo Calcaterra, primo hermano de los Macri, en una causa ligada a la obra pública.
Es curioso, porque a mediados de 2024, el boxindanga Mahiques, junto con Barroetaveña y Daniel Petrone, aceptaron la coartada de Calcaterra para eludir una condena en la causa “Cuadernos de las Coimas”. Es decir, dieron por bueno que Calcaterra no había pagado coimas sino que había hecho aportes de campaña. Cuando estalló el escándalo, Mahiques, Barroetaveña y Petrone anularon su propio fallo. Un detalle de color: aquel cumpleaños narrado por Candela Ini se festejó en Roldán, el restaurante de Daniel Vila, defensor de Tapia en la AFA, y de Manzano, aplaudidor de Milei en Nueva York. Allí la referencia existencial de Mahiques es el encantador animador de todas las noches: Diego Lepera.
El submundo del poder en el que se procesan estos conflictos políticos y judiciales es insondable. Por eso por la espalda de varios funcionarios corrió un escalofrío cuando “Chiqui” Tapia amenazó: “Los voy a hacer transpirar como ellos me hacen transpirar a mí”. ¿Tapia también tiene videos? El acertijo es imposible de resolver. Pero transpiración habrá seguro. Lo que todavía no se sabe es si será con o sin secanucas.
El contraste de estas peripecias con las propuestas oficiales es impactante. Porque Milei declaró, ante el Congreso y en JP Morgan, que la moral será con él una política de Estado. En poco tiempo se sabrá si es otra ficción consentida.
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