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Latinoamérica, el nuevo laboratorio global de innovación financiera

hace 5 horas en infobae.com por Paula Pascual

Durante años, la conversación sobre innovación financiera estuvo concentrada en los mismos centros: Silicon Valley, Londres o Singapur. Sin embargo, el mapa global de la tecnología financiera está empezando a cambiar. Hoy, una parte importante de las soluciones que están redefiniendo cómo se mueve el dinero en el mundo se están probando —y utilizando— en América Latina.

No es casual que la próxima edición de MERGE São Paulo, que reunirá del 17 al 19 de marzo a líderes globales del ecosistema Web3, tenga precisamente ese foco: analizar el papel creciente de la región en la construcción de la nueva infraestructura financiera digital.

La explicación es simple. En América Latina, la innovación financiera no surgió solo como una mejora tecnológica. Surgió, sobre todo, como una respuesta a desafíos concretos.

Inflación, restricciones cambiarias, sistemas de pago fragmentados o altos costos para transferencias internacionales crearon un contexto en el que millones de personas y empresas comenzaron a adoptar nuevas herramientas para proteger valor, mover dinero y operar globalmente.

Ese escenario convirtió a la región en algo más que un mercado emergente para la innovación: la transformó en un verdadero laboratorio.

Hoy, países como Argentina y Brasil registran algunos de los niveles más altos de adopción de activos digitales y soluciones fintech del mundo. Pero, a diferencia de lo que muchas veces se cree, ese uso no responde únicamente a una lógica especulativa. En gran parte de la región, estas tecnologías se utilizan para resolver necesidades concretas: enviar remesas, cobrar servicios desde el exterior, facilitar pagos internacionales o proteger ahorros frente a la volatilidad económica.

La diferencia con otras regiones es significativa. En Europa, por ejemplo, el desarrollo del ecosistema cripto ha estado más ligado a su dimensión como nuevo activo financiero. Tanto inversores minoristas como institucionales han mostrado interés en los activos digitales como herramienta de diversificación o inversión alternativa. Sin embargo, en el uso cotidiano, la adopción ha sido más limitada. En economías con monedas relativamente estables, sistemas de pago eficientes e infraestructuras financieras consolidadas, la tecnología no responde a una necesidad tan inmediata.

Aquí, los activos digitales no solo se entienden como una inversión. En muchos casos se han convertido en una infraestructura financiera alternativa. Personas que reciben remesas, profesionales que cobran servicios internacionales, pequeñas empresas que necesitan operar globalmente o ciudadanos que buscan proteger sus ahorros frente a la inflación han encontrado en estas herramientas una solución real para su día a día.

Herramientas como las stablecoins, las billeteras digitales o las soluciones basadas en blockchain para pagos y tokenización de activos ya forman parte de la vida cotidiana de millones de usuarios. Las stablecoins, en particular, han introducido un elemento clave en esta evolución: permiten aprovechar las ventajas tecnológicas de los activos digitales —programabilidad, liquidez global, disponibilidad 24/7 o transferencias instantáneas— eliminando en gran medida la volatilidad asociada a muchas criptomonedas tradicionales.

Esto ha abierto un nuevo caso de uso especialmente relevante en América Latina: la posibilidad de acceder a activos digitales respaldados por monedas fuertes como el dólar, que funcionan al mismo tiempo como medio de pago, herramienta para transferencias internacionales y reserva de valor.

Mientras en algunas economías desarrolladas todavía se debate el potencial de estas tecnologías, en América Latina se las está utilizando a escala.

Esto no significa que la regulación no sea importante. Al contrario: los marcos normativos claros serán clave para consolidar el crecimiento del sector y atraer inversión institucional. Europa, por ejemplo, avanza con iniciativas regulatorias que buscan aportar previsibilidad al mercado, mientras Estados Unidos continúa definiendo cómo integrar los activos digitales dentro del sistema financiero.

Pero mientras ese debate evoluciona, en América Latina ocurre algo distinto: el mercado ya está experimentando en tiempo real.

La región reúne varios factores que la vuelven especialmente interesante para el desarrollo de nuevas infraestructuras financieras. Cuenta con talento tecnológico competitivo a nivel global, una comunidad emprendedora dinámica y una base de usuarios que adopta rápidamente soluciones digitales cuando estas resuelven problemas reales.

Ese ecosistema está impulsando nuevas startups, plataformas y proyectos que nacen en la región, pero que desde el inicio piensan en escala global.

Además, dentro del propio mapa latinoamericano comienzan a perfilarse polos complementarios. Brasil, y particularmente São Paulo, está emergiendo como uno de los centros institucionales más relevantes del ecosistema, con la participación activa de bancos, reguladores y grandes actores financieros. Argentina, por su parte, destaca por su extraordinario nivel de adopción retail y por una comunidad tecnológica que exporta talento al resto del mundo.

La gran oportunidad para América Latina ahora es dar el siguiente paso. No se trata solo de ser una región con alta adopción tecnológica. El desafío es convertirse en creadora de infraestructura financiera exportable: desarrollar soluciones que puedan utilizarse en otros mercados y en distintos contextos económicos.

Ese cambio de rol, de usuarios avanzados a constructores de tecnología, puede redefinir la posición de la región dentro del mapa global de innovación.

De hecho, cada vez más inversores internacionales, empresas y actores institucionales comienzan a mirar a América Latina con ese enfoque. Cuando millones de personas utilizan herramientas digitales para resolver problemas financieros cotidianos, se genera un enorme laboratorio de experiencias, datos y modelos de negocio que luego pueden escalar globalmente.

La pregunta, entonces, ya no es si la región adoptará la innovación financiera. Eso ya está ocurriendo.

La verdadera oportunidad es que América Latina se convierta en uno de los lugares donde se construya la próxima generación de infraestructura financiera global. Y muchas de las señales que vemos hoy indican que ese proceso ya está en marcha.

La energía como oportunidad: el