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El campo argentino también sufre los efectos de la guerra, pese a la suba del precio de la soja

hace 15 horas en iprofesional.com

Duró poco la euforia inicial por los "petrodólares" adicionales que podían ingresar al país como consecuencia del conflicto en Medio Oriente y la disparada de las cotizaciones. Además de los consabidos incrementos de precios de los fletes, del impacto en la importación de gas licuado y en el seguro ajuste que sufrirán las naftas en el mercado doméstico, hay otra víctima de la guerra de la que se habla poco: el campo argentino.

Y es por eso que los reclamos por una nueva baja de retenciones a la exportación cobraron fuerza en los últimos días, algo que puede tomar un cariz conflictivo, dado que mientras el presidente Javier Milei avisó que la baja de la presión tributaria será gradual para no afectar las cuentas fiscales, desde las gremiales de pequeños productores ya se habla sobre rentabilidades neutras y hasta casos de quebranto.

La cuenta es sencilla e impactante: con respecto a los precios de hace un mes, la tonelada de soja en el mercado de Chicago aumentó un 4%, pero el costo de la urea -un insumo fundamental para la fertilización de los cultivos- se disparó un 25%. Dicho de otra forma, hace un mes se necesitaba vender 1,4 toneladas de soja para comprar una tonelada de urea, mientras que ahora se necesita 1,7 toneladas, y la tendencia es al alza.

Esto es lo que hace que lo que en principio iba a ser una buena temporada para el campo argentino, súbitamente se haya transformado en un caldo de cultivo para los quebrantos. Ya desde el año pasado los productores se quejaban de que, fuera de la zona núcleo, los números del negocio no estaban cerrando, y que esa situación no cambió con la rebaja de dos puntos a las retenciones de la exportación sojera.

Para colmo, el precio que se le paga al productor en el mercado interno no está subiendo a la misma velocidad que el internacional. Más bien al contrario, cuando se hace la conversión a dólares de los precios en Rosario, lo que se observa es una merma. Los actuales $465.000 equivalen a u$s328, el precio más bajo desde el fin del "tax holiday" de octubre pasado.

Y, de momento, todo indica que la tendencia se acentuará. Mientras el petróleo sigue en la montaña rusa, los reportes de las consultoras de materias primas advierten sobre los efectos por venir: "La guerra de Irán está empezando a hacerse evidente en los mercados globales de commodities. Una de las primeras señales: los precios de los fertilizantes, que saltaron a su nivel más alto desde 2022", argumenta un informe reciente de SovEcon, que compara la situación actual con la que se generó tras la invasión rusa a Ucrania, cuatro años atrás.

Los expertos en el tema afirman que, lejos de haber alcanzado su pico, este impacto sobre el agro mundial recién está empezando a acelerarse. Irán es el cuarto mayor productor de urea, y además acaba de bombardear una planta productora en Quatar.

El informe de SovEcon señala, por ejemplo, que en la medida en que el precio del petróleo se mantenga en niveles altos, esto afectará la demanda de los biocombustibles, lo cual dejará margen para una mayor suba en la cotización del maíz. Es una situación que, por un lado beneficiaría la exportación argentina, aunque también pondría presión sobre precios del mercado doméstico.

Respecto de la soja, en cambio, se considera que ya en los meses previos el precio estaba descontando las tensiones geopolíticas y que no tiene -al menos mientras el petróleo Brent no supere los u$s100 por barril- tanto recorrido alcista. Uno de los motivos para esa suposición, claro, es el boom de oferta por las excelentes cosechas en Estados Unidos y Brasil. Puesto en números, el país del norte subirá un 4,4% su nivel de la campaña pasada y cosechará 121 millones de toneladas de soja, mientras Brasil batió su récord productivo con una "super zafra" de 180 millones.

Y es entonces cuando surge el interrogante: ¿se mantienen los pronósticos optimistas sobre el aporte de divisas del campo para este año? En principio, gracias al muy buen volumen logrado -la Bolsa de Comercio de Rosario prevé 48 millones de toneladas de soja, apenas por debajo de la cosecha del año pasado-, el optimismo se mantiene.

Si a la soja se suman las excelentes campañas de maíz y trigo, totalizarían un volumen récord de 140 millones de toneladas. Es así que se especula con una liquidación de granos en el orden de u$s40.000 millones, una cifra que no se veía desde 2022, cuando el conflicto ruso-ucraniano llevó la cotización de la soja por encima de u$s630.

Pero claro, con costos crecientes, se torna una decisión difícil la de cuándo vender. Según informó Marianela de Emilio, experta del Inta y Agroeducación, uno de los principales insumos para la fertilización, el fosfato diamónico ya subió un 6% en los embarques de Nueva Orleans. Y se trata de un insumo aun más caro que la urea: actualmente una tonelada de este fertilizante equivale a 2,7 toneladas de soja, 4,9 de maíz y 5 de trigo.

"El gran problema es la cantidad de pesos en los costos básicos y la relación que hay con la generación de dólares", plantea el consultor Sergio Juve en un informe de AgroEducación.

Y adelanta que los productores tendrán que rehacer todos los cálculos con vistas a la planificación de la cosecha fina, en una cuenta donde no sólo deben tenerse en cuenta las cotizaciones de los mercados de futuros sino, además, el manejo del costo financiero para quienes tomaron crédito.

Ya desde hace un año, en el campo se están dando una sucesión de crisis financieras, incluyendo algunos nombres resonantes, como Los Grobo. Al principio, el gobierno minimizó el problema, y dijo que la mayoría de los casos se explicaban por la toma irresponsable de deuda para aumentar stock, que se hacía con la previsión de que luego la inflación licuaría los costos financieros.

Sin embargo, tras un año de tipo de cambio relativamente estable y de inflación en descenso, los problemas financieros del campo no han mermado. Más bien al contrario, abundan las advertencias de empresarios agrícolas que se quejan sobre la "inviabilidad" del negocio por la combinación de retenciones y, además, un tipo de cambio en baja.

Y, si a estas quejas -que ya se escuchaban antes del estallido de las hostilidades en Medio Oriente- se agrega ahora el mayor costo de los combustibles y la logística en la exportación, se puede inferir que, por más que en Chicago suba la soja, no habrá mucho margen para que las grandes exportadoras del mercado argentino mejoren el precio que les ofrecen a los productores.

Si, además, el sistema financiero mantiene tasas en pesos elevadas y los insumos se encarecen, las decisiones se tornan difíciles. Siempre está la posibilidad de recortar el uso de fertilizantes, pero eso implica menores rendimientos para la próxima campaña.

Y en cuanto al costo financiero, hay consultores que están aconsejando la toma de créditos en dólares, para aprovechar la estabilidad cambiaria y una tasa relativamente baja. Pero claro, eso supone asumir un riesgo cambiario, que obligaría a la toma de coberturas en el mercado de futuros del dólar. En definitiva, ya el costo del crédito no resultaría tan bajo.

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