Lo que hace semanas parecía una tensión manejable en Oriente Medio se transformó en una crisis de proporciones sistémicas, y en el arranque de este lunes son varios los analistas que alertan que la estabilidad energética global pende de un hilo, entienden que la escalada actual modificó la naturaleza del mercado y "transformó al petróleo en un activo macroeconómico estratégico",.
Para comprender la magnitud de la amenaza actual con un barril que en la apertura de la semana llegó hasta casi los u$s120, es necesario mirar una cronología de crisis políticas. Los momentos de mayor tensión se remontan a la crisis de 1973, tras el embargo de la OPEP, que cuadruplicó los precios, y la de 1979, impulsada por la Revolución Iraní, cuando el barril alcanzó valores que, ajustados por inflación.
Sin embargo, el máximo histórico nominal se registró en julio de 2008, cuando el Brent tocó los u$s147,50 por barril. Aquella escalada derivó de un "superciclo" de demanda china y especulación financiera. Hoy, "la posibilidad de romper esa barrera y llegar a los u$s150 no es una fantasía de mercado, sino un escenario base si el flujo logístico se interrumpe de forma definitiva", planteó Nayel Al-Jawabra, analista de mercado sénior en VT Markets,.
La posibilidad de esta nueva explosión de precios se encendió con la reciente escalada militar de los Estados Unidos contra infraestructuras en la región e intercambios bélicos directos que involucraron a Israel e Irán. El mercado entró en pánico con esta tension militar y el conflicto no solo afecta a los países involucrados, sino que amenaza a todo el planeta desde el nodo logístico energéticoo del Estrecho de Ormuz.
Las cifras actuales ya reflejan este temor. El Brent superó la barrera de los u$s100 en el aranque del día y se catapultó en minuos a los u$s119, mientras el WTI se mantuvo firme parte de la jornada por encima de los 10, marcando el alza más rápida desde la década de 1980. Desde que comenzó el intercambio de hostilidades, ambos indicadores subieron un 50% y 60% respectivamente, reconfigurando la estructura de costos de toda la economía global.
Como reflejo de la extrema volatilidad, el Brent se acomodó al cierre en los u$s90,4 por barril, por lo que hubo una caída de 25%, lo que permitió acomodar las expectativas también a nivel local, cuando las petroleras ya veían la jornada alterada por el atraso en los surtidores.
"La escalada en Oriente Medio transformó al petróleo en un activo macroeconómico estratégico. Un cierre del estrecho de Ormuz, aunque fuera por unas semanas, podría desatar un efecto dominó que impulse el precio del crudo hasta los u$s150 dólares, generando una huida hacia la liquidez y una apreciación del dólar estadounidense", consideró Al-Jawabra.
En ese sentido, explicó que "el crudo ya no obedece únicamente la lógica de oferta y demanda; ahora se mueve al ritmo de la inflación global y de las políticas de los bancos centrales. Para enfrentar 2026, la pregunta dejó de ser cuántos barriles quedan y pasó a ser cuánto riesgo flota en el aire".
Es que el problema hoy no radica en la falta de crudo en el subsuelo, sino en el "cuello de botella" físico y psicológico. Pero igualmente, con Irak y Kuwait reduciendo su producción en un 60% debido a la imposibilidad de exportar de forma segura, el mercado físico empezó a resentirse, y los operadores ya no se preguntan cuántos barriles quedan, sino cuánto riesgo flota en cada milla náutica del Golfo Pérsico.
El ministro de Energía de Qatar, Saad Al-Kaabi, sacudió el tablero financiero al emitir una de las advertencias más crudas desde que inició la actual escalada militar. El funcionario fue tajante al señalar que "el mercado se encuentra en una situación de vulnerabilidad extrema", advirtiendo que "un cierre prolongado de las exportaciones energéticas del Golfo podría catapultar el petróleo hasta los 150 dólares por barril".
Para Al-Kaabi, el riesgo no es teórico sino inminente, dado que la parálisis de las rutas marítimas generaría un colapso en la logística global que ningún país productor podría compensar por sí solo. El ministro enfatizó que este posible salto en los precios no responde a la falta de crudo en el subsuelo, sino a un escenario de "fuerza mayor" donde la seguridad de los cargueros es imposible de garantizar.
En sus intervenciones más recientes, subrayó que el mundo debe prepararse para las consecuencias de este "cuello de botella tanto logístico como psicológico", dejando en claro que, si el flujo por el Estrecho de Ormuz se detiene, la economía global enfrentará un choque de precios que romperá cualquier registro histórico previo.
El crudo tipo Brent o petróleo del Mar del Norte que cotiza en la Bolsa de Londres, al estar más expuesto a los suministros de Oriente Medio lidera las subidas con fuerza. Esta diferencia récord revela que se enfrenta una crisis de transporte y seguridad marítima, y si la brecha llegara a cerrarse, indicaría que la escasez se volvió tan profunda que ya afecta directamente la seguridad energética de Estados Unidos.
Este escenario activó una "mentalidad monetaria" de refugio. Cuando el petróleo sube por miedo, el dólar se fortalece mientras las acciones, bonos y metales caen. Un petróleo a u$s150 no solo encarecería la gasolina, sino que actuaría como un impuesto global que frenaría los planes de la Reserva Federal de bajar las tasas, consolidando el costo del dinero en niveles elevados por más tiempo.
A finales de octubre de 2023, en el marco del lanzamiento de su informe semestral Commodity Markets Outlook (Perspectivas de los mercados de productos básicos), el Banco Mundial advirtió que el mercado energético global se encontraba en un terreno de incertidumbre extrema. En ese momento, el organismo planteó que una escalada del conflicto en Oriente Medio -que se sumaba a las distorsiones ya causadas por la invasión rusa en Ucrania- podría empujar los precios hacia "terrenos desconocidos".
Indermit Gill, economista jefe del organismo, subrayó entonces que el mundo enfrentaba el riesgo de un "doble shock" energético, comparando la situación con las peores crisis de la década de 1970. Bajo este marco de análisis, el Banco Mundial diseñó tres escenarios de riesgo basados en precedentes históricos.
El más severo de ellos, denominado "Gran perturbación" y similar en magnitud al embargo petrolero árabe de 1973, preveía una reducción del suministro mundial de entre 6 y 8 millones de barriles diarios. Según el organismo, si este escenario de máxima tensión se materializaba, los precios podrían sufrir un salto inicial de hasta el 75%, impulsando el barril a un rango de entre 140 y 157 dólares.
Esta advertencia de finales de 2023 constituye el antecedente directo de la preocupación actual, demostrando que el "techo" de los u$s150 no es una cifra azarosa, sino un cálculo técnico de riesgo sistémico ante un bloqueo total en la región.
A diferencia de crisis anteriores, la "red de seguridad" del suministro desapareció, y en este 2026, la capacidad de respuesta de los productores es limitada. Los productores de shale en Estados Unidos. priorizan ahora la rentabilidad y los dividendos sobre la expansión, mientras que la OPEP+ mantiene una postura de oferta estable pero totalmente inflexible, protegiendo sus intereses ante la transición energética.
Para los inversionistas y gobiernos, navegar este escenario exige abandonar las estrategias tradicionales. La volatilidad se perfila como la nueva norma y el petróleo se confirma, más que nunca, como un barómetro económico del riesgo global y que la era de los costos energéticos predecibles llegó a su fin.
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