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El cierre del estrecho de Ormuz podría disparar el petróleo hasta los U$S 150 por barril

hace 8 horas en perfil.com por Nayel Al-Jawabra (*)
Petroleo 04032026

La escalada del conflicto en Oriente Medio ha transformado al petróleo en un activo macroeconómico estratégico. Un cierre del estrecho de Ormuz, aunque fuera por unas semanas, podría desatar un efecto dominó que impulse el precio del crudo hasta los 150 dólares o más, generando una huida hacia la liquidez y una apreciación del dólar estadounidense.

El crudo ya no obedece únicamente la lógica de oferta y demanda; ahora se mueve al ritmo de la inflación global y de las políticas de los bancos centrales. Para enfrentar 2026, la pregunta dejó de ser cuántos barriles quedan y pasó a ser cuánto riesgo flota en el aire.

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El Brent supera los 110 dólares y el WTI se mantiene por encima de los 107, el alza más rápida desde la década de 1980. Desde el inicio del conflicto, ambos han subido 50% y 60%, respectivamente. Lo que comenzó como un ataque localizado se convirtió en una guerra regional que reconfigura la estructura del mercado energético.

El motor detrás de los precios de tres dígitos no es la falta de crudo, sino la prima de riesgo asociada al estrecho de Ormuz, por donde cruza el 20% del comercio mundial de petróleo. Con Irak reduciendo su producción 60% y Kuwait siguiendo el mismo camino, el mercado físico empieza a resentirse. El ministro de Energía de Qatar, Saad Al-Kaabi, advirtió que un cierre prolongado podría catapultar el precio hasta los 150 dólares por barril.

El principal factor detrás de los precios de tres dígitos no es la escasez de crudo en el subsuelo, sino la prima de riesgo asociada al estrecho de Ormuz. Por ahí transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo, y la actual escalada entre Estados Unidos e Irán ha generado un cuello de botella tanto logístico como psicológico.

Con Irak reduciendo su producción en 60% y Kuwait siguiendo el mismo camino, el mercado físico comienza a resentirse. La amenaza mantiene los precios al alza, mientras los operadores valoran los peores escenarios posibles. El viernes, el ministro de Energía de Qatar, Saad Al-Kaabi, advirtió que un cierre prolongado de las exportaciones energéticas del Golfo podría catapultar el petróleo hasta los 150 dólares por barril.

La tensión geopolítica ha ampliado la diferencia entre ambos indicadores a su nivel más alto en dos años. El Brent, más expuesto a los suministros de Oriente Medio, lidera las subidas, mientras el WTI avanza con retraso gracias a la producción interna de Estados Unidos.

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Esta brecha revela que la crisis es esencialmente un problema de transporte y seguridad marítima a nivel global; si se redujera, implicaría una escasez más amplia que también afectaría a las costas estadounidenses.

Cuando el petróleo sube por miedo y no por demanda, se activa un ciclo de aversión al riesgo. El dólar se ha fortalecido ante inversionistas que buscan refugio por temor a los efectos de una guerra prolongada en el suministro energético y el crecimiento global. La reacción es inmediata: acciones, bonos y metales caen, mientras el dinero fluye al dólar.

Un petróleo a 150 dólares aumentaría las presiones inflacionarias y podría frenar los planes de flexibilización de la Reserva Federal, consolidando tasas elevadas por más tiempo. A su vez, eso encarece la deuda corporativa y presiona las valuaciones bursátiles.

En crisis anteriores, la OPEP+ o los productores estadounidenses compensaban los aumentos con más perforación. En 2026, esa capacidad de respuesta se ha difuminado. Los productores, guiados por la disciplina de capital, priorizan la rentabilidad sobre la expansión. La OPEP+, por su parte, protege su participación ante la transición energética.

Navegar este escenario exige abandonar estrategias tradicionales y adoptar una visión multiactivos. Las monedas de países importadores de energía suelen depreciarse cuando sube el crudo, y las tasas de interés elevadas son ahora tan relevantes como los precios del barril para prever impactos económicos.

El alza simultánea del petróleo y de las tasas golpea las ganancias y encarece el crédito, impulsando a los inversionistas a refugiarse en activos más seguros, como el dólar estadounidense. La volatilidad se perfila como la nueva norma: la era de costos energéticos predecibles terminó, y el petróleo se confirma como un instrumento político y un barómetro económico del riesgo global.

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