El exviceministro de Economía sostuvo que no es viable una inflación que "empiece con 0" en agosto. Advierte sobre la fragilidad argentina en el contexto de la guerra entre EEUU e Irán y explica por qué el riesgo país no logra perforar los 500 puntos.
Gabriel Rubinstein, exviceministro de Economía de Sergio Massa y director de la consultora YIER, aseguró que el Gobierno “convalida monetariamente todo el tiempo la inflación, no la combate”, y advierte que el contexto internacional podría también impactar en precios. "Los países que tienen menos reservas se ven más castigados”, asegura el exfuncionario sobre las consecuencias financieras del conflicto bélico EEUU-Irán. A continuación, la entrevista con Ámbito.
Periodista: Bastante se habló de los beneficios que le puede traer a la matriz energética de la Argentina el conflicto bélico EEUU-Irán, pero, ¿cuál es el costo en términos financieros que esto le puede producir al país?
Gabriel Rubinstein: Es prematuro porque las variables se están moviendo todo el tiempo. Uno puede decir: “Bueno, Argentina se va a beneficiar porque va a poder exportar más oil and gas”, pero hay que ver cuánto más, a qué precio y cuán rápido. Pero, al mismo tiempo, sube el precio del petróleo interno y eso en algunos momentos se puede trasladar a precios. Eso genera inflación y un poco más de tasa de interés.
Al mismo tiempo, la aversión al riesgo global hace que suba el riesgo argentino, y los países que tienen menos reservas se ven más castigados, y Argentina está recontra mal en ese punto.
La Argentina puede verse afectada un poco mal por la actividad y un poco mal por la inflación, pero al mismo tiempo puede compensarse con mayores exportaciones. Todo eso hay que ver en el tiempo cómo se desenvuelve. Lo de Ucrania, por ejemplo, fue persistente. Es una guerra que todavía sigue, pero los daños fueron persistentes.
P.: En el mismo sentido de la pregunta anterior, ¿el conflicto con Ucrania fue puramente negativo?
G.R.: Y sí, porque ahí importábamos mucha energía y los costos se dispararon junto con los costos de los fletes. O sea, que para la Argentina, a nivel comercial, hubo más de u$s4.000 millones de pérdida irreparable, y al mismo tiempo aumentaba el déficit fiscal, aumentaban los subsidios. O sea, no había ninguna buena con lo de Ucrania.
P.: El ministro de Economía, Luis Caputo, dice que la mejor manera de absorber este shock es teniendo una macroeconomía ordenada, ¿coincide?
G.R.: Bueno, no solo eso. En el caso concreto de la energía no es un tema de Caputo, sí lo de Vaca Muerta viene hace muchos años. Entre 2020 y comienzos de 2023 se desarrolló una serie de inversiones que después sí estuvieron maduras. Ese proceso se consolidó y no tiene nada que ver con este Gobierno, es algo que pasó.
Sobre la macro ordenada, creo que ordenada no está, porque cuando vos tenés un país que tiene u$s15.000 millones de reservas negativas, según la metodología del FMI, es que la macro no está ordenada. Hay avances parciales: se corrigió el frente fiscal.
P.: El titular del Palacio de Hacienda habló de una inflación que empieza con 0 en agosto. ¿Usted ve viable esa posibilidad?
G.R.: No, no es viable. Ellos dicen que el objetivo es cero, pero en realidad la economía ya confluye en una inflación del 2%, porque ellos convalidan monetariamente todo el tiempo la inflación, no la combaten.
Que no digo que esté mal, porque ellos hacen su especulación de que el 2% de inflación sigue siendo bastante bajo, anteriormente hubo mucho miedo por una disparada de la inflación, incluso por las propias iniciativas de Milei, que quería dolarizar sin dólares, etcétera. Había miedo a la hiperinflación. El 2% de inflación es un alivio y la población no lo va a castigar a Milei por ese porcentaje.
Entonces, políticamente a ellos no les viene mal y monetariamente les viene bien, porque 2% de inflación les permite comprar más dólares.
G.R.: Si no hubiera gravedad, los aviones no se caerían. Si no hubiera dinero, no habría inflación. Sí, claro que es un fenómeno monetario, pero tenés que ver qué factores hay detrás. El Gobierno más que cuadriplicó la base monetaria. ¿Por qué?
Si el tipo de cambio aumenta al 2%, si las tarifas aumentan, si la fruta aumenta, si todo aumenta y vos convalidás eso aumentando la cantidad de dinero, la relación causal en ese momento es: aumentan los precios y aumenta la cantidad de dinero. Lo que se llama convalidar la inflación existente. Que no te digo que esté mal ni bien, simplemente que es eso. Entonces, el Gobierno convalida monetariamente la inflación que está viendo por la presión de los costos.
A veces la presión es un poco el dólar, a veces son las tarifas, a veces son los tomates, la carne, los colegios, lo que vos quieras, pero el gobierno lo va convalidando monetariamente.
Lo que no hay es un combustible fiscal en el sentido clásico. Es decir, hay un déficit que financio con emisión monetaria. Eso el Gobierno lo cortó. Sí, igualmente, cuando el Gobierno libera pesos en una licitación porque no rollea al 100%, eso es expansión monetaria.
G.R.: Los objetivos son varios. Hay un objetivo de compra de dólares que el gobierno dijo que lo iba a hacer en forma no esterilizada y no está sucediendo así. Como no hay una remonetización de la economía, lo que hay es una demanda de dinero nominal acorde a la inflación. Distinto es decir que aumenta la relación dinero/PBI, y eso es la verdadera monetización. Lo otro no es monetización, lo otro es convalidación inflacionaria.
Entonces, el gobierno necesita comprar dólares y los compra en este momento en forma esterilizada. O sea, quiere decir que emite para comprar dólares, pero después coloca bonos del gobierno para contrarrestar esa emisión, para que no se eleve al demonio y para que la inflación no siga subiendo, porque de hecho estamos más cerca de tres que de dos. O sea, en la práctica el Tesoro está operando como si fuera el Banco Central, haciendo política monetaria el Tesoro Nacional.
P.: ¿Por qué el riesgo país, que había iniciado un camino de descenso, se estancó arriba de los 500 puntos?
G.R.: Bueno, ahora tenemos el tema de la guerra, que afecta. Pero igual, así y todo, le cuesta mucho bajar y llegar a la zona de 300, que sería una zona confortable para emitir bonos.
La situación fiscal está bien, pero tampoco sobra nada. Hay que estar negociando todo y, de hecho, el Gobierno no está cumpliendo lo que le había dicho al FMI que iba a hacer: para el año 2026 prometió tener un superávit fiscal de 2,5% del PBI y ahora estamos hablando de un presupuesto de 1,3%, la mitad.
Por otra parte, la ausencia de reservas en un país como la Argentina crea varios problemas. Los bonistas, después de nuestra historia, saben que si el país tiene dificultades pueden llegar a tener problemas para cobrar. Y si la política de Milei es “yo o el caos”, eso no favorece a que se construyan políticas de Estado que permitan asegurar a todos que las reglas de juego no van a cambiar.
P.: ¿Existe tal cosa como un “riesgo kuka” y explica parte de lo que estamos viendo?
G.R.: Bueno, siempre podemos decir que hay un riesgo de que gane un opositor no amigable con los mercados, sea cualquiera: puede ser de izquierda, el kirchnerismo, lo que fuera. Argentina es muy pendular y, en ese sentido, el riesgo del péndulo existe. Pero también es riesgo de tu propia fragilidad, de la fragilidad de tu propia política económica y de la de depender tanto de una relación personal entre Milei y Trump.
P.: Ya está promulgada la Ley de Inocencia Fiscal, la pregunta es: ¿qué otras condiciones tienen que aparecer para que efectivamente empiecen a circular formalmente las divisas de los ahorristas?
G.R.: Eso es un proceso que va a venir con el correr de las décadas, no de unos meses. A lo mejor hoy no me persiguen y mañana sí me persiguen. No es tan claro que no pueda tener problemas en un futuro. Entonces la gente creo que va a estar, en esencia, cautelosa. No va a haber un boom. Yo no veo que eso sea un boom.
G.R.: Hay poco arrastre, pero te ayuda lo de diciembre y hay algunas actividades como energía, minería y el agro que, más allá de un termómetro climático, tuvieron un buen desempeño. Al trigo le fue muy bien y se supone que también va a ser favorable la campaña de soja. Hay sectores que te tiran para arriba y entonces la actividad no ve una depresión o una recesión verdaderamente.
Lo que veo también es que hay sectores que te tiran para abajo: la industria y la construcción, que son muy importantes. Con lo cual el crecimiento lo veo moderadamente bajo.
P.: ¿Se puede mensurar el costo de la reconfiguración productiva a la que está apostando el Gobierno?
G.R.: Mirá, se superponen problemas. Hay un problema general mundial que tiene que ver con la inteligencia artificial. Eso es un proceso que ya empezó y es difícil de mensurar, pero va a hacer que muchos empleos se pierdan y donde se genera un problema de discusión redistributiva.
Pero nosotros tenemos otro problema, que es el de no preservar o de no tener una política, llamémosle así, de intentar preservar el aparato productivo argentino. Que es cierto que está lleno de ineficiencias. Algunas pueden ser de las propias empresas y muchas son de que la carga impositiva, o que los caminos son una porquería. Además está el problema de la escala. Vos nunca vas a poder competir con China, hagas lo que hagas.
Entonces, en general, es mucho más positivo preservar lo que tenés y no dejarlo a la deriva, porque tampoco tenés un esquema de protección. Es decir: no tenés un seguro de desempleo espectacular, ni programas de capacitación extraordinarios.
Por ejemplo, el tipo que es tornero y pierde el laburo en Fate, mañana no se inscribe en un curso de inteligencia artificial y en un año está trabajando en ese ámbito. Se queda sin trabajo, haciendo changas en su barrio y termina en Rappi, Uber, PedidosYa, lo que sea.
Y eso yo creo que está mal. Es una cosa negativa y es poco empática con la población y con el tejido social argentino. El cambio tiene que ser de otra manera, no puede ser tan bruto.
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