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La decisión de Argentina de no salir a los mercados internacionales de deuda dejó heridos en Wall Street. La decisión del gobierno de dar marcha atrás con la primera emisión de deuda soberana en el exterior en 10 años no solo tomó por sorpresa a los financistas, sino que también les hizo perder tiempo y dinero.
Como reveló Clarín, el secretario de Finanzas, Alejandro Lew, avanzó entre fines de enero y principios de febrero en un plan para colocar bonos ley extranjera y canjear títulos. El objetivo era patear pagos en 2026 por US$ 9.500 millones hasta 2030 y 2031. Hubo documentos y compromisos, pero a último minuto se abortó el plan y Lew renunció.
De haberse concretado la operación, Argentina podría haber pagado una comisión de entre el 0,5% y el 1% del monto emitido, por encima del "fee" del 0,3% que afrontó Ecuador por recomprar bonos, según fondos y bancos con sede en Nueva York consultados por Clarín. "Mucha gente se quedó muy caliente", señaló una fuente al tanto del asunto.
Durante las conversaciones, Barclays estimó la posibilidad de que Argentina emitiera hasta US$ 10.000 millones al 2030 a una tasa del 9% anual. Y el Fondo Monetario proyectó US$ 4.000 millones en 2026. En función de esos cálculos, los bancos de inversión de Manhattan se habrían perdido un negocio de entre US$ 20 y US$ 100 millones.
Las colocaciones de bonos denominados en dólares bajo ley extranjera no son operaciones sencillas. Los bancos globales conectan al gobierno con fondos de inversión; hay viajes y reuniones con funcionarios ("roadshows"), contratos legales y, finalmente, la salida al mercado. Por esa gestión, cobran comisiones, que se reparten entre los participantes.
"El que emite deuda es como el que quiere un departamento luminoso en Recoleta, yo te lo busco, pero te sale tanto, o te consigo uno en Almagro cerca del subte. Yo les comento a los fondos que hay un soberano que necesita plata; nosotros somos la inmobiliaria", explicó una fuente de una entidad financiera.
El "deal club" o club de inversores es el que habitualmente organiza la colocación del bono en mercados emergentes o de mayor riesgo, como la Argentina. Es un grupo reducido de bancos, donde uno lidera al resto, y los inversores que se comprometen a comprar gran parte del bono antes de que salga al mercado.
El banco negocia con el emisor de deuda el monto, el plazo y los cupones de pago, dependiendo de la escasez o abundancia que haya de bonos similares en el mercado. Y, por otro, ofrece los títulos a los fondos, quienes administran los activos de miles de inversores. Si la demanda inversora supera la oferta, el gobierno puede bajar la tasa o subir el monto.
Por último, la operación se hace "over the counter" o por fuera del mercado, entre las partes, para no mover los precios. Pero el negocio va más allá de la comisión. A los bancos también les interesa aparecer bien posicionados en rankings ante potenciales clientes. "La comisión no les mueve la aguja, les sirve para la reputación", dijo una fuente.
Un funcionario con varias colocaciones encima explicó que estructurar deuda es una forma de mostrar presencia en el mercado. "El monto para ellos no es grande, pero les da un conocimiento de todo el mercado secundario para operar y prestigio para colocarle deuda a otros países y empresas; es plata y chapa", afirmó.
Por otra parte, las áreas de inversión en los bancos deben reportar a sus directivos. "Tenés un comité de crédito al que le decís que ponés plata en Argentina, hay apretón de manos y, si volvés a la madriguera y te dicen que no, te hicieron quedar como un tonto y hay calentura", dijo un operador financiero desde Nueva York.
Según Barclays, si Argentina hubiera emitido US$ 8.000 millones de nuevos bonos en enero, cuando el riesgo país alcanzó los 490 puntos -el nivel más bajo en 8 años- y hubiera recomprado títulos viejos por US$ 4.000 millones, hubiera ahorrado US$ 1.600 millones en pagos de deuda en los próximos cinco años.
La propia entidad, sin embargo, reconoció que hubiera sido una "gota en un balde", ya que los vencimientos de bonos en dólares superan los US$ 10.000 millones en 2027 y los US$ 30.000 millones en 2030. De ahí, la expectativa de una suba del tipo de cambio, o de una nueva política monetaria y el levantamiento total del cepo, como aconseja el Citi.
En las últimas horas, el JP Morgan asumió que las amortizaciones de los bonos globales serán canceladas con el retorno a los mercados o mecanismos financieros alternativos, como el préstamo REPO de enero. Y Morgan Stanley dijo que "hay una chance de que lo eviten (el regreso a los mercados) emitiendo más deuda doméstica, como señaló Caputo".
El ministro descartó estos días un eventual canje de deuda. Dijo a El Cronista que el ahorro sería marginal, ya que aplazarían pagos de capital, pero subirían los pagos de intereses de los nuevos bonos y esto implicaría un mayor ajuste fiscal. El mercado sabe que las cuentas están más apretadas, pero tarde o temprano espera que aparezcan los dólares.
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