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La apuesta de Trump sobre Irán: decapitación sin ocupación

hace 7 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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La apuesta de Trump sobre Irán: decapitación sin ocupación

Vivimos en un mundo donde en la racionalidad de los Grandes Poderes el ataque tiene mayor peso que la defensa. Steven Van Evera, en su libro Las Causas de la Guerra, señala que los conflictos emergen cuando el objetivo militar es o se cree fácil de lograr, o la agresión conlleva una ganancia política real. Esto es producto de la proyección trans-regional del poder militar y voluntad de empleo del mismo.

Esos postulados explican las guerras de Chechenia, Afganistán, Irak, Georgia, Ucrania y hoy Irán. El diferencial de poder preexistente es lo que habilita a que los Grandes Poderes actúen de manera más activa en el plano militar lanzando guerras preventivas, conquistando territorio o intentando producir un cambio de régimen ya sea por sustitución o colapso.

No obstante, EE.UU. encontró límites en sus campañas de liberación/ocupación terrestres. El ejemplo más notable es Afganistán: lo que comenzó como una campaña para remover al régimen talibán y dar caza a Osama Bin Laden terminó con la reinstalación de dicho régimen en 2021. Rusia sintió lo mismo en Ucrania, transformándose en una larga guerra de desgaste.

Un mundo donde la ofensiva tiene preponderancia no garantiza el éxito político o militar, pero sí confirma que el instrumento militar será usado con mayor frecuencia. Los avances en precisión e inteligencia están permitiendo poner a prueba nuevamente la premisa por la cual el poder aéreo y naval puede ser agente de cambio político, como se pensó en Kosovo en 1999.

Esa es la característica esencial de la estrategia militar de Trump: la coerción desde el aire para lograr un efecto político específico tal como lo muestra el volumen de la campaña aérea contra el régimen iraní con casi 1000 salidas de combate por día desde que comenzó el conflicto.

Robert Pape en su libro Bombardear para Ganar señala que el poder aéreo por sí solo no logra un efecto estratégico, salvo que exista la amenaza de una invasión terrestre. La campaña conjunta EE.UU.-Israel desafía esa premisa, apostando a que la degradación militar iraní, junto con las condiciones políticas adecuadas, producirá cambios sostenibles sin comprometer tropas en una invasión terrestre.

Trump fue explícito: al pueblo iraní le pidió que se levante contra el régimen; a sus militares, que no se resistan a cambio de inmunidad completa, o enfrenten una muerte certera. La muerte de Khamenei y gran parte del liderazgo político y militar, junto con el deterioro rápido y progresivo de sus FF.AA., incluyendo su complejo industrial nuclear y el militar, muestra la voluntad de actuar de forma sostenida por parte de la coalición.

Sin embargo la respuesta Iraní atacando a los países del Golfo de forma persistente es una clara señal de la capacidad del régimen de resistir y su estrategia descentralizada de defensa. Bajo Trump, la coerción activa es una constante: le permite pasar a la ofensiva, influir directamente en aquello que le interesa y sustentar su liderazgo en capacidades materiales ya sean económicas (tarifas) o militares (la US Navy).

Lo que está en juego en Irán no es el futuro del régimen, es la validez de la doctrina: que la precisión tecnológica puede reemplazar la ocupación y lograr un efecto político sostenible. Esa es la moneda que está girando en el aire en estos días.

Juan Battaleme

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